A Fondo Domingo, 4 de noviembre de 2018

Mandato argentino: las normas no son para mí

El técnico de River se ha arrogado el derecho de saltearse las disposiciones, de prepo y con viveza criolla, si no lo favorecen

Marcelo Gallardo, al que multitudes de hinchas de River lo saludan semanalmente con un atronador "Mu-ñeee-co, Mu-ñeee-co", como si fuera una estrella de rock o un político del pueblo, se ha manifestado esta semana como portador ¿sano? de uno de los virus que con más frecuencia ataca a los argentino.

Se ha arrogado el derecho a saltearse las normas, de prepo, cuando éstas no lo favorezcan.

De huevo, de macho, de soberbio al dope, el director técnico de River, quien está entre los mejores en su especialidad en el mundo, rifó parte de su prestigio en el intento de llevar la argentinidad al palo.

Somos únicos

¿De que argentinidad hablamos? De esa en la que somos especialistas. De la que sostiene que las leyes y cualquier tipo de norma están para ser salteadas con picardía, sobre todo si es en beneficio propio.

Ser argentino, lo sabemos, es como un beneficio otorgado por el cielo.

Estamos predestinados a destinos de grandeza.

Ya lo dijo el presidente Eduardo Duhalde en 2002: "Los argentinos estamos condenados al éxito".

¿Será eso lo que nos lleva a muchos de nosotros a sentir la necesidad imperiosa de asumirnos como taimados, ladinos, y casi truhanes de tan vivarachos?

Silencio, habla él

Repasemos el argumento defensivo que el rana de Marcelo Gallardo utilizó para justificar su decisión de no cumplir con la sanción que le había fijado la Conmebol.

"Me dejé llevar por una circunstancia emocional. Pero no fue un acto de indisciplina", recitó cuando se le empezó a quemar la casa.

La sanción consistía en no poder dirigir el partido entre River y el Gremio, de Brasil, desde la cancha.

Y en no tener ningún tipo de contacto con los jugadores ni sus asistentes durante el match.

Podía, sí presenciar el partido desde la tribuna como un particular. Ocurre que los futbolistas, como las estrellas de la TV o los políticos, están seguros de que ellos no son particulares. Nunca. Ni en la casa.

Me "hirve" la sangre

Por eso es que al Muñeco le salió de sus entrañas el argentino full-full.

Su pensamiento más profundo podría traducirse así:

A mi nadie me va a venir a decir lo que tengo que hacer. Ni la Conmebol, ni la FIFA, ni la ONU, ni la mar en coche.

Porque así como James Bond tiene una licencia de la Reina para matar, los argentinos tenemos una licencia divina para no respetar las normas establecidas cuando las papas queman o cuando se nos cante.

Pura emoción

Lo que hice, insiste Gallardo, fue una "circunstancia emocional" con la que no pudo lidiar.

Por eso el DT armó una red de comunicaciones para estar en contacto permanente con sus asistentes en la cancha pese a que no debía hacer eso.

Y en el entretiempo, se mandó para los camarines para llevarle la palabra santa a sus jugadores.

Cuando un comisario de la Conmebol lo descubrió con las manos en la masa, el DT lo increpó, desafiante, como diciéndole: yo me la banco, papá. Andá nomás a batirme con tu Conmebol

Definiciones

El argentino "tipical" de cualquier actividad (no sólo Gallardo) se dice a sí mismo: soy libre, te diría que anárquico, porque me molesta la autoridad y el gobierno.

Te lo digo más fácil: soy un vivo del año 1, un canchero ultra, un banana, o como dicen ahora, un pija o un poronga.

Un diccionario de terminos latinoamericanos traduce pija de la siguiente manera:

"Dícese de que persona que demuestra valentía o gallardía. Persona poderosa en su ámbito. El más temido y admirado"

Razones son amores

¿Por qué estaba castigado Gallardo por la Conmebol?

Porque no estaba cumpliendo con los horarios precisos que esa institución les fija a los responsables de los equipos para salir a la cancha.

Ya había sido advertido en partidos anteriores de la Copa Libertadores por haber sacado el equipo a la cancha con retraso.

Esa situación les había generado problemas con la transmisión televisiva internacional de esos partidos.

¿No sabe Gallardo la enorme cantidad de plata que hay en juego en el fútbol que va por la TV?

Para el Muñeco fue una cosa menor. Que nos esperen. ¿O no somos acaso el Barcelona argentino?, se supone que debe haber pensado.

Un despelote

¿En qué ha devenido todo? En un lío mayúsculo al divino botón.

Algo que seguramente servirá para tensar el espíritu que debe primar en el equipo en las vísperas de un clásico entre River y Boca por la Libertadores.

O para tener crispado al técnico que debería estar convertido en una mente fría para definir los lineamientos que le permitan enfrentar con posibilidades de éxito al eterno rival de River.

Ayer, al momento de escribirse esta columna, aún no se definía cuál sería la sanción de la Conmebol a Gallardo -aunque se descontaba que sería dura- ni qué destino tendría en esa institución deportiva internacional el pedido de Gremio de que la ilegalidad del Muñeco se multara con la pérdida de los puntos de River.

Conclusión: un problema internacional generado por un grosero error de un DT arrogante.

Una tontera que no sólo ha obnubilado a Gallardo sino que ha metido en un brete hasta el propio Macri que salió a proponer que el Boca-River se juegue con visitantes cuando no hay plafond para ello.

Cansa tanta argentinidad desatada.

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