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domingo 27 de mayo de 2018

"Mendoza innovó mucho en los últimos 15 años, pero todo puede mejorarse"

En 2003, Rafael Fuentes García, doctor en Ciencias Económicas y Empresariales y titular del área de Análisis e Inteligencia Turística en la Costa del Sol, vino a Mendoza con un claro objetivo: desarrollar un plan estratégico de turismo.

Hoy, 15 años después, volvió a la provincia, ya completamente distinta de aquella que debió vivenciar para concretar su objetivo, y puede comparar aquellos objetivos con los nuevos desafíos de convertir a la Mendoza actual en un polo turístico valiéndose de uno de sus principales atractivos: la industria del vino.

Por eso, la disertación de Fuentes García, apoyada por la UNCuyo, hizo énfasis en el enoturismo y sus potencialidades. Sobre su particular visión innovadora y la posibilidad de plasmar estos conocimientos para mejorar el turismo local es que versa esta entrevista.

–Usted conoce Mendoza, y de hecho ha escrito un libro proponiendo un plan estratégico turístico...
–Sí, pero la Mendoza turística del 2003 con la de ahora nada tiene que ver. Recuerdo que hace solo quince años no había conectividad, no había plazas de hoteles de cinco estrellas, las bodegas no tenían una oferta de visitas, no había una estrategia de crecimiento y los empresarios no ofertaban productos conjuntos. En aquel momento diseñamos el TurPlan, junto con los entonces funcionarios Gabriel Fidel y Mariana Juri. Allí empezó una senda de desarrollo que ha llevado a lo que es hoy, un destino turístico de primer nivel en el ámbito nacional y uno de los más importantes para el futuro turístico de Argentina.

–Desde que lo publicó hasta ahora, ¿cuáles son las acciones turísticas innovadoras, y en qué aspectos cree que la provincia se ha estancado y debería mejorar?
–Mendoza ha innovado y mucho, aunque como todo en la vida puede mejorarse y debe mejorarse. Las bodegas son un claro ejemplo de ello, y el enoturismo una realidad. Se ha innovado en productos vitivinícolas, uniendo alojamiento en bodegas, rutas, gastronomía, cultura, bicicletas, hasta incluso la literatura dentro del turismo del vino. Y mejorar, claro que se puede mejorar, es necesario ampliar la inversión en marketing internacional, para captar a esa clientela europea y norteamericana que busca lo que ofrece Mendoza, pero que todavía no sabe que existe.

–En cuanto al turismo del vino, ¿se está trabajando y planificando bien o lo considera un tanto excluyente y elitista, o preguntándolo de otra manera, que apunta más al turista internacional?
–Diría que Mendoza va en buen camino. El enoturismo es muy joven, y las grandes ciudades emisoras de turistas que tienen esta motivación están a miles de kilómetros, pero insisto, creo que las medidas son las correctas. Y estoy convencido de que no debe de dirigirse este producto a personas expertas o elitistas del vino; el mercado es mucho más amplio: una clase media alta que quiere adentrarse en la cultura del vino. Son millones, cada vez más, y Mendoza tiene lo que solicitan.

–¿Qué acciones se pueden llevar adelante en forma sencilla para incluir al turismo en una actividad productiva fuerte y no esporádica, ni atada a acontecimientos puntuales como la Vendimia o la nieve?
–Mendoza es una provincia privilegiada, tiene de casi todo, quizás lo único que le faltaría serían las playas. He comprobado el gran potencial de la ciudad de Mendoza, con grandes mejoras en poco tiempo, como el nuevo Centro Cultural, la calle Arístides o la nueva plaza San Martín, entre otras muchas mejoras. La provincia tiene la infraestructura para el turismo de reuniones, tiene una imagen reconocida en el turismo de nieve, es una realidad la oferta de turismo rural, ofrece una oferta de turismo activo a primer nivel, sin olvidar el turismo de compras o el de cabañas. Además, podría convertirse en un destino ideal del turismo idiomático para el mercado brasileño o americano. Le faltan cosas, claro que sí, todavía debe mejorar en la promoción conjunta público privada o en la calidad en las empresas y destinos.

–¿Cuál es la principal falla del sistema, la que provoca que quienes vienen como turistas al país no quieran conocer Mendoza?
–Es cierto, después de tantos años de promoción en los mercados internacionales de fundamentalmente Buenos Aires, Patagonia y Cataratas, el destino turístico Mendoza es poco conocido en Europa o Norteamérica. Si le preguntas a un español por lugares que quisiera visitar en Argentina te dirá esos tres y no nombrará Mendoza. Pero es por una cuestión de falta de imagen en los mercados emisores. La solución es fácil: mayor promoción de la provincia. Aunque es una inversión cara, hay que hacerla de forma conjunta y coordinada con el Ministerio de Turismo y los empresarios del sector.

–¿Qué experiencias que hayan dado resultado en el exterior se pueden aplicar aquí para que Mendoza sea un destino cada vez más elegido?
–La innovación en cualquier actividad económica es esencial, y en el turismo también. Insistiría en el trabajo conjunto, coordinado y consensuado del sector público y el privado.

–De los vinos que probó en Mendoza, ¿cuál prefiere?
–Bebí muchos y muy buenos... pero lo que diría es que amo el Malbec.

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–¿Qué lo llevó a interesarse por el turismo dentro de la economía?
–El turismo engancha. Eso lo podemos afirmar la inmensa mayoría de los que nos dedicamos a esta apasionante actividad. Empecé a dedicarme a los procesos de desarrollo local, pero cuando me acerqué al turismo me quedé, igual que les ha pasado a casi todos los que se han adentrado en esta actividad.

–¿Como asesor turístico vive viajando o hace pie de vez en cuando en España?
–Intento viajar cada vez menos, aunque sigo haciéndolo como experto de la Organización Mundial del Turismo. La diferencia es que soy un enamorado de Argentina y cada vez que tengo ocasión no lo dudo... y vuelvo. Además, tengo aquí grandes amigos, y un hermano desde hace dieciocho años, aunque ya tiene cincuenta y cinco.

–En cuáles de sus tareas se siente más cómodo, como asesor de políticas públicas con respecto al turismo y al vino, o la de dar clases en la universidad ?
–Me encanta la docencia, y quizás es mi fuerte. Por ello me inclino a mis clases en la universidad y a impartir cada vez que puedo seminarios y talleres sobre turismo a funcionarios y empresarios.

–¿Cuáles son los desafíos que debe afrontar actualmente en su actividad?
–Creo que fundamentalmente son dos: la tecnología, que se ha apropiado de todo, y los procesos de big data, que está produciendo que lo esencial se pierda entre tanta información.

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