A Fondo Domingo, 18 de noviembre de 2018

La danza del que fracasa menos

Ni Mauricio Macri ni Cristina Kirchner pueden presumir de gestiones exitosas. Igual, son los dos que tienen más intención de voto para 2019.

La política argentina se encamina a dirimir su futuro con el metro de la profundidad de sus fracasos. A menos de 10 meses de las elecciones internas, salvo un fenómeno disruptivo al estilo Bolsonaro en el Brasil, los candidatos que aparecen con mayores chances para aspirar a ser presidentes en el 2019 son Cristina Kirchner y Mauricio Macri.

Los dos están emparentados no sólo por el profundo desprecio recíproco que se profesan sino también por los resultados parecidos en materia de desarrollo del país. Claro que hay diferencias sustanciales entre esos dos dirigentes a la hora de ejercer el poder. Aquí no es el tema de análisis. Sin embargo, el resultado a la hora de los índices decisivos del progreso de una Nación con el que terminó una y terminará el otro sus mandatos son parecidos.

Cristina y Macri podrán decir que cuando entregaron la banda a su sucesor en 2015 y 2019 ostentaban una inflación de por encima del 25 por ciento. En el caso del actual Presidente, eso se espera como deseo religioso. Porque luego de haber pronosticado un 10 por ciento hace un año para 2018 el guarismo arañará los 50 puntos. La pobreza, para ambos, pasa el 30 por ciento. La producción, para los dos, frenadas al final de los dos mandatos. Esto es lo que se manifestó al final de sus gobiernos. Es más que obvio que la recesión dramática que se vive hoy, la espiral inflacionaria y la devaluación con escasos precedentes transforman al momento en único. Pero estimando promedios de los valores mencionados, ninguno de los dos dirigentes puede presumir de gestiones exitosas. Así y todo, son hoy los dos candidatos con más intención de votos según las encuestas. La Argentina, se reitera, se debate entre ver quién fracasó menos. No en quién fue el que se acercó más al éxito.

El peronismo está al borde de reconocer que no encuentra cómo disputarle el liderazgo a la dos veces presidenta. Algunos ya han claudicado y comenzaron el besamanos hacia el Instituto Patria con la intención de ser conversos tempranos y aparecen considerados en las listas legislativas. Si hasta de sectores que supieron fustigar a la doctora Kirchner considerándola como traidora a los intereses nacionales y saqueadora de los recursos propios se empiezan a escuchar concesiones. Fernando Pino Solanas, el hombre que no trepidó en descalificar al anterior gobierno, acaba de anunciar que se suma a un frente con el kichnerismo encolumnándose tras la eventual candidatura de Cristina. Impactante. Los que lo rodean, sostienen que Pino quiere sostenerse en la banca de senador nacional por la Capital Federal a la que llegó de la mano, nada menos, que de Elisa Carrió. Pavada de ejercicio de garrocha.

Victoria Donda, también girando hacia el kirchnerismo por, dicen desde su partido, necesidad de enfrentar a Macri ya ha aclarado que no aspira a ningún cargo, para aventar mezquindades personales.

Se miró con este mismo cristal el acuerdo de esta semana entre Miguel Ángel Pichetto y la lugarteniente de Sergio Massa, Graciela Camaño, que les permitió a los dos llegar al deseado Consejo de la Magistratura que nombra y remueve jueces. Y todo con el beneplácito del PJ: Massa se reunió en al menos dos ocasiones con Máximo Kirchner. "Conversamos, eso es todo", dicen. Las dos partes niegan que se haya sentado a cenar a la mesa de Cristina. Para aventar acuerdos, el dirigente de Tigre volvió a decir que el kirchnerismo de la ex mandataria es el pasado. Habrá que verlo.

La idea de una gran interna del justicialismo con todos y todas disputando los cargos cobra cada vez más potencia. La expresión de "el que tenga los votos, será el conductor", permea entre los grupos del llamado peronismo racional (sic) de Urtubey, Schiaretti, Manzur o Bordet. "Y si los votos los tiene ella?", le preguntó este cronista a uno de estos dirigentes. "El que tenga los votos, conducirá", respondió, empezando a desactivar el juego de que Cristina era la mancha venenosa del nuevo peronismo a quien nadie se le quería acercar.

El massismo, sector del partido que más votos parece tener luego del kirchnerismo, cruje merced a dos fuerzas que lo atenazan. Desde adentro, la salida de dirigentes como Felipe Solá o Daniel Arroyo es el resultado de lo descripto. Más allá de cuestiones personales entre el ex gobernador y Massa (las hay), los migrantes dicen que está comprobado que no hay camino del medio entre Macri y Cristina. Seguir pavimentando esa senda es ser funcionales al actual Gobierno. Por el otro lado, desde afuera, las celebraciones del PRO cada vez que se perfilan divisiones del peronismo, los alienta a pensar que hay mucho de esto. Uno de los arquitectos del Frente Renovador se preguntaba esta semana en voz baja cómo Massa podría ganarle una interna a Cristina, reconociendo implícitamente la necesidad de la unidad.

La hipótesis de una ex presidenta que se autoexcluya de la contienda, permitiendo que el peronismo se una es una quimera. No hay en la naturaleza de la doctora Fernández un concepto semejante que se emparente con renunciamientos humildes. Ella cree (¿sin razón?) que es la única que no duda a la hora de oponerse sin matices a Macri. Entre tanto, Daniel Scioli reapareció reclamando su nueva postulación haciendo lo de siempre: no diciendo nada.

El Gobierno solía mirar estos devaneos peronistas con placer de quien reina en la división. El "cuco" de Cristina volviendo sirvió para construir poder, ganar las elecciones intermedias y darle un espacio de tolerancia a una gestión que dinamitó todas sus promesas. El jueves que pasó se cumplió un año del debate presidencia en donde Macri aseguró que no iba a devaluar, ni aumentar tarifas y planeaba eliminar el Impuesto a las Ganancias. La explicación meteorológica del mundo contra la Argentina a través de tormentas, resulta escasa. Hoy en Balcarce 50 miran preocupados esta reunificación incipiente del PJ unidos por el espanto a Cambiemos antes que por el amor a los ideales. El peronismo es una maquinaria perfecta de poder, deberían saber.

Los esfuerzos de Margarita Stolbizer, los socialistas santafesinos y algunos otros partidos que buscan la tercera vía parecen destinados a la patriada testimonial. De paso: Stolbizer es de las pocas que voluntariamente se fue de los cargos teniendo asegurada su banca. No es poco. Quizás sí para un país que se debate entre el fracaso menos doloroso antes que en las aspiraciones ejemplares de un país mejor en serio.

Más noticias