A Fondo Domingo, 21 de octubre de 2018

La UCR de Cornejo ya no quiere ser furgón de cola

Alzando la voz. El proyecto para que los jueces paguen Ganancias es otro capítulo del reverdecer radical dentro de Cambiemos

El invierno ha sido largo. Largo, ingrato y hasta cruel para la UCR. Y si bien la primavera aún se siente lejos, algún rayo de sol invita a elaborar una prudente esperanza.

No obstante, el camino seguirá siendo escarpado durante otro lapso extenso. Porque la caída a punto estuvo de resultar fatal.

Cuando el gobierno de De la Rúa explotó como el volcán Vesubio, la lava ardiente terminó tapando, laderas abajo, a la mayoría de los ejemplares vigorosos del partido.

Los pocos sobrevivientes entrevieron la posibilidad de reinsertarse en la fauna política colgados del kirchnerismo. El ejemplo más notorio de ese proceso fue Julio Cobos, a la sazón, vicepresidente de Cristina.

Mala decisión. Compartida por Cornejo. Fue como atarse a la pata de un Tiranosaurio rex. La degollina desatada por el superdepredador K no acabó de milagro con la exangüe manada radical.

Tras la glaciación de la década ganada, el emerger de una nueva criatura en la selva nacional, el macrismo, permitió aferrarse a una última chance antes de la extinción.

La estrategia fue la misma: oficiar de sidecar, de acompañante del piloto principal. De furgón de cola.

Una feliz paradoja del destino

Esta vez la estrategia de conservación funcionó razonablemente, porque el PRO no tiene la voracidad del kirchnerismo ni es un maltratador serial de sus socios menores.

El panorama no era demasiado venturoso, sin embargo. Hasta que una paradoja del indescifrable destino nacional le abrió una puerta impensada a la UCR.

La barredora crisis económico-financiera de este año terminó subiéndole al precio al radicalismo como socio de Cambiemos.

De haber seguido todo viento en popa, tras las elecciones del año pasado, el PRO no estaría propenso a sentar a sus aliados a la mesa chica. Le habría negado una voz política fuerte. Le estaría bajando órdenes y consignas desde Buenos Aires.

Hoy el radicalismo, pese a los efectos deletéreos de la crisis, se beneficia, pues, de una doble condición: el macrismo necesita imperiosamente de cada uno de sus camaradas y el liderazgo efectivo del partido de Alem está en manos de gobernadores, o sea, de hombres que son copartícipes de la gestión y que exponen una firme vocación de poder.

Ni el mendocino Alfredo Cornejo ni el jujeño Gerardo Morales, como condotieros de esa tropa, son dirigentes con vocación de segundones. Quieren sentarse al lado del conductor de la locomotora; nada de ir tomando mate en el furgón de cola.

Un golazo

Lo que ha dejado en claro esta UCR bajo la presidencia nacional de Cornejo es que reclama ser tenida en cuenta como un colega respetable.

Su manera de ir sentando presencia provoca la incomodidad de la cúpula porteña de Cambiemos. Pasó con el episodio de las tarifas durante la gestión del ministro Aranguren. Y un poco menos ahora, con Iguacel.

En el tira y afloja de las alianzas, cada uno pierde un poco en el camino. Por ejemplo, Cornejo se quedó sin el cónclave radical en Mendoza.

Pero le encontró la vuelta para volver a marcar agenda proponiendo, vía el diputado nacional Luis Borsani, un proyecto que seguramente contará con el beneplácito casi unánime de la población: que los jueces empiecen a tributar el impuesto a las Ganancias, como el resto de los asalariados nacionales.

"Es un esfuerzo que debemos pagar todos por igual", señaló el gobernador, mediatizando una premisa que ya había esbozado el encuentro nacional partidario en el hotel Presidente de la Capital Federal.

Simple. Tajante. Un cuchillo afilado hasta el fondo del tejido social.

Un alto representante de la Justicia en Mendoza, poniéndose la mano en el corazón, admitió que la maniobra de Cornejo "fue un golazo".

¿Por qué? "Porque en un país en crisis, mostró con un solo gesto dónde están los privilegios".

Y de todos los privilegiados, los jueces son los que están en peor posición. Por su desprestigio. Por su extrema visibilidad. Por su inveterada indiferencia para escuchar el clamor del ciudadano.

Un funcionario del gobierno local, completó la valoración: "Es muy bueno el proyecto porque el actual esquema está generando distorsiones dentro del propio Poder Judicial, pues hay jueces de la misma categoría que no pagan y otros que sí".

Y el colmo: hay funcionarios de la Justicia que, sin ser jueces, tampoco pagan por estar equiparados a los magistrados. Cercano al papelón.

En resumen, Cornejo, de todos los asuntos que tenía por delante para retomar la iniciativa, eligió el mejor: por ser un tema sensible, capaz de nacionalizarse de inmediato y con respaldo propio, pues Mendoza ya ha empezado a transitar esa senda.

Lo que podría hacer ruido es que lo ventajeó a Macri. Se adueñó de una idea que el Presidente podría haber usado como propia.

La UCR, sin embargo, no es solo Cornejo. No es un show unipersonal.

El colectivo radical del hotel Presidente declaró, entre otras cosas, como miembro relevante de Cambiemos: "Necesitamos salir de la agenda del ajuste y orientar la acción hacia el progreso y el desarrollo con inclusión. Construir una sociedad más justa nos exige trabajar por una economía más competitiva que multiplique oportunidades".

Un socio que se expresa en estos términos es alguien que exige ser escuchado. Ser tenido en cuenta.

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