A Fondo Domingo, 27 de mayo de 2018

Monedas, guerras e incertidumbre

Nos parece hasta inmoral que sigamos pidiendo prestado para solucionar nuestros problemas, cuando sabemos que hay miles de millones de dólares de argentinos depositados en el exterior

Se sabe que la humanidad conoce al dinero como el medio principal de pago desde hace siglos. Pero, a los efectos de la síntesis, necesitamos hacer breve una historia larga.

La misma se inicia con el Descubrimiento de América por parte de España. La que buscando especies va a dar con metales preciosos como el oro y la plata, a la par de todo un Nuevo Mundo con todo lo que ello implicó.

Si nos concentramos en los metales mencionados vemos que los mismos fueron trasladados, en grandes cantidades, a Europa para -principalmente- acuñar monedas. Unas cuyo valor nominal era igual al real. De tal modo que un napolitano o un holandés que portara un doblón español sabía que tenía en sus manos algo valía-simplemente- lo que pesaba, o al menos, se le aproximaba mucho.

Eventualmente, el crecimiento del comercio internacional tornó inviable el traslado de grandes sumas de metálico, como se lo llamaba por aquellos días. Fue así, que al término de la 1ra GM se decidió adoptar el denominado 'patrón oro'. Uno por el cual se emitirían monedas confeccionadas en papel o en metales no preciosos, pero cuyo valor fiduciario estaría respaldado por cantidades equivalentes de lingotes de oro a ser depositados en las respectivas Casas de la Moneda responsables de su emisión. Así, un portador de una Libra esterlina, por ejemplo, podría presentarse en el Banco de Londres y exigir el valor nominal de la moneda presentada en las onzas de oro puro correspondientes.

Posteriormente, a su vez, el patrón oro cayó en desuso. Nuevamente fue necesaria una gran guerra. En este caso la 2da GM, a cuyo término las potencias vencedoras se reunieron en el complejo hotelero de Bretton Woods en los EE.UU. Allí se estableció, entre otras cosas, como la creación del FMI, adoptar el 'patrón dólar'. El dólar sería la moneda que reemplazaría al oro como garantía de los depósitos de casi todos los Estados. Para ello, el gobierno de los EEUU se comprometió a mantener una garantía equivalente al circulante mundial de dólares en lingotes de oro en su Fuerte Knox del Estado de Tejas.

Otra guerra, la de Vietnam, en 1971, llevó a los EE.UU. a suspender esa garantía prometida. De tal modo, que hoy por hoy, es la sola confianza en la economía de ese poderoso país lo que mantiene la convertibilidad del dólar con respecto de casi todas las monedas del mundo.

Llegado a este punto, creo que podemos extraer la conclusión parcial de que cada vez que se hizo un cambio en los patrones de una moneda fue a caballo de una gran guerra. Nos preguntamos esto porque, al parecer, nos encontramos a la vera de otro cambio monetario copernicano.

Sucede que ya están dadas las condiciones técnicas para un nuevo cambio de moneda. O mejor dicho, para la desaparición de todas ellas a manos de las denominadas 'monedas electrónicas' como es el caso del Bitcoin. En base a los avances informáticos ya no sería necesario, nada más y nada menos, que el sistema bancario que respalda a las monedas. El que perdería su razón física de existir, pues sería reemplazo por la existencia virtual de las mismas y de todas las transacciones que ellas han hecho posible durante siglos.

Un simple chip en una tarjeta de crédito o un scanner en nuestro teléfono inteligente bastarían para efectuar todas las transacciones de pago y cobro a lo largo de nuestras vidas. La seguridad, por su parte, estaría garantizada por las nuevas tecnologías de reconocimiento facial.

Pero, si el lector nos ha seguido, deducirá que si en otras oportunidades fue necesario el cataclismo de la guerra para impulsar estos cambios, podrá preguntarse: ¿por qué, hoy, habría de ser diferente?

En palabras del Papa Francisco esa Tercera Guerra Mundial ya ha comenzado por partes y no parece querer detenerse. A las guerras civiles en Levante se suman las incipientes en México y en el interior de muchas otras ciudades sudamericanas. Y como si esto fuera poco se declara una guerra comercial entre el gigante norteamericano y su desafiante chino. Sin dejar de mencionar la posibilidad de un intercambio nuclear que incluya a la pequeña Corea del Norte o la poderosa Rusia.

Antes de terminar, digamos unas palabras sobre nuestra situación nacional. Una que parece haber sido pionera en estas lides. Ya que allá por 1826 el empréstito contratado por el Presidente argentino Bernardino Rivadavia con la casa Baring Brothers de Londres produjo nuestro primer default y la quiebra de ese banco.

En el 2001 experimentamos el default más importante de la Modernidad. Unos que nos llevó pagar con varios años de sacrificio. Nos preguntamos si esta vez hemos aprendido la lección y de una vez por todas estamos decididos a vivir con lo que ganamos y no con lo que pedimos prestado.

Nos parece poco práctico y hasta inmoral que sigamos pidiendo prestado para solucionar nuestros problemas cuando sabemos que hay miles de millones de dólares de propiedad de argentinos depositados en el exterior. Con el agravante que algunos de esos millones pertenecen a ministros de esta administración, que muy sueltos de cuerpo, afirman que así lo prefieren porque no confían en el país.

Ya que si como vimos los cambios de las monedas fueron producidos por grandes guerras, no esperemos a tener una nosotros, para hacer los cambios que nuestra situación exige.

Más noticias