A Fondo Domingo, 19 de agosto de 2018

La inesperada revolución que recorre la Argentina

No la conducen ni esclarecidos sociólogos de izquierda, ni gremios, ni militantes de los nuevos grupos sociales, ni trotskistas de salón

El país está viviendo una revolución inesperada y la está protagonizando un grupo de empresarios.

Ni obreros, ni estudiantes, ni militantes esclarecidos de izquierda, ni mucho menos piqueteros repentistas.

Un desfile incesante de empresarios vinculados al rubro de la construcción están admitiendo ante la Justicia lo que hasta hace algunas semanas era un imposible.

Están aceptando ante el juez Bonadio y el fiscal Stornelli que han sobornado con plata negra a funcionarios del Estado para ser favorecidos con licitaciones millonarias direccionadas.

El devenir

Y le están dando la razón a lo que con paciencia oriental escribió en los cuadernos Gloria Oscar Centeno, un ex suboficial principal del Ejército, quien durante años ofició de chofer de Roberto Baratta, mano derecha del megaministro Julio De Vido.

Gente inteligente como la ensayista Beatriz Sarlo llegó a descalificar los cuadernos porque "un chofer no puede escribir con esa caligrafía".

Después se supo que Centeno cuando fue militar escribía todos los días haciendo informes sobre su actividad.

Durante casi todo el kirchnerismo Centeno vio un ir y venir de bolsos con dólares que iban a parar a la residencia de Olivos, al departamento de los Kirchner en Recoleta, a pisos en Puerto Madero, a cuevas de dinero para blanquear esos dólares, a despachos de la Casa Rosada, incluso -según dichos de Juan Manuel Abal Medina- a la oficina que ocupaba el rey de los asesores del PJ, el mendocino Juan Carlos Mazzón, ya fallecido.

Los carteles y los chinos

Los empresarios -ahora memoriosos- están aceptando no sólo que han delinquido, pero obligados según ellos por las circunstancias del país, sino que en realidad no creen en el capitalismo ni en el mercado.

He ahí un gran dato.

No aceptan competir limpiamente. No quieren correr riesgos. Son adeptos a la cartelización, es decir a los acuerdos turbios entre empresas del mismo sector para reducir o eliminar la competencia.

Descreen de conceptos que hacen al basamento de la economía liberal, que es la que permite la existencia del empresariado.

¿En qué telón de fondo se vienen moviendo esos empresarios de la construcción?

En el de 75 años de peronismo.

Cerca de un siglo en el que se cimentó la idea de que debía haber un empresariado nacional que acompañara las políticas populares, ya que esa era la forma de que recibieran obras.

Y el peronismo, retornos.

El régimen comunista de China no pudo generar riqueza hasta que estableció un régimen liberal para su economía.

Todo lo demás lo dejó en manos del comunismo . Lo cual es una canallada porque el liberalismo también es político. No hay liberalismo sin elecciones libres, sin división de poderes, sin prensa independiente, y sin libertades civiles.

La pata local

El viernes pasado el empresario mendocino José Cartellone dijo en un encuentro de la Asociación Empresarial Argentina que las coimas son un problema de la sociedad.

Y, tratando de ser más específico, Cartellone expresó que las coimas son un problema cultural.

Una primera lectura nos indicaría que Cartellone está afirmando que la sociedad es la que ha sido corrompida. Y que ellos, o algunos de ellos, como parte de esa sociedad actúan en consecuencia, que es como querer licuar la responsabilidad de los empresarios de la construcción que coimearon a los políticos durante la "década ganada" y antes también.

Entre ellos

En el caso concreto de la empresa Cartellone, quien la involucró en este rumboso mambo de "los cuadernos de las coimas" fue otro empresario.

Estamos hablando de Carlos Wagner, quien fue presidente de la Cámara Argentina de la Construcción durante el kirchnerismo.

Wagner, que ahora es "imputado arrepentido" en la causa de los cuadernos, mencionó a la firma mendocina Cartellone entre las del "club" que era beneficiado con el sistema ilegal de "retornos" con fondos públicos.

Otro ejecutivo de primer nivel de Mendoza, Francisco Valenti, ex número uno de la firma Pescarmona, sigue apresado acusado de haber entregado casi tres millones de dólares en coimas.

Los quebrados

Cuando Valenti declaró ante el juez (a su regreso de unas vacaciones soñadas por destinos exóticos de Asia) no quiso asumir la condición de arrepentido. Y después no habló más. Ni siquiera lo hizo su abogado para defenderlo.

Lo mismo le había pasado al revoleador de bolsos José López, otro de los funcionarios vip de Julio De Vido, que ahora "se quebró" y pidió declarar otra vez.

El viernes, durante más de 7 horas, dio información que le hizo caer la mandíbula a más de uno en el juzgado de las coimas.

A todo esto sigue siendo un misterio la situación de Enrique Pescarmona, ex factótum de Impsa, a quien todos miran para que diga su verdad.

Pescarmona, de quien no se sabe ni dónde está, ha hecho saber que cuando vuelva a la Argentina se pondrá a disposición del juez.

Telón

La coima es un problema de la sociedad. Es un problema cultural. Y el kirchnerismo propició esa forma de delinquir. Pero no tiene la misma responsabilidad el ciudadano de a pie que el empresario que coimeó al funcionario. Ni que los funcionarios que recibieron la plata sucia con la que se enriquecieron al punto del escándalo.

Entonces digo: empresarios, ¡hasta la victoria, siempre!

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