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domingo 08 de abril de 2018

La UCR desplegó una unidad que envidia el PJ

Cornejo va por más. El gobernador, anfitrión e intérprete de su partido, exige más presencia nacional a Cambiemos de cara a 2019

Hace unos días, Mendoza tuvo la sensación de hallarse en una zona central del mundo gracias al encuentro del BID.

Pocos después volvió la costumbre de atisbar los sucesos relevantes desde una prudente lejanía.
Una sana lejanía, dado el tenor de los acontecimientos.

Deplorables comidillas como la originada por Natacha Jaitt en el programa de Mirtha Legrand o los graves sucesos de Brasil son un telón de fondo sobre el que la provincia no se recorta de manera directa.

Hubo, sí, una distinguida conexión planetaria, pero con perfil bajo, sin el pavoneo ni la alharaca chillona que agitan las redes sociales: el reconocimiento que la prestigiosa publicación inglesa The Ophthalmologist le realizó a Roberto Zaldivar considerándolo, en su Power List 2018, uno de los 100 oftalmólogos "más influyentes del mundo".

Con sereno orgullo, Zaldivar, "el mago de los ojos" como lo apodan en Buenos Aires, aprovechó para adelantar que está en marcha una alianza vanguardista entre su instituto y otra gran marca local, la desarrolladora de software Belatrix, que comanda Luis Robbio.

La mejor de las noticias.

Zaldivar y Belatrix son dos naves insignia para la proyección internacional de Mendoza.

La realidad de dos partidos
La razonable estabilidad institucional que muestra Mendoza, sobre todo con relación al panorama argentino, habilita a considerar nuestro medio como un laboratorio social muy interesante. Fiable.
Entre los distintos rubros por analizar, está el político. Que presenta un cuadro muy elocuente en lo que respecta a los dos principales partidos, el radicalismo y el peronismo.

Ambos pueden verse por separado, hoy, aquí, con abstracción de sus alianzas nacionales.

Hay, entre ellos, una diferencia concluyente. En la UCR, ganadora electoral de los últimos años, la unidad partidaria es una muestra de su buen momento y de su fortaleza.

En el PJ, que viene hilvanando una derrota tras otra, las grietas internas ratifican su mala hora.

UCR: unidad y liderazgo
El radicalismo nacional, en su encuentro de este fin de semana en Mendoza, hizo gala, justamente, de todo de lo que carece el justicialismo: unidad y liderazgo.

Alfredo Cornejo, como presidente nacional del partido, se vio ratificado con la presencia de todas las autoridades provinciales en su propia casa. La ausencia de "cabezones" y de caudillos folclóricos, remplazados en este cónclave eminentemente federal por una dirigencia renovada y afanosa, es el principal activo con que cuenta la UCR para afrontar una etapa clave de su futuro. Que tendrá su prueba electoral en 2019.

Las bases las sentó el propio Cornejo: apostar más a Cambiemos que a los partidos que conforman la alianza, concentrarse en la gestión y mostrar vocación de poder.

Hasta tal punto la UCR apuntará a escalar un peldaño en su sociedad política, que Cornejo le bajó un mensaje claro al macrismo: la próxima fórmula presidencial no debería ser enteramente capitalina, enteramente PRO. El radicalismo pide estar ahí. Con el propio gobernador mendocino proyectado. O con cualquier otro correligionario del interior. Clarín, por ejemplo, tituló su crónica del encuentro mendocino: "La UCR reclamó al PRO un 'trato igualitario' dentro de Cambiemos".

Además de esta evidente postura, que da la medida de una jefatura partidaria ejercida por un jugador fuerte como Cornejo, la UCR se prepara para otro desafío de máxima: ganar otras dos o tres provincias el año próximo.

Una ambición que, bien administrada, puede ser beneficiosa y revitalizadora para Cambiemos.
O todo lo contrario.

PJ: desunión y confusión
El horizonte del peronismo está en las antípodas de su rival. Se encuentra fuera del poder, sin caciques que inflamen a la tropa y con serias disensiones internas.

Ante el rumor, este fin de semana, de otro posible encuentro del peronismo nacional en Mendoza, hubo por aquí una respuesta negativa. Más que negativa, melancólica.

No hallan, los peronistas locales, muchos motivos para juntarse. "¿Quiénes seríamos?", se preguntan, mirando para uno y otro lado.

Y en ninguno de ambos lados ven señales demasiado reconfortantes.

La confluencia de San Luis convocada por el gobernador Alberto Rodríguez y con la concurrencia de Boudou, Rossi, Kicillof, Mariotto, Sabbatella, Gioja, Moyano, Aníbal y compañía fue considerada una alianza kirchnerista-moyanista de exigua proyección electoral. Para vastos sectores resulta, lisa y llanamente, piantavotos.

En cuanto a la reunión encabezada en Entre Ríos por el senador Miguel Pichetto bajo el lema "El límite es Cristina y La Cámpora", con representación de Urtubey, Bossio, Massa y Randazzo, tampoco cuaja lo suficiente por aquí como para enrolarse firmemente.

Lo cierto es que en Mendoza cunde la discrepancia. Incluso en asuntos domésticos, como la conducción de Diputados, el peronismo mayoritario se apresta a desbaratar la alianza entre La Cámpora y el ciurquismo para entronizar a Lucas Ilardo.

"No los dejaremos pasar", se juramentan.

No los une el amor ni el espanto ni casi nada. ¿A qué juntarse, pues?
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