A Fondo Domingo, 29 de abril de 2018

Mendoza, vida cotidiana y refucilos rocambolescos

Un paseo por asuntos nimios: bolivianos que hablan alemán, guantes para escaleras, el enigma Tomba, los relanzados y los chillones

Fascinación

Escucho en el micro la conversación de tres jóvenes estudiantes de la UNCuyo. Son dos chicas y un varón. No tienen más de 20 años. Los tres coinciden en que no se pueden concentrar en clase. Y los tres por el mismo problema: se les hace imposible dejar de observar el celular.

"Me pasé la mitad de la clase siguiendo Instagram", comenta una de las chicas. "Yo estuve todo el tiempo en Facebook. Es más fuerte que yo", declara el muchacho.

Los miro. Parecen normales. Frescos. Aguardo que digan que el profesor es aburrido, que la materia es un plomo. Pero no. No lo dicen.

Uno de ellos aclara que esa fascinación por el celu "es más fuerte que yo" . Y no parecen dispuestos a exhibir ninguna resistencia.

Visión

Charla de periodistas. Un cincuentón ofrece una singular explicación político-económica para asegurar que no hay ninguna posibilidad de que Godoy Cruz le gane a Boca el campeonato de la Superliga.

Transcribo las preguntas que lanzó el periodista para sostener su afirmación:

¿Ustedes se lo imaginan a Mansur (el presidente de Godoy Cruz) humillando a Angelici (el titular de Boca)?

¿Cómo hace después el tombino para seguir lidiando con la AFA?

¿Cómo se enfrenta, en ese devenir, al poder que tiene el mandamás boquense sobre esa entidad del fútbol argentino?

¿Es consciente Mansur de que Angelici se codea a diario con el poder político y judicial y -sobre todo- con el presidente Macri?

Preguntas son las que sobran.

Asombro

Visito la Mansión Stoppel-Museo Carlos Alonso, obra recientemente inaugurada por el Gobierno provincial en la avenida Emilio Civit.

Esa magnífica casona, que el año que viene cumplirá 100 años, era hasta hace un tiempo un tesoro abandonado, una cueva de ratas y de mugre, un inmueble que en las décadas del '60 y el '70 fue utilizado por el Estado como hogar de menores sin familias.

La Mansión Stoppel arrastraba un historial de abusos y de violencia contra esos chicos, al punto que la leyenda urbana hablaba de almas en pena de algunos de esos pibes que vagaban en la casa por las noches.

A la casona se le ha adosado un edificio nuevo en la parte posterior con tres salas para muestras. Un chiche.

La primera exposición es con las obras premiadas del reciente Salón Vendimia, que incluye "instalaciones".

Uno de esos trabajos atrae mi atención. No por sus méritos. Sí por su descaro. Es una escalera de madera a la que el artista le ha agregado un par de guantes de box en la parte superior y otro par en las patas.

Después de haber disfrutado en esa señorial casona de las ilustraciones para libros famosos que hizo Carlos Alonso en diversas etapas de su vida, ver aquella "instalación" de la escalera con guantes me hace divagar entre las siderales diferencias entre la chantada y la creación.

For export

En un micro que baja desde El Challao no puedo dejar de mirar a una pareja joven con una beba.

Ella va vestida como una típica boliviana. Sombrerito del altiplano, prendas coloridas. Lleva a su beba atada sobre la espalda con ese tradicional paño tejido.

El muchacho, de pelo entre rubio y colorado, exhibe unas rotundas rastas que le llegan hasta la cintura. Su vestimenta es multirracial, pero tirando a Bob Marley.

Tengo la oreja entrenada para escuchar conversaciones en los micros. Me gusta saber de qué habla la gente en el transporte público.

Pero esta vez se torna imposible. La joven del altiplano, que tiene una piel blanquísima, habla en un idioma extraño.

No es ninguna lengua de pueblos originarios. La joven madre supuestamente sudamericana habla en alemán.

Debajo de esa vestimenta de boliviana típica hay una rotunda walkiria.

La beba, que duerme sobre la espalda de su madre, viste también ropaje típico andino. El micro frena, la niña despierta y empieza a mostrar su rostro. Es rubiecita, casi paya.

El papá de las rastas saca una mamadera y le da de tomar algo que parece una infusión.

A diferencia de las silenciosas bolivianas nacidas y criadas en el altiplano real, esta del micro habla hasta por los codos y con ese tono marcial de los alemanes.

El papá de las rastas sólo aporta algunos monosílabos y en algún momento intenta dormitar. Pero su pareja no deja de hablar.

En un momento ella dice algo que despierta en el parco joven una risa que le ilumina la cara.

Ambos ríen entonces como lo que son: jóvenes que, como todo joven, buscan diferenciarse.

Y probándose en el rol de una alemana y de un Bob Marley del altiplano vaya si lo consiguen.

Los lanzados

¿Ha visto usted, lector, a esos chicos que se lanzan en skate desde el Oeste de la ciudad hacia el centro por calles y avenidas?

Bien. Ya no son dos o tres. Son legión. Y le aseguro que Pancho anda por su casa con un poco más de cuidado que estos verdaderos audaces del equilibrio.

Ya sea que se lancen en solitario o en grupo, la actitud es la de "abran cancha que aquí estoy yo y guarda con mirarme fiero si me mando alguna cagada que ponga en peligro mi vida y la de los demás".

Para ellos lanzarse como bólidos sobre una tabla por calles que no están previstas para esos menesteres es un derecho que ellos han inventado y que nadie les puede quitar o regular.

Las autoridades no pueden seguir haciéndose los sotas con este tema.

¿O es que ningún funcionario los ve a diario bajando como refucilos por avenida El Libertador, por Emilio Civit, por Sarmiento, o por las calles de la Quinta?

Si en solitario son un peligro, en yunta se potencian y juegan a ser más heavy. Para ellos el semáforo es un aparato inexistente.

Zigzaguean entre los autos y los micros, hacen movimientos rocambolescos, van y vienen de un carril a otro, se adelantan por la derecha, y nunca dejan de mirar a los automovilistas o micreros de forma desafiante, como diciéndote ¿qué tenés para decir, man?

Que el mundo me escuche

Permítame terminar inquiriéndole, estimado lector, lo siguiente:

¿Es idea mía o es real que la mayor parte de la gente habla cada vez más fuerte cuando usa el teléfono en los bares, en los velorios, en los micros, en los cines, en las oficinas públicas, como para que sea el mundo entero y no sólo el destinatario de esas llamadas el que los escuche?

Como decía el ínclito Menem: ¿Es nesario?