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domingo 31 de diciembre de 2017

"Los políticos deben dialogar siempre con la gente, no sólo en la campaña, que no existe"

En miles de series y películas norteamericanas se estimuló y ensalzó durante décadas el arquetipo individualista del éxito. El famoso self- made man (el hombre que se hace a sí mismo sin deberle nada a nadie, pero teniendo como competidores a sus propios pares). Este modelo de coaching podría ubicarse dentro del paradigma funcionalista, y el típico ejemplo de quien lo ejerce es el del jefe de un call center, que les grita a los empleados: "¡Ustedes pueden vender más. Si no venden más es porque lo hacen mal!".

En las antípodas se encuentra la propuesta del motivador y entrenador personal Hugo Lescano, que avala un modelo que denomina coaching dialéctico, cuyo contenido se imparte justamente, en el Centro Certificador de Coaching Dialéctico, qué él y un grupo de profesionales de amplia experiencia en la comunicación no verbal han puesto en marcha.

Para Lescano, las negociaciones que son necesarias para dirimir conflictos y para obtener buenos resultados se basan en la persuasión –no en la manipulación– y en la empatía, que es la capacidad de ponerse en el lugar del otro y mirar desde su perspectiva.

Lescano es especialista en comunicación no verbal y microexpresiones del rostro, que pueden aplicarse al análisis de los interlocutores con los que queremos lograr algún tipo de resultados específicos.

–¿En qué consiste el modelo de coaching que ustedes avalan?
–El coaching dialéctico es un paradigma superador del coaching tradicional. Es diferente del que hace Durán Barba y del modelo de coach de los países centrales. Funcionó durante diez años (décadas del '80 y del '90).

–¿Es de los '90? Parecía que era algo más nuevo.
–El coaching ya funcionaba en los países centrales, aunque en Argentina ingresó con el neoliberalismo. Las corrientes de pensamiento tienen su correlato en todas las instancias: en los deportes, en la medicina, y en las ciencias políticas. El funcionalismo es la matriz de pensamiento de lo que en política sería un gobierno neoliberal.

–¿Cómo se podría explicar?
–Requiere un modelo individualista y de alta competencia: el "tú puedes". O el coaching de los call center: "¡Vamos chicos, hay que vender!". Es la motivación externa. En el deporte se puede ver en los técnicos como Sampaoli, que gritan y gesticulan.

–¿A qué apunta?
–Puntualmente a que te superes teniendo como competidores a tus propios pares. Tu compañero de trabajo se convierte en tu enemigo. Es el modelo de los súper vendedores.

–Como sucede con los vendedores de la bolsa.
–Sí, ese es el modelo de gritarse entre ellos y competir. Es el funcionalismo llevado a las ciencias sociales. Se trata de aislar un fenómeno como la pobreza y se hace un esquema de estigmatización, como si ocurriera individualmente. Se culpabiliza a la persona que no tiene éxito.

–¿Cuál es la diferencia con el paradigma que plantea el modelo de coaching dialéctico?
–El coaching dialéctico apunta a mirar los facilitadores y los obstáculos de todo tu entorno. Si algo no te está saliendo bien, no es necesariamente culpa tuya. Hay que apuntar también al entorno. El coaching tradicional te culpabiliza. Vas a encontrar mucha gente que dice "a mi nadie me regaló nada, yo lo hice todo con mi esfuerzo" y esto no es cierto. Todos nos realimentamos permanentemente. Sería injusto que yo después escribiera un libro y contara cómo vencí todos los obstáculos, porque hay muchos actores que participan en esto. La versión dialéctica es la de ida y vuelta.

–Una mirada empática del éxito.
–Totalmente. A mí me ha tocado actuar en los motines donde la población carcelaria está estigmatizada. Y las mismas personas que son responsables del cuidado de los presos, dicen: "Estos delincuentes merecen estar muertos, hay que matarlos a todos". Porque de chiquitos aprendimos como ocurría en la serie Policías en acción cuando venían los policías y pateaban las puertas y encontraban a los delincuentes. Toda la serie ocurría en las casas de las villas. Entonces a uno le queda la idea de que el delito está relacionado con la pobreza. La mirada funcionalista abona la teoría de que los pobres son los culpables de que a todos nos vaya mal. Entonces, hay que hacer algo con ellos.

–Con respecto a tu intervención en los motines, ¿cuál es el trabajo que hiciste en estas circunstancias?
–Yo trabajé los últimos doce años en el Ministerio de Desarrollo de la provincia de Buenos Aires. Soy trabajador social, y mi actividad estaba relacionada con resolver temas difíciles y violentos de por sí, como son los que ocurren en la institución carcelaria, donde las personas no tienen mucho para hacer.

–Suena hasta claustrofóbico.
–Claro, allí todo es de piedra, nada se puede mover. En tu casa cuando querés renovarte cambiás la cama de lugar, al menos. O pintamos, hacemos que las cosas se vean mejores. En la cárcel todo es estático, por razones de seguridad. Se le quita al ser humano la capacidad que lo diferencia de todo lo demás: la capacidad transformadora. Esa sensación, que nosotros llamamos encrucijada, la hemos traspolado a un esquema de negociación teniendo en cuenta el esquema de la cárcel, en donde no hay mucho escape, no hay movilidad.

–¿A qué otras áreas se puede aplicar este modelo?
–Por ejemplo a la pareja. Se llenan nuestros seminarios cuando hablamos de pareja, porque la negociación suele ser más compleja, teñida de emociones. No estamos negociando con un comerciante, sino con la persona que amamos. Supongo que la negociación con los hijos y sobre todo con adolescentes también es compleja. Yo siempre digo que he ganado negociaciones muy difíciles, pero menos en mi casa (se ríe). En mi casa aprendo para después ponerlo en práctica.

–¿Cómo se pone en práctica este método?
–La comunicación verbal y no verbal que nosotros utilizamos la aplicamos al mundo de los negocios, de la política. De hecho yo estoy en Mendoza por este motivo.

–¿Cuáles son las razones de tu visita a la provincia?
–Uno de los motivos es el asesoramiento a un pequeño grupo de políticos que ha pedido confidencialidad, que quiere ver qué se puede mejorar en la comunicación, qué posibilidades hay de establecer un vínculo más real, más consistente con la gente, hablar en los términos que la gente pueda comprender. Muchas veces el trabajador común no alcanza a comprenderla lógica del diálogo político. El político se distancia de la vida cotidiana. A veces mucho.

–Además, ese paradigma del político que se acerca a la gente y besa a los niños en épocas de campaña cae mal.
–Lo que ocurre es que en el ámbito político se usa la oportunidad para el diálogo. No se dialoga siempre, se dialoga en periodos preelectorales y esto es un modelo que estamos tratando de desterrar. El gran error de la política es creer que hay periodos de campaña. Los políticos deben dialogar siempre con la gente, no sólo en la campaña, que no existe. El diálogo debe ser permanente. La persona gana y al otro día debería trabajar con su gabinete para hacer acciones de gobierno y difundirlas. No esperar dos años para volver a tomar contacto con la gente.

–¿Qué otras personas se han mostrado interesadas en el modelo que difunden?
–Empresas que quieren cambiar su modelo comunicacional por uno más potente. La persuasión subliminal apunta a eso, a persuadir con mucha potencia para que la gente se enamore no solamente del servicio que presto, del producto que vendo sino de mi persona. El comercio ha mercantilizado tanto las relaciones que se olvida de que las personas deciden por sus emociones. En mis redes sociales la gente opina y pregunta si esto es manipulación y la verdad es que no tiene nada que ver con eso. La manipulación tiene que ver con el chantaje o la extorsión. La persuasión es lograr que vos desees algo que yo tengo y me lo digas, pero eso se da como resultante de un vínculo. Que yo pueda mostrarme cómo soy para que vos aprecies esto.
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