A Fondo Domingo, 12 de agosto de 2018

Robaron

El mayor latrocinio de los dineros públicos ha quedado en evidencia. El gobierno anterior robó. El actual debe demostrar que no lo hace

El dueño y autor de los cuadernos de las coimas. El chofer Oscar Centeno.

Los cuadernos de Centeno son una fotocopia y no sirven judicialmente. El propio chofer los reconoció y los empresarios involucrados aceptaron los recorridos allí descriptos. Las coimas eran aportes negros para la campaña política. Los imputados arrepentidos explicaron que en realidad se trataba de dinero que iba a parar a manos de los funcionarios políticos de turnos que fugaron ese dinero a propiedades ilegales o cuentas en el exterior. En el giro de 15 días, la trama de lo que hace años fue descripto como el mayor latrocinio organizado de los dineros públicos quedó en evidencia. Una organización (el borde con la asociación ilícita se borra cada vez más) utilizó el poder de la función pública para saquear al Estado, arreglar negocios oligopólicos con empresarios amigos, garantizarse impunidad con jueces "adornados" y enriquecerse personalmente.

El sistema, matriz , en términos de la fiscalía que acusa a cada uno de los denunciados, se repitió en operaciones con la energía y la obra pública. Sueños Compartidos de Hebe de Bonafini y Sergio Shocklender es en la Capital Federal, Lázaro Báez en las rutas del Sur, Milagro Sala en Jujuy, por sólo mencionar ejemplos. Necesidades públicas (vivienda, rutas, luz) satisfechas por amigos con algo o nada de experiencia. Así se explican empleados bancarios devenidos en los mayores contratistas del Estado. Por fin, la hotelería fantasma y el juego legalizado e incontrolado, aparecieron como los principales modos de lavar el dinero. ¿La fuga de los dineros? Un empresario todavía detenido dio detalles de la salida de aviones y buques con destino a la Banda Oriental, como primer paso para destino a islas paradisíacas por su sol y arena y por su negrura fiscal.

¿Por qué aparecen ahora los cuadernos en medio de la crisis económica? ¿Por qué no se investiga a la familia presidencial y liberan a Calcaterra? ¿No piensan mirar las derivaciones de la causa de los aportes truchos en la provincia de María Eugenia Vidal? ¿A este juez le van a dar credibilidad que se "chupó" la causa de prepo y sin respetar la competencia? Todas esas preguntas, como los intentos de desvirtuar los cuadernos de Centeno, tienen más o menos de razón. Lo que no neutraliza es el fondo de la cuestión: el robo.

La retórica de los que acusan a Cambiemos por montar un supuesto show no puede ir por todo como acostumbraban a decir. Ninguno de los ex funcionarios ni sostenedeores de los 12 años de gestión K se anima a decir que pone las manos en el fuego por De Vido y sus colaboradores. Punto. Un paso más: ¿ponen las mismas manos en el mismo fuego para explicar las fortunas personales de los nacionales y populares, devenidos ahora en feministas? El mazazo final a esta omertá lo dio el ex jefe de gabinete Juan Manuel Abal Medina (devastado, dicen los que lo vieron esta semana), quien reconoció expresamente el circuito de la marroquinería kirchnerista, como con la originalidad de adjetivo bautizó Jorge Asís en un libro con ese título. La guita circuló. Lo dicen propios y ajenos. ¿Y ahora?

El ministerio de Julio De Vido, el hombre que acompañó siempre a Néstor y Cristina Kirchner, fue el diseñador de esta operación de saqueo público. Será por eso que cuando el mismo De Vido amenazó con renunciar luego de la reelección, su jefa, relata un ex jefe de Gabinete le dijo: "te vas preso o con los pies para adelante". El hombre firmó su despacho hasta el 10 de diciembre de 2015. Semejante historia lleva a la pregunta inevitable: ¿alguien puede pensar que semejante operatoria se hizo de espaldas o sin consentimiento de quien mandaba desde la cúspide del poder ejecutivo?

Carlos Wagner, el otrora poderoso presidente de la Cámara de la Construcción argentina, denunciado por Roberto Lavagna por cartelizar la obra pública en los tiempos en los que solo los valientes se le animaban, contó ante el juez Claudio Bonadio que la plata fugada iba a parar a los bolsillos de los funcionarios. Ni a campaña política o de bien público ni a ningún otro lugar que la voracidad de los enriquecidos. Puerto Madero y sus habitantes pueden dar testimonio de ello. El retorno comenzaba con el no pago del IVA de las facturaciones y la utilización de ese dinero. Mientras un plomero o profesional cuentapropista hacía malabares para cumplir con la AFIP cada mes, los empresarios amigos no eran controlados por el tanquecito impositivo y dejaban que ese tributo circulara en bolsos hacia las direcciones oficiales.

La semana que empieza mañana supone la aparición de los fundamentos judiciales para actuar de la manera que se actuó. El secreto de sumario puede ser prorrogado pero quizá sepamos qué criterios se utilizaron para permitir que algunos se arrepientan y se vayan a su casa y otros no. Es verdad que hay un paraguas jurídico que admite que el delator espere una pena del cincuenta por ciento estipulado por el Código y, esto, admitiría la libertad durante el proceso. Sucede que la discrecionalidad (¿arbitrariedad?) del Poder Judicial de estos tiempos para dejar libres o presos a algunos y otros nubla la lógica jurídica. Dicho mal y pronto es raro que un empresario vaya al tribunal, entre por una puerta y confiese la coima y salga como si se tal por la otra puerta.

La semana que ya comienza traerá más detenciones y una enorme discusión sobre si se empiezan a allanar los fueros parlamentarios de una ex presidenta que está sentada en el Senado de la Nación. Para verficar sus domicilios habrá permiso. Para algo más, un pedido de detención que dicen ya tiene redactado el juez Bonadio para luego de la indagatoria de la doctora Fernández, no se sabe. Las pruebas abrumadoras que van apareciendo pesan. Pero varios de los compañeros de cámara, ex gobernadores de territorio con mucha obra pública e intendentes bonaerenses de rutilante carrera mediática pueden ser citados como ella. ¿Primará el sentido de corporación?

La discusión se da en un momento de tremenda debilidad económica de Cambiemos. La gestión Macri está atenazada por una inflación severa que no parece controlarse y una conjunto de indicadores económicos que muestran señales negativas de forma unánime. El riesgo país argentino es sólo comparable con Venezuela, Surinam y Bélice. Turquía estornudó el viernes y hoy nuestro país clama por antibióticos potentes.

No es verdad que los cuadernos de Centeno cubran de impunidad a la gestión que no le encuentra rumbo a la economía y que debe explicar cómo se financió en su campaña política. Porque las mayorías no son binarias. Aquellos robaron. No hay dudas. Estos tienen que demostrar que no lo hacen y, además, que son capaces de cumplir alguna de las promesas hechas cuando muchos los apoyaron cansados de lo que hoy se lee de puño y letra de un chofer de remise.

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