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domingo 12 de noviembre de 2017

La reforma que despertó a una provincia y a un país

El Gobierno nacional dio marcha atrás con el gravamen a las cervezas, al vino y a los espumantes. El presidente Mauricio Macri estaba dispuesto a ceder en este aspecto porque implicaba resignar poca recaudación y para sumar el respaldo político del gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, a la reforma tributaria.

Tras la reunión que mantuvieron el mandatario mendocino con el Presidente, el equipo económico oficializó la decisión de quitar del texto de la reforma impositiva, la alícuota del 10% al vino y a la champaña, y mantener en el 8% actual el gravamen a la cerveza. No habrá cambios para gaseosas con azúcar, mientras que para la electrónica la quita de impuestos planteada finalmente se hará de manera gradual.

El Ministerio de Hacienda había propuesto gravar a la cerveza con una alícuota del 17%. Pero el gabinete económico decidió mantener el impuesto en el 8% que rige actualmente. En Hacienda consideraron que ambas bebidas son sustitutas entre sí, por lo que sin gravamen al vino el precio de esta bebida iba ser más económico del de la cerveza, por lo que las ventas de cerveza iban a mermar para mudarse a las opciones de las bodegas.

Las modificaciones en el borrador de la reforma tributaria se terminaron de delinear tras la reunión que el propio Mauricio Macri llevó a cabo con el gobernador Cornejo.

Los bodegueros venían advirtiendo sobre el impacto negativo que tendría imponer impuestos internos (se pretendía el 10%) a un sector cuyas ventas locales vienen en baja. "No es un triunfo del lobby empresario, en verdad para nosotros es ganar apoyo de los gobernadores a la reforma tributaria, haciendo pocas concesiones", justifican en el Palacio de Hacienda.

Con esto, el objetivo final que tiene Macri en toda la avanzada de reformas que quiere tener aprobadas en 2018 está a punto de lograrse: conseguir que el déficit fiscal baje del 4,5% de este año al 3,2% para el próximo ejercicio.

Para esto, el Presidente habilitó en su regreso de Nueva York la posibilidad de negociar con los representantes de las provincias la baja de algunos impuestos a productos regionales (vinos y espumantes, además de las cervezas), a cambio de tener los votos en el Congreso para aprobar el resto de la reforma impositiva, las modificaciones en la relación con las provincias y en el cálculo para pagar las jubilaciones durante 2018 (de movilidad jubilatoria se pasaría al IPC).

Este último punto es el que fiscalmente más reducción del gasto le permitiría al Gobierno con un total aproximado de $100.000 millones. Si todo esto finalmente se plasma en el Congreso, Macri habría conseguido en una tarde de negociaciones cruzadas más de la mitad de todas las reformas que quiere tener aprobadas durante el próximo año.

Todo esto, además, con el compromiso de las provincias de un serio programa de reducción del déficit fiscal, comenzando ya en 2018. Las provincias deberían hacer un esfuerzo fiscal el año próximo del 0,8% del PBI.

La generalización de los brotes verdes para configurar un cuadro general de reactivación no exime de advertir la dificultad de corregir el desmesurado déficit fiscal que está obligando a tomar deuda a un ritmo difícilmente sostenible. El crecimiento de la economía no será suficiente para reducir el peso relativo de este desequilibrio en un plazo razonable. Mientras tanto, repercute negativamente en el balance de pagos e impide al Banco Central actuar con éxito contra la inflación.

La inversión, que es el único camino para lograr un crecimiento sostenido, no ha respondido en los dos primeros años como se esperaba. Para impulsarla hacen falta las reformas que remuevan los factores adversos y desalentadores. Entre ellos, el alto costo y riesgo laboral y la enorme presión impositiva.

El elevado gasto público aparece en el centro del problema y por ello el Presidente pidió reducirlo a sus ministros y a los gobernadores. Con sinceridad, expuso ejemplos como el de la Biblioteca del Congreso, que implican un reconocimiento de la inacción de su propio gobierno. Bienvenida sea la sinceridad si ella impulsa la acción correctiva.

En cuanto a la reforma tributaria que se viene, los expertos impositivos que analizan los primeros bosquejos de la reforma que delineó el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, (aún no se conoce la letra chica de los proyectos) aseguran que el punto más importante para las empresas es el de bajar de 35% a 25% la tasa de Ganancias para el caso de destinar a inversiones esos diez puntos de diferencia.

Para los economistas que miran de cerca los números fiscales, el corazón de la reforma es el cambio de actualización de las jubilaciones y pensiones.

Lo destacan porque el pasaje del sistema de movilidad actual a la indexación lisa y llana implicaría el ahorro de $100.000 millones para el Fisco. Dicen que con esa rebaja en la partida previsional, Dujovne se aseguraría la reducción del déficit previsto para 2018.

Por el lado de las empresas y los sindicatos, siguen de cerca cómo quedaría la "cuña fiscal", que es el peso de las cargas del Estado sobre el costo laboral. Este punto está demorado por el desconcierto que generó la forma desagregada en que el Gobierno dio a conocer los cambios que propondrá al Congreso. Es claro que falta una presentación global sobre cómo "cierra" el paquete de medidas que está en danza y la negociación con gobernadores, dirigentes sindicales, empresas y el Congreso de la Nación.
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