A Fondo Domingo, 14 de octubre de 2018

Las mujeres de Macri

Vidal aislada, Lilita enojada, Stanley en tensión y Michetti en silencio son realidades inocultables que rodean al Presidente

La situación de este momento del gobierno del presidente Mauricio Macri podría reflejarse en su vínculo con algunas de las figuras femeninas de peso en su gestión. El aislamiento, como el que luce con María Eugenia Vidal; la crisis política, representada por la tensión con Elisa Carrió; la desconfianza, cernida sobre ministra del tema social Carolina Stanley y la decisión de hacer silencio sobre algunos temas, como el decidido sobre Gabriela Michetti.

Aislarse

"El presidente no pasa por un buen momento con Vidal", es una de las frases que más se escucha en los pasillos de la Casa Rosada. "La gobernadora ha decidido dedicarse exclusivamente a la gestión provincial", se dice desde La Plata. Vidal es una creación política total del hombre que ejerce el Poder Ejecutivo Nacional. Los que la recuerdan como una secretaria de Promoción Social de Boca Juniors en la gestión del hoy Presidente, rememoran a una mujer tímida, apocada desde su apariencia hasta en sus palabras, que poco a poco demostró firmeza en sus ideas desde el padrinazgo de Macri. Era la que nadie ponía una ficha por ella y la que en poco tiempo se ganó el respeto de todos.

Hasta antes de la crisis de agosto de este año, Mariú, como le dicen en esa jerga del PRO que sabe de "Guillos, Patos, Totos y Nicos", era una interlocutora diaria y repetida del Presidente. Hoy, sí, hay reuniones semanales de la mujer que llega acompañada de Horacio Rodríguez Larreta pero no con la asiduidad y la coincidencia de antes. Algunos creen que los señalamientos críticos de Vidal sobre la política económica, su no reverencia al equipo de Marcos Peña y su mirada más social de la crisis le valió este gesto de frialdad. "Macri puso un cono de distancia con Vidal", grafica alguien que los trata a los dos todo el tiempo.

La gobernadora le ha hecho saber a todos que tiene mucho por hacer en su territorio y que no tendrá espacio para salir a defender la gestión nacional. Es más: algunos la volvieron a escuchar decir que ella todavía no aceptó ir por la reelección de la Provincia. Su gestión está atenazada por la realidad económica general del país en franca recesión y disparada de precios que golpea en la línea de flotación bonaerense de los sectores productivos y de las clases medias, bajas y excluidas. De otro lado, la propia gestión de la mujer macrista que no logra revertir el desastre anterior. No hay cambios ostensibles en salud y seguridad. Ni habar en educación en donde a mediados de octubre, no hay paritaria docente.

Crisis política

Si en Vidal hay distancia, en Elisa Carrió hay idiomas distintos. A pesar de las declaraciones en redes de la diputada nacional y de los esfuerzos en la cena de la máxima estrella de la televisión argentina a donde Carrió se sienta siempre, sin sentirse enferma o sin veto al periodismo como le ocurre con otros, la dirigente de la Coalición está al borde del estallido político. Como se dijo la semana pasada en esta columna, tenía las valijas preparadas para saltar del espacio Cambiemos. La retuvo una llamada personal del Presidente y una gestión de buenos oficios de un ex secretario del Presidente con el que suele hablar de espiritualidad.

El problema en este caso es que se trata de una crisis irracional. En 4 días, Carrió, sin mayor sustento que su parecer, lo amenazó - de forma antidemocrática flagrante- de acordar con ella o "hacerlo caer". Eso es proponer la salida anticipada de un gobierno. Y hay que decirlo con todas las letras aunque se suponga que Carrió tiene un perdón a priori concedido por vaya a saberse quién para decir cualquier cosa. Luego vino el "voy a perdonar al Presidente cuando me (sic) lo saque a Garavano". El posesivo es onírico y faraónico. Finalmente vino la disculpa como bromista y las declaraciones de anteanoche. Alguna vez habrá también que hacer un mea culpa comunicacional (y este cronista se anota en la primera línea) de la pasividad con la que se han tratado las declaraciones de esta dirigente que atropelló con valentía individual, es cierto, el velo de impunidad de los '90 y los 2000 pero, también y no menor, el principio elemental de la igualdad ante la ley que, según nos consta, rige para todos e incluso para ella.

Los que la conocen a Carrió (un círculo de fieles pequeño y mudo que se ha renovado en los años dejando en el camino a impíos irredimibles así calificados por ella) sostienen que en ella pesa más la desilusión que la esperanza por el Presidente. Hablan de cuestión de tiempo.

Tensión social

Es llamativo el elogio a la dedicación laboral que todos prodigan sobre la ministra de desarrollo Carolina Stanley. El todos va desde la Sociedad Rural hasta Barrios de Pie, para ser gráficos. Eso contrasta con los llamados de rendición de cuentas por resultados que el Poder Ejecutivo le hace por estos tiempos. La sensación presidencial podría resumirse así: "Si invertimos tanto en planes y ayudas, por qué la calle está cada vez más complicada". Stanley intenta llevar la mirada de la calle que el gabinete más político de Macri ausculta con las encuestas. La diferencia no es menor. Uno es conocer con los sentidos. El otro, con los programas informáticos de comunicación.

Si hay algún achaque a la ministra desde las organizaciones de base es a la gestión de Stanley proclive a calmar a 4 o 5 megadirigentes y no atender a la heterogeneidad del mapa nacional. El problema es que el gabinete político del Presidente se ha encerrado en la idea de que la crisis no es tan profunda como muestra la protesta callejera y, obvio, los medios de comunicación y, allí está, la falla que se le achaca a esta funcionaria.

Silencio

El gobierno de Macri surte diariamente a sus voceros con una especie de vademécum completo, con composición de ideas y posología de aplicación pública, de "lo que hay que decir" en materias sensibles. Nadie puede suponer que a todos, desde el Presidente, sus ministros, legisladores y hasta concejales, les llegaron al unísono por inspiración coincidente las metáforas meteorológicas de tormentas de la crisis, de mundos externos que conspiraron y de apelaciones esperanzadoras del camino correcto. Marcos Peña ha sido el primero en enmudecer luego del clima de devaluación y aumento de pobreza en un contexto de ruptura de puentes con el resto de la dirigencia política.

La otra que fue llamada a silencio (sin metáfora) es la vicepresidenta de la Nación. Hace meses que Gabriela Michetti, otrora alfil privilegiada de la exposición pública del PRO, no emite opinión en cuestiones de fondo. Se la ve viajando a firmar convenios de cooperación, en reuniones para hacer amigables ciudades hostiles con las capacidades distintas y no mucho más. Algunos ya ven en esto el prolegómeno de su ausencia en la fórmula presidencial 2019. Otros, lo atribuyen a traspiés declarativos ante preguntas como el aumento de la nafta o leyes como la salud reproductiva. Lo cierto es que Gaby, también aquí funciona el apócope de Cambiemos, salió del radar de los que expresan en público al gobierno.

Si se suma el cono de aislamiento de Vidal, la tensión con Carrió, el enojo porque la realidad social no es como se quiere y el cepo de silencio a algunos, se construye un combo demostrativo, no exhaustivo pero bien gráfico, del momento que atraviesa la gestión. ¿Un denominador común de todo esto? Encerrarse en sì mismos, en el único camino decretado. La crisis la viven todos. Pensar que unos pocos son los únicos para encararla es peligroso.

Más noticias