A Fondo A Fondo
domingo 24 de diciembre de 2017

La conductora de TV mendocina que hizo carrera en el exterior y no olvida sus raíces

Comenzó a los 18 años, haciendo una pasantía, y al año conducía y producía programas en El Siete de Mendoza. Desde allí, su carrera no paró: se fue a vivir a Buenos Aires, trabajó en América, hizo programas en China y en Japón y emigró a Guatemala. Se trata de Guadalupe Gómez, una periodista mendocina que trascendió en los medios internacionales pero que no pierde de vista sus orígenes.
Actualmente reside en Miami y se dedica a trabajos humanitarios: fue la encargada de implementar el método CONIN en Guatemala y también colabora con Cimax Fundation, del argentino Nicolás García Mayor, quien fabrica módulos habitacionales que funcionan como viviendas en los campos de refugiados.

Dice que volverá a la profesión, pero que ahora la prioridad son sus hijos, Manuel (5) y Felipe (3), y su marido, el empresario guatemalteco Manuel Córdoba. Actualmente reside en una isla de Miami y cada tanto vuelve a Argentina, porque extraña los abrazos afectuosos de su familia, amigos y el mate. Visitó la redacción de Diario UNO y relató cómo ha sido su enriquecedora vida profesional en el exterior.

–¿Cómo empezaste tu carrera en los medios locales?
–A los 18 años entré a Aconcagua Televisión por medio de una pasantía. Al año siguiente ya estaba trabajando en El Siete, con Laura Carbonari. Hacíamos Max Mujer, después arranqué con Boomerang y en otro programa con Sandra Scifo, Mujer Mujer. También comencé a trabajar con la productora Laura Mazzei, hicimos Media Mañana Magazine y otros programas.

–¿Cuál fue el más significativo de tu carrera?
–Boomerang marcó mucho mi época. Después de Boomerang me empezaron a llamar de Buenos Aires para trabajar. Era de la onda de El Rayo, lo producía Atilio Spinello. Cuando comenzó lo conducía Carina Bruzzone y después ella dejó la conducción, hicieron un casting y me llamaron a mí.

–¿Fue una época de mucho trabajo para vos?
–Sí, en esa época hice siempre dos programas, Boomerang y Max Mujer, Mujer Mujer y el noticiero, y luego me fui a trabajar a Buenos Aires.

–¿Cómo fue trabajar en Capital?
–En realidad me fui de Mendoza en el 2004, a Telemundo, en Miami. En el 2005 volví al país, me instalé en Buenos Aires y comencé a trabajar en América. Hice el noticiero del mediodía y luego Magazine con Horacio Cabak y la noche con Rolando Graña. Luego me contrató Daniel Hadad para hacer un emprendimiento en Japón y en China.

–¿Cómo fue trabajar allí?
–Pude porque no tenía mi familia formada aún. Me llamó Gerardo Rozín, el era mi productor del programa de la tarde, el que hacía con Cabak, porque yo me había vuelto a Mendoza por motivos personales. Lo primero que hice fue comunicarlo en el canal, lo hablé con Daniel Vila y él me dijo que le diera para adelante, me alentó para seguir con mi carrera afuera. Yo siempre tuve mucha conciencia de que este multimedio ha sido el que me impulsó en mi carrera, crecí acá con muchísimo cariño y apoyo siempre. Cuando quise estar en la provincia me dieron la oportunidad y cuando quise volar, me dejaron hacerlo.

–¿Qué pasó después de hacer ese programa?
–Luego regresé a trabajar en Mendoza, quería hacer una pausa. Me volví a reunir con las autoridades de Grupo América, y aunque estaba la posibilidad de irme a Buenos Aires, quise volver a El Siete. Arreglamos para hacer dos programas A la mañana y A la tarde. Fue entre el 2007 y el 2009. Allí me fui a Guatemala.

–¿Te fuiste a trabajar o por otro motivo a Guatemala?
–Sólo me fui de vacaciones, a visitar a un amigo, Ricardo García Santander, que es mendocino. Me ofrecieron la jefatura de producción de Guatevisión. Hay dos grupos, uno muy fuerte Prensa Libre, y el canal de ese grupo es Guatevisión, que es líder en Guatemala. Me quedé en ese puesto, Ricardo es el gerente de Producción de ese canal.

–¿Qué significó esa experiencia para vos?
–Un gran desafío, porque yo siempre produje mis propias notas, pero allí era a gran escala. Además, conduje un programa denominado Tú eres Guatemala. Al principio comenzamos buscando una conductora, y no la encontramos, entonces lo hice yo. La dinámica del programa era viajar con un guatemalteco reconocido y conocer cada rincón del país.

–¿Sentís que Guatemala es tu segundo país?
–Conozco Guatemala más que Argentina, primero porque es pequeño, y después porque me dediqué a viajar por el interior de Guatemala durante tres años y medio. Y ese fue un proyecto que se originó en Guatemala, pero que salía para todo Centroamérica, Estados Unidos y Canadá. A través de Tú eres Guatemala, llegué a Univisión. Después no pudimos seguir avanzando porque decidí hacer una pausa para formar mi familia.

–¿Qué te dejó esa experiencia de viajar por el interior de Guatemala?
–Me di cuenta de las condiciones en las que vivía la gente de escasísimos recursos, así fue como cuando volví a Mendoza me fui directamente a hablar con Abel Albino y le dije "tenemos que llevar CONIN a Guatemala". Actualmente sigo trabajando como embajadora de la fundación en ese país.

–¿Cómo trabajan con la fundación?
–Lo que hacemos es instaurar el modelo CONIN en distintas fundaciones de Guatemala capital y del interior que trabajan con niños en un abordaje integral.

–¿Funcionó bien el modelo local en un país diferente?
–La gente de Guatemala ha venido a capacitarse acá y nuestras fundaciones abrazan el modelo CONIN. Funcionan exactamente igual que aquí.

–¿Cómo se mantienen, reciben asistencia del Estado?
–No, todo lo hacemos a pulmón; tenemos gente que aporta pero apuntamos a que sea una política de Estado. En eso hay un equipo de trabajo que se está ocupando.

–¿Entonces alguna forma de acceso al gobierno tienen?
–Sí, pero necesitamos que lo tomen seriamente, como una decisión de Estado, que esto se multiplique y se sostenga en el tiempo.

–¿Seguís trabajando en esto?
–Yo apoyo desde afuera, pero a mi marido, que es gerente de una empresa multinacional de bebidas gaseosas, lo trasladaron a Miami, y este es mi segundo año de vivir allí. Estábamos formando un centro CONIN en Guatemala y conocí a una persona maravillosa, Nicolás García Mayor (N.d.R.: un reconocido diseñador de casas de emergencia para refugiados, uno de los diez jóvenes argentinos más destacados del mundo, que fue entrevistado por Diario UNO).

–¿Cuál es el trabajo que hacen juntos?
–El vive en México y yo lo apoyo con la comunicación desde Miami. Necesitamos fondos. Teniendo todas las posibilidades, viviendo en España, trabajando en una gran empresa, él dijo que quería trabajar en esto. Cuando se enteró de que estaba en el proyecto de CONIN me mandó un mail y quedamos en encontrarnos. Formamos ese centro y después cada uno se fue a vivir a un país diferente.

–¿Ha avanzado ese proyecto de las casas para refugiados?
–Como te digo, se necesitan fondos porque la ONU quiere poner en marcha el proyecto, adoptar el sistema Cimax para todos los campos de refugiados por distintas situaciones. Pero los estándares son tan altos que hay que hacer primero las pruebas y testear el producto. Se necesita mucho dinero. Para que no solo sea un gran negocio para quien decida quedarse con él, porque más allá de haber sido pensado para dar respuesta a un problema inmediato, es una gran idea para camping y una solución habitacional muy práctica.
–¿Cómo fue que conociste a tu esposo y decidiste quedarte a vivir en otro país?
–Yo ya me estaba volviendo a Mendoza y quería tener una familia. Había vivido en muchos lugares y conocido muchos países, y con más recursos o menos recursos, todo es parecido. Pero el tema es que formar una familia para mí era muy importante. Ya había emprendido la vuelta, iba a dejar el canal y el departamento que alquilaba. Fui a saludar a mis vecinos que habían sido papás, y me dicen "justo te vas a ir ahora que queremos presentarte a un chico" y le dije, "¡ay Jorge, tres años y medio acá y ahora me querés presentar a alguien!".

–Y supongo que aceptaste.
–Al principio le dije que no, después que sí. Bueno, lo cierto es que a los dos días conocí a Manuel Córdoba, quien hoy es mi marido y no nos separamos más.

–¿A qué se dedica él?
–Es mercadólogo, trabaja en una multinacional de bebidas gaseosas. Es guatemalteco, y nosotros pedimos un movimiento de país. Y él aplicó. Y así nos fuimos a Miami. Fue una experiencia maravillosa.

–¿Tus hijos se adaptaron bien?
–Todo perfecto, Manuel y Felipe nacieron en Guatemala. Ya hace un año y medio que vivimos en Miami. Llegamos para ponerle a Donald Trump un abanico latinoamericano (se ríe).

–¿Tenés proyectos laborales?
–Seguimos con el tema CONIN en Guatemala, Cimax Fundation con Nicolás. Pero quiero hacer algún emprendimiento comunicacional que me deje tiempo para estar con mis hijos, que son mi prioridad. El tiempo disponible es cuando los chicos están en la escuela, en la mañana. Yo a las 2 de la tarde ya estoy con ellos el resto del día.

–¿Algún desafío profesional, algo que quieras hacer cuando los chicos sean más grandes?
–Siempre hice lo que quise a nivel profesional, y lo que jamás me imaginé. Quise irme a Buenos Aires, pero cuando me encontré grabando un programa en una plantación de arroz en Japón me pregunté "¿qué estoy haciendo acá?". Jamás me imaginé eso, como tampoco el hecho de recorrer con una cámara kilómetros y kilómetros por el corazón de Guatemala, México, España o Estados Unidos.

–¿No tenés asignaturas pendientes en cuanto a lo profesional?
–Siento honestamente que el tiempo que tengo con mis hijos se me va de las manos, es corto. Los chicos crecen muy rápido y vuelan. Mucha gente lo ve de la forma contraria a como lo veo yo, me dicen "los chicos crecen y se van, no dejés tu profesión", yo creo que es al revés. Ya voy a tener tiempo de seguir con mi carrera, y de hecho sé que voy a volver a trabajar.

–Te escuché decir que los mantenés alejados de la tecnología.
–Para mí el gran desafío de hoy por hoy es mantenerlos desconectados y conectados con lo físico. En mi casa llegamos y vamos dejando los teléfonos. Los chicos hacen natación y otros deportes y vivimos en la playa, hacemos esto y mucha naturaleza. Yo quiero que descubran su vocación. Como me pasó a mí. Mi mamá me dio dos buenos consejos: uno fue pedirme un título universitario de algo que me apasionara, porque si no iba a ser una infeliz el resto de mi vida, para ser feliz y para impactar positivamente en mi entorno, porque eso es lo que genera la gente feliz.
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