A Fondo - Guaymallén Guaymallén
domingo 14 de enero de 2018

La bella mendocina que es furor en las grandes pasarelas internacionales

Cuando Elina tenía 12 años, un día fue con su papá a un centro comercial de Guaymallén. Ese mismo día y en el mismo lugar, se estaba desarrollando un concurso para elegir a una niña para una publicidad. "Lo volví loco a mi papá, quería participar". De hecho, lo hizo y ganó el concurso.

En ese momento, Elina no sabría que ese era el comienzo de una carrera que la llevó a recorrer el mundo, de la mano de diseñadores de renombre como Carolina Herrera, Jorge Ibáñez y Gabriel Lage; que iba a ser la musa de estos dos últimos y que su trayectoria, que comenzó en Mendoza con Gabriel Canci, la convertiría en una de las modelos de alta costura más requeridas en las pasarelas nacionales e internacionales.

Hace 8 años que emigró de su Santa Rosa natal a Buenos Aires, para cumplir su deseo, ese que tenía desde los cuatro años, cuando se disfrazaba con la ropa y los tacos de su mamá, para después mirarse al espejo. Ella quería desfilar.

La vida le cambió para siempre pero cada tanto, vuelve a Mendoza, y recuerda cómo comenzó todo este sueño, que se fue convirtiendo, en base a su persistencia, en realidad.

–¿Cómo comenzó tu carrera?
–En Mendoza arranqué con Gabriel Canci a los 14 años. Al principio fui modelo de la marca infantil Candy. Comencé haciendo fotos publicitarias. Hice campañas en Chile al mismo tiempo estudiaba en la escuela de modelos de Canci. Norma, su mamá, me enseñó todo: a caminar una pasarela, a pararme frente a una cámara. La recuerdo con mucho cariño.
Yo siempre supe lo que quería hacer. Desde los 4 años decía: "Voy a ser modelo, me voy a ir a vivir a Buenos Aires y voy a viajar por el mundo". Como vivíamos en Las Catitas, mucha gente me decía, "Elina, eso es imposible". Pero yo lo sostuve hasta que lo logré. La perseverancia es todo, es seguir luchando por lo que uno quiere, hasta el final.

–¿Jugabas a ser modelo?
–¡Claro! Me maquillaba, me peinaba sola, cuando mi mamá dormía, me metía a su habitación y le sacaba ropa, me maquillaba y me iba a lo de un vecino a desfilar. No me perdía un desfile por televisión.

–¿Cómo fue irte a Buenos Aires?
–Cuando me fui a Buenos Aires, seguí estudiando Comunicación Social, que había empezado en Mendoza. Estudié en la UBA pero me faltaron dos años. Lo que pasó fue que empecé a trabajar como modelo y me salió la oportunidad de ir a hacer una campaña de Levis en China y Japón. Fui la imagen de la marca con esa publicidad, en la que participaban cinco varones y yo era la única mujer. Fue muy importante para mi carrera: para ganar ese lugar hice un casting con 275 chicas y lo gané.

–¿Seguiste preparándote para modelar?
–Hice muchos cursos: expresión frente a cámara, teatro... De hecho, he participado en películas como actriz (ver aparte). Estudié con Roxana Randón (N de R: es la madre del actor Leonardo Sbaraglia). Es algo que me gusta mucho hacer.

–¿Cómo fueron tus primeros tiempos en Capital Federal? ¿Surgieron muchas propuestas de trabajo?
–Fue difícil. Yo venía de un pueblo muy chiquito y toda mi familia estaba allá. Obviamente tuve oportunidades, pero me costó adaptarme, aunque tenía tantas ganas de crecer, de viajar. Hice un gran esfuerzo. De todas maneras no es que llegás y de repente tenés todo: tapas de revista, desfiles, convocatoria. No es así. La tuve que remar. En un comienzo vivía en una residencia de monjas, tenía que cumplir horarios. Después me mudé con una amiga y, finalmente, conseguí irme a vivir sola. No es fácil pero te vas adaptando. Lo importante es que no pierdas de vista lo que querés ser en la vida.

–¿Tu familia te respaldó en tu decisión?
–Siempre sentí el apoyo de mi familia. Cuando me quise venir a Buenos Aires, mi mamá me acompañó los primeros días ¡creyó que me iba a volver! Pero nunca lo hice.

–¿Trabajaste para alguna agencia?
–Ese fue un tema complicado: yo conocía a Ricardo Piñeiro, que me vio una vez en la agencia de Canci, cuando era muy chica. Pero esa agencia cerró, como también la de Pancho Dotto. Yo trabajé en Muse y en Multitalent. Ahora estoy sola, soy independiente, porque ya estoy más afianzada. Tengo un manager que me cierra los contratos, pero, en general, los elijo yo.

–¿Actualmente te sentís más identificada con el modelaje o con la actuación?
–La verdad es que las dos actividades me gustan, tanto ser modelo como ser actriz. Pero actriz voy a poder ser toda la vida, y el modelaje tiene un tiempo límite. Por eso en este momento estoy más abocada a eso.

–¿Volverías a vivir en Mendoza?
–Si no fuera modelo, sí. Pero mi corazón está dividido, la mitad acá en Buenos Aires, la mitad allá. Voy seguido para ver a mi familia y hace poco estuve en el desfile de Canci en el Cerro de la Gloria. Pero mi vida laboral está acá y la disfruto mucho.

–¿Alguna vez te ofrecieron ser como candidata para la Vendimia?
–¡Más de diez veces! Pero nunca acepté. No me veo el perfil de reina, ese estilo angelical no es el mío. Nunca quise ser reina, aunque me encanta la Fiesta de la Vendimia. Pero yo pensaba "Si salgo reina, no voy a poder seguir mi carrera". Cuando pasó esto yo ya tenía en mi cabeza venirme y eso fue lo que hice.

–¿Qué experiencia te dejaron tus viajes?
–Me enriquecieron muchísimo como persona. Por ejemplo, cuando viví en China me shockeó que la cultura fuera tan diferente. En Shanghai casi nadie habla inglés, tuve que aprender palabras en chino mandarín para comunicarme. Cuando uno está en otros país, tiene que acostumbrarse a su cultura, y yo me adaptaba.
Cada lugar adonde voy lo disfruto como si fuera la última vez que estoy ahí. Los viajes ayudan a abrir la cabeza, a disfrutar de experiencias nuevas.

–¿En qué países has trabajado?
–Hice esas campañas para China y Japón, pero también he trabajado en Chile, París, México, Perú, Tailandia y Nueva York. A todos estos países siempre fui a modelar. En Chile hice publicidad, cine y también pasarela.

–Fuiste musa de dos diseñadores muy importantes ¿cómo fue esa experiencia?
–El primero que me eligió como su musa fue Jorge Ibáñez por seis años. Era un montón porque ¡nadie había hecho una campaña tan larga!
Después tuve un golpe de suerte con Gabriel Lage, excelente diseñador al que le costó ser reconocido. El año pasado saltó a la fama y se volvió mediático. Hoy es un boom en el mundo de la moda: vistió a Juliana Awada y a la reina de España Letizia Ortiz.
En México, Carolina Herrera me eligió para abrir y cerrar su desfile. Fue en el 2014. Estas experiencias me marcaron.

–¿Cómo te llevás con el ambiente del modelaje? ¿Es muy competitivo?
–Totalmente. Suceden cosas que no podés creer. A mí, por ejemplo, en un Fashion Week de Mar del Plata, me empujaron en la pasarela para llegar antes y me caí. Otras veces, me escondieron los vestidos o los zapatos antes de una pasada. Ese tipo de situaciones realmente suceden.
–¿Y cómo las tomaste?
–Mirá, yo tengo una filosofía: no compito con las demás modelos. Compito conmigo misma. No me gusta lo mediático. En mi ambiente yo soy conocida, he ganado el premio "Tijeras de Plata" como mejor modelo Argentina. Pero no me interesa ser mediática por algún escándalo, ese no es mi estilo.

Fuente:

Más Leídas