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domingo 21 de enero de 2018

La extraña sensación con la que se va el Papa

Los mendocinos todavía estamos esperando que Francisco hable con claridad sobre los atropellos a alumnos sordos en el Próvolo

Es "un fenómeno que infecta todo. Es un virus social que es necesario combatir. Es la corrupción que se expande por América Latina".

La definición es de un dirigente porteño y peronista llamado Jorge Bergoglio, pero que el mundo conoce con el nombre de Francisco.

El ex obispo de Buenos Aires se refiere así al virus de la corrupción, que ataca a la política de la región sudamericana.

Sin embargo, el Pontífice no califica con la misma virulencia y precisión –ni con hechos más concretos– esa otra corrupción que desde hace siglos corroe a la Iglesia Católica.

Una corrupción que está patentizada en los abusos sexuales cometidos por curas de todas las jerarquías contra niños y adolescentes.

La mancha de tuco
Es cierto que Francisco y su antecesor, Benedicto, admitieron que esos abusos son una mancha indeleble sobre el cobertor con que busca cubrirse la Iglesia. Pero esa intención está demorada y no se traduce en acciones concretas.

Los mendocinos, por ejemplo, todavía estamos esperando que Francisco se expida con claridad y contundencia sobre los atropellos a la integridad física y psicológica de chicos sordomudos en el instituto Próvolo, de Luján de Cuyo, un colegio católico convertido en verdadera casa de los horrores.

La lección
El Papa argentino vuelve hoy al Vaticano con una sensación de irse con la cola entre las piernas.
Su paso por Chile estuvo muy lejos del objetivo de llegar para volver a enamorar a la grey católica trasandina, desencantada de la Iglesia desde hace bastante tiempo.

Si Francisco vino con la idea de pasear su porteñismo canchero por las tierras de Pablo Neruda y Gabriela Mistral, una buena parte de los chilenos lo trató con esa misma frialdad y seriedad con que él suele tratar a liberales como Macri o Piñera.

Y muchos chilenos fueron inflexibles en remarcarle al Pontífice que no está haciendo lo que había prometido para separar de la Iglesia a los prelados acusados o sospechados de agresiones sexuales a menores.

En el mismo barro
Hubo un quiebre cuando Francisco se paseó y ofició misas junto al obispo de Osorno, Juan Barros, a quien numerosas víctimas han señalado como el principal encubridor del cura y "chacal" Fernando Karadima.

En Chile, Karadima es un apellido conocido por todos. Resume todo lo negro de la Iglesia.

Karadima ya fue condenado por el Vaticano como el autor de numerosas y brutales agresiones a chicos y jovencitos de la alta sociedad chilena.

"No hay una sola prueba en contra. Todo es calumnia. ¿Está claro?", les espetó enojado Francisco a los que tuvieron el tupé de preguntarle por qué la Iglesia apaña al obispo Barros, al que todos señalan como el principal encubridor de aquel depredador sexual.

Sin selfies
Una de las víctimas de Karadima, Juan Carlos Cruz, le explicó con sorna al Papa, vía Twitter, que cuando ese personaje macabro abusaba de él y de otros niños, no existían todavía las selfies para documentar un momento tan singular.

En Chile, hay alrededor de 80 casos que han sido denunciados en los últimos tiempos contra abusadores y que le han significado a la Iglesia Católica una crisis de legitimidad.

Si a mediados del siglo XIX Marx y Engels decían que el comunismo recorría Europa como un fantasma, Francisco ha comprendido ahora que otro fantasma impregna la piel de la Iglesia Católica en el mundo: el fantasma de los depredadores sexuales con sotana.

Fervor, se necesita
Si bien Perú recibió luego al Papa con un fervor que no hubo en Chile (en Iquique, por ejemplo, esperaban a 400.000 personas y costó reunir a 50.000), está cantado que este viaje quedará marcado por lo que pasó en Chile.

Y es simple: noticia es aquello que no está dentro de lo habitual. Lo que no se esperaba.

De la misma manera que es noticia que la presencia de argentinos no fue la esperada en los actos masivos de Santiago, Temuco e Iquique.

El millón de argentinos que supuestamente iba a cruzar por los 14 pasos fronterizos que nos separan de Chile, para estar junto al argentino más global, fue solo una ilusión.

¿Qué tomo para el virus?
En la Argentina, en tanto, seguimos de cerca el devenir del "virus social y político" de la corrupción.
Cada vez son más los Josecito López que, a su manera, revolean bolsos con millones de dólares hacia un convento de monjas o hacia cofres de seguridad.

A Florencia Kirchner, hija de Néstor y de Cristina, que nunca trabajó, le encontraron más de cuatro millones de dólares en una de esas cajas. Nunca había declarado ese dinero.

Los hijos de Lázaro Báez, el famoso testaferro de Néstor y de Cristina, contaban millones de dólares de la corrupción en La Rosadita, una cueva de dinero negro en una torre de Puerto Madero, mientras se divertían como si fueran niños con juguete nuevo.

Te fuiste al pasto, man
Ahora a un ignoto dirigente gremial porteño de segunda línea, Marcelo Balcedo, del Sindicato de Obreros y Empleados de Minoridad y Educación, le incautaron casi 8 millones de dólares en cajas de seguridad de Uruguay, además de allanarle una mansión en Playa Verde, cerca de Punta del Este, situada en un perímetro de casi 100 hectáreas.

Dirigentes gremiales hipermillonarios (Hugo Moyano, Omar Caballo Suárez, Juan Pablo Pata Medina, Víctor Santa María, que están presos o investigados por la Justicia) están por primera vez con posibilidades ciertas de que sean tratados por la Justicia como ciudadanos comunes y no como miembros de la columna vertebral del peronismo.

Para muchos, peronismo sigue siendo sinónimo de país.

Tanto esos muchachos como el ínclito Papa argentino deberían rever esa idea.

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