A Fondo Domingo, 14 de octubre de 2018

Los brotes verdes tienen sus amigos y enemigos

¿Ceguera política? El gobierno de Macri cometió otro garrafal error con las tarifas. La UCR hizo de bombero y Lilita de pirómana.

Yuval Noah Harari, un pensador ineludible de nuestro tiempo, señala, al trazar una parábola del derrotero humano, "que nos hallamos en el umbral tanto del cielo como del infierno".

Nos vamos moviendo, nerviosamente, "entre el portal de uno y la antesala del otro".

De este modo, Harari deja contentos a optimistas y pesimistas a la vez.

Cualquiera de las dos opciones están abiertas en términos de destino global. Depende de cómo gestionemos el planeta.

Lo problemático, lo trágico del asunto, es que la Argentina se empeña en contradecir, todo el tiempo, a todo el mundo.

El país, desde hace décadas, pasa del infierno al limbo y del limbo -o de la nada-, otra vez, al infierno. Sin solución de continuidad.

Se nos olvidó dónde queda el camino del cielo. Dónde está el mapa.

Aun así, cada tanto, algún tarambana sostiene que estamos condenados al éxito. Ya ni gracia causa.

¿Nueva escalera al cielo?

Luego de cada inevitable y recurrente caída al hondo pozo de la crisis nacional, surge, cual rayo venturoso, una nueva esperanza.

La ilusión de una escalera al cielo.

Cambiemos representa, hoy todavía, esa alternativa.

Aunque los escalones crujen y los brotes verdes cabecean marchitos.

Puede entenderse una parte de la crisis económica por los severos condicionantes internacionales.

Lo que no se entiende, ni se justifica, es que el gobierno que encabeza Mauricio Macri se dé, una y otra vez, tiros en los pies por torpezas políticas propias de un amateur.

Al comienzo de su gestión se le podía perdonar con algo de buena voluntad. Al llamado "equipo de los CEO" había que tenerle paciencia.

Tres años después, la paciencia llega a su límite. También la chance de que pueda revertir su conducta.

El PRO, que lidera hegemónicamente Cambiemos, conserva, hoy como ayer, una marcada antipatía hacia la política tradicional.

Lo cual explica el permanente ninguneo al que somete a su socio principal en la alianza, la UCR, a la que deja afuera en momentos cruciales de contacto con la sociedad.

Pasó con las reformas previsionales. Pasó y sigue pasando con los reajustes de tarifas.

Entre amigos y no tanto

"Cambiemos está contribuyendo al descrédito propio", reflexionaba, por estas horas, el poeta y ensayista Santiago Kovadloff, imbuido de las mejores intenciones.

Aludía, de este modo, al daño que producen maniobras como la de Elisa Carrió, que zamarrea a la figura de Macri ("Perdí la confianza en el Presidente", llegó a decir) y a la alianza misma para exponer sus veleidades personales.

"Ceguera política" denomina Kovadloff a la coyuntura política que atraviesa la coalición gobernante.

En este contexto cobra un sentido más cabal la postura del radicalismo frente al estallido que provocó el anuncio del ministro de Energía, Javier Iguacel, respecto de la compensación que recibirían las compañías distribuidoras de gas por los efectos de la devaluación.

Fue un anuncio brutal, sin afán didáctico y sin medir consecuencias.

Algo similar a lo ocurrido en el primer trimestre cuando Juan José Aranguren manejaba la cartera.

La película es repetida: indignación de los usuarios, aspaviento ígneo en la oposición y entrada en escena, cual caballero andante, de la UCR para ofrecerle una salida lateral al Gobierno en plena tempestad.

¿Qué diferencia a aquella batalla de la actual?

Una distinción notoria. En la aparición de marzo, Cornejo, como presidente radical, fue percibido por diversos integrantes del gabinete nacional como un pícaro traidor que le terminó haciendo el juego al peronismo. Quien mayor inquina acumuló en su contra fue Aranguren, considerándolo el principal responsable de su caída en desgracia.

Ahora hubo una admisión más rápida, a regañadientes, del problema.

A la sonora protesta inicial que elevaron legisladores radicales como Ángel Rozas, Mario Negri, Luis Naidenoff o Silvia Elías de Pérez, siguió la propuesta formal del partido.

Conceptualmente fue elaborada en Mendoza, donde Cornejo apeló a dos de sus espadas técnicas a nivel de secretarías,Natalio Mema (Servicio Públicos) y Emilio Guiñazú (Energía). Luego se presentó en sociedad con referentes nacionales como el jujeño Morales y el mendocino Ernesto Sanz para que el Estado se haga cargo del costo.

"No había margen para cobrarle el ajuste a la gente. No era el momento", justifican en el entorno del gobernador. "Es posible, además, porque hemos vuelto a exportar gas y el BTU está mucho más barato".

La iniciativa ayudó a descomprimir la situación y, al mismo tiempo, le birló una bandera a la oposición.

Podría llamarse a todo esto sensibilidad social. Especialmente sensibilidad hacia la clase media, que representa la base electoral del radicalismo. Básico.

También se llama ejercicio de algunos presupuestos más básicos aún de cualquier manual de ciencias políticas. De esos que los jerarcas del PRO no leen, que Durán Barba subestima y que Lilita Carrió, una decontructivista olímpica, ignora aparatosamente.

Entre bomberos no nos vamos a pisar la manguera, dice el refrán.

¿O será que tampoco hojean el refranero?

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