A Fondo Domingo, 30 de septiembre de 2018

Lo que se delata aunque ése no sea el propósito

El asco de Fito Páez por los votantes porteños, la vida de Cobos como jefe de personal y el linaje amiguista del rector de la UNCuyo .

Los artistas suelen ser maravillosos pero también son cultores de cada piojo que mama mía.

El músico Fito Páez ha dejado canciones inolvidables, pero el cineasta Fito Páez nos ha espantado con dos películas malísimas, pretensiosas, falsas.

Desorbitado, Fito despreció con la inolvidable frase "me dan asco" a los habitantes de la ciudad de Buenos Aires que votaron dos veces a Mauricio Macri como jefe de Gobierno porteño.

Confeso simpatizante de los gobiernos kirchneristas, ahora ya no dice adherir a ningún gobierno nacional y popular.

Ahora se define como "un referente de las artes" y aclara que aquel asco que volcó sobre los porteños "fue un momento de calentura".

"Nunca pertenecí a ese movimiento" (por el kirchnerismo), dice por estas horas desde Nueva York". Sólo apoyé ciertas políticas" de Néstor y de Cristina.

Ponele, Fito.

Cobos, primera parte

Cambia, todo cambia, cantaba Mercedes Sosa, y en ese concepto podríamos incluir a lo que pasó con el correcto Julio Cobos, un hombre que acaba de ir al desconcierto para volver a la confusión.

Durante su paso por la función pública de Mendoza, donde fue ministro y gobernador, Cobos fue reconocido como un funcionario discreto en lo político.

Ni muy bueno ni muy malo. Pero nunca fue carne de escándalos, ni por nepotismo ni por traficar influencias de manera burda ni por corrupción.

Quizás sí algún favor partidario, pero menor y acotado.

Su ex mujer, Cristina Cerutti, y sus tres hijos nunca dieron pie para chismes ni para denuncias.

Tampoco se recuerdan hechos de ese tipo durante su tormentoso paso por la vicepresidencia de la Nación, donde tuvo el coraje de pelearse con sus socios -los Kirchner- y de, a la vez, no renunciar a su cargo por considerar que él había llegado a ese cargo por el voto popular y que debía cumplir los 4 años de mandato.

Cobos, segunda parte

Este año, sin embargo, el actual senador nacional por Mendoza se ha permitido ser un político de saldo.

En 2016 el senador oficializó ante la opinión pública su divorcio de Cristina Cerutti y confirmó que estaba ahora en pareja con Natalia Obón, una nutricionista 22 años menor que él.

Al poco tiempo los mendocinos nos a noticiábamos de que Obón había sido contratada como asesora del legislador. Primer error en el que Cobos no debió haber caído.

La plata para ese sueldo no había salido del bolsillo de Cobos sino de fondos del Estado, es decir plata de toda la ciudadanía.

Obón había conseguido un trabajo muy bien remunerado sólo por ser la pareja de Cobos-

¿Trabajó Obón todas las horas que fijan los reglamentos? ¿Llegó a horario? ¿Fue eficiente?

Es muy probable que sí, pero el contribuyente tiene derecho a dudar y a preguntarse ¿por qué no puedo tener yo derecho a ese cargo de asesor?

El asunto pasó. Había caído mal, pero en virtud de sus antecedentes los mendocinos hicieron la vista gorda.

Pero lo que pasó ahora colmó el vaso. Hace unos meses Obón se recibió de abogada, carrera que pudo terminar rápido por empeño y por las facilidades que tenía en su trabajo del Senado.

Y a las pocas semanas ya tenía un estupendo puesto esperándola en la Justicia federal de Mendoza.

Por los contactos de Cobos con el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, y con uno de los integrantes de la Cámara Federal de Apelaciones de Mendoza, Gustavo Castiñeira de Dios, Cobos y Obón se vieron beneficiados con un puesto (secretaria de esa cámara) que está reservado para profesionales del derecho con marcada experiencia.

Esta noticia generó tanto malestar y escándalo político que Cobos, que quiere volver a ser candidato a gobernador en 2019, debió recular y Obón desistió de asumir en el puesto con un sueldo superior a los $80.000.

Cuando todo el mundo creía que la cosa iba a terminar allí para no alborotar más el avispero, Cobos incurrió en lo que para muchos es la peor parte del asunto. Las más imperdonable.

Anuló la renuncia de Obón al cargo de asesora en el Senado y la volvió a nombrar en el Congreso, como si ese poder del Estado fuera una especie de empresa privada.

La impoluta Universidad

Este fin de semana ha explotado otro caso de supuesto favoritismo político. Esta vez en la Universidad Nacional de Cuyo.

También ésta es una historia en la que se entrecruza otro marido que "ubica" en un cargo expectante a su mujer, y que logra que la institución oficial desplace a otra dama que ocupaba ese mismo cargo por concurso.

La echada ha sido en este caso Pilar Piñeyrúa, quien dirigía EDIUNC, la editorial de la Universidad. Y la beneficiada, Viviana Bossio, pareja del secretario de UNCuyo, Héctor Smut.

El caso ha abierto toda una polémica leguleya acerca de si el cargo de la desplazada Piñeyrúa es estable o temporal.

De Viviana Bossio sus defensores han dicho que tiene una trayectoria intachable y que es muy grave valorarla "por ser la pareja de Juan o de Pedro".

Aun si se aceptara que Piñeyrúa haya sido desplazada correctamente ("es como si fuera la subsecretaria de un gobernador") y que su remplazante posea antecedentes inmejorables, la Universidad debe entender que el entrecruzamiento de familiares en un organismo oficial es algo que hoy está bajo la picota como nunca antes. Felizmente.

Eso es hoy un privilegio insostenible.

Lo que en realidad les molesta a algunos funcionarios universitarios es lo mismo que le desagrada al mundillo judicial: que la prensa o los particulares metan las narices dentro de sus feudos.

Son los que confunden autonomía universitaria con no rendir cuentas. La Universidad ha logrado armar a través de los años un entramado de amiguismo ideológico, de contubernio partidario, y de tramoyas familiares, un menjunje en el que están convencidos que no deben abrevar los legos.

El reelegido rector Daniel Pizzi debería poner cuidado en descular esas costumbres que no tienen mucho que ver con la transparencia.