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domingo 17 de junio de 2018

La bailarina y actriz feminista que milita desde el arte contra la censura del cuerpo

A los cinco años, Romina Iniesta (que hoy tiene 37 y su vida dedicada a lo que le apasiona hacer, que es la danza, el teatro y sus distintas conexiones con el cuerpo ) conoció a Madonna e inmediatamente se convirtió en su fan. "Mi madre me regaló el caset y mi padre me regaló los posters. En esa época estaba muy mal vista, y yo iba con la música y les enseñaba a mis amigas los pasitos. Fue como una inspiración para mí", contó, y dijo la frase que dio origen a su vocación transgresora: "Lo que hacemos de chicas nos define cuando somos grandes". Por cierto, así fue.

Romina comenzó a hacer un arte corporal distinto y basado en la libertad y en contra de la censura del pezón femenino. Sus creaciones y las obras en las que participa tienen el común denominador de la danza libre, el teatro under como forma alternativa de expresión corporal.

Esta sanjuanina que a los 7 años se vino a vivir a Mendoza, no hace arte, sino que lo vive y lo manifiesta.

Así sucede cuando actúa en una película, estrena una obra o realiza una performance, su objetivo es transmitir algo que al público le quede y lo haga pensar. Ella sostiene que si esto sucede, la creación artística no habrá sido en vano.

–¿Cómo comenzó tu militancia feminista a través del arte?
–Lo mío comenzó con Censurarte, un arte relacionado con situaciones que les han tocado vivir a las mujeres, que para algunos no son importantes pero para mí lo son. Porque tienen que ver con la diferencia de los derechos entre varones y mujeres. A mí me parece que el machismo es la violencia de un hombre hacia una mujer, y el feminismo es una lucha por la igualdad.

–¿Notás que las cosas han cambiado en los últimos tiempos?
–Puede ser; hoy por ejemplo los varones se cuidan más al momento de opinar, se informan más. Hemos tenido también un pensamiento machista en este sentido, por estar inmersas en una sociedad patriarcal, por todo lo que hemos sido sometidas. El feminismo es la pérdida del miedo de la mujer a este sistema opresor.

–¿Podés reflejar esto en lo que hacés?
–A través de Censurarte he planteado el tema de la censura de la teta en tres dimensiones. La primera tiene que ver con no poder dar de mamar en la vía pública en cualquier espacio. Me parece extraño e ilógico, dar de mamar es el acto de amor más maravilloso de una mujer. La teta es amor. Más allá de todo lo demás que tenga, sexual, erótica. Lo principal es ver que ahí está esa relación, ese acto de amor. Lo que yo plantaba con Censurarte, era eso. Una cosa es que te tapés por tu propio pudor, y otra por los demás.

–¿Lo militás en tu vida esto?
–Yo, por ejemplo, hago topless porque me gusta, y no es que te quiero mostrar una teta, sino que yo hago topless porque me siento libre. No entiendo cuál es la gran diferencia entre el cuerpo de una mujer y el de un varón. No entiendo cuál es la gran diferencia entre la teta de un hombre y la de una mujer. En YouTube hay un video que muestra cómo hacerse los controles mamarios, y en lugar de palpar la teta de una mujer, la demostración la hacen con un varón, más bien gordo, por el volumen.

–¿Te parece que el hecho de que la teta esté censurada es ilógico?
–Es una demostración de la mentalidad retrógrada, sobre todo de los varones. Si hacés un desnudo artístico, con tu malla, si tenés una edad acorde a lo que querés mostrar, no tenés porqué estar atemorizada porque si pusiste una foto de este tipo en las redes te vayan a violar en la puerta de tu casa. Es un derecho nuestro, lo que pasa es que los hombres siempre se han creído que nosotras tomamos determinadas decisiones por ellos. Hasta vestirnos. Yo no me visto para que un varón me mire, me visto para estar bien.

–Entiendo, pero la verdad es que las mujeres hemos colaborado en esto.
–Por supuesto, ese es el problema que hemos tenido como mujeres y ellos como hombres, de llevar las situaciones por estos caminos. Y no es así.

–¿Hacés un culto al cuerpo de la mujer libre?
–Exacto, el cuerpo de la mujer libre, en aspectos sociales que me parece que ya tendrían que estar aceptados desde hace mucho. Para los españoles, que una mujer esté en tetas no significa nada, yo estuve hace poco en Barcelona, y se puede disfrutar de estar en la playa tranquila haciendo topless sin sentir que estoy mostrándole nada a nadie, y que nadie me está mirando.

–¿Cómo llegaste a hacerte este planteo?
–Cuando me hice este planteo estudié un poco cómo fue la historia del hombre para dejar de usar malla enteriza. Hasta 1930, el hombre usaba malla enteriza. De repente en una playa de Nueva York, tres hombres se sacan la camisa en la playa, y los meten presos porque no podían estar exhibiéndose. A raíz de esto, surgen 42 hombres a pedir que los saquen y a sacarse las camisas, y a estar libres en la playa. Totalmente normal y natural. En 1936. Recién en 1950 sale la ley después de esta lucha, y esta situación que se vivió que fue muy escandaloso. Hombres luchan por la ley para naturalizar que el hombre solo usara la parte de abajo de la malla. Lo que ocurrió fue que naturalizaron el pezón del hombre. Después de 20 años sale esta ley.

–Esta fue una lucha de hombres.
–Como hoy la lucha feminista va por la igualdad de esto. O sea, no es que quiero ser igual que un hombre, sino tener el mismo derecho de poder salir a la calle, libre y tranquila, esté vestida, no esté vestida, o como esté, porque nadie tiene el derecho de quitarme la vida porque yo salga con una faldita corta. O porque vaya sin mi parte de arriba a la playa, o porque pongo una foto desnuda en la red. Entonces se podría decir que "ah la violaron porque ella estaba provocando" o la acosan sexualmente a través de la red porque te está dando permiso. El otro se cree que tiene un derecho sobre vos. Eso me parece algo aberrante.

–¿Cuál es el tercer punto?
–El tercer aspecto que quiero destacar es la censura explícita que existe en las redes con respecto al pezón de la mujer, no se censura la teta en sí sino el pezón. Es algo absurdo. El pezón del hombre y el de la mujer son exactamente iguales. El volumen es lo que los diferencia. Es ilógico censurar en las redes el pezón, que es la misma aureola que tienen los hombres. Es una cosa de locos. Esos tres motivos fueron los que me llevaron a hacer el Censurarte.

–¿Cuál es el sentido que le has querido dar?
–Yo hago arte con mi teta, que es lo mismo que decir que hago arte con amor, mi teta para mí es amor. Entonces, si no puedo mostrar mi teta ni en las redes, ni en la playa, ni dando de mamar, voy a hacer arte con mi teta. Voy a hacer un arte en el que no me puedan censurar. Me ha pasado, he subido desnudos artísticos y me los bajan. Estoy en contra de la censura. No voy a subir una foto mía desnuda, censurada. Va en contra mío. Yo consumo mucho los desnudos artísticos y consumo mucho artistas plásticos que hacen desnudos y no concibo esto.

–¿Creés que algo ha cambiado?
–Creo que sí, yo salgo a la calle y hay una concientización impresionante. Con respecto al acoso callejero, en las redes, con todo lo que era un poquito más fácil de hacer. Hoy escrachás a cualquiera que te manda cualquier cosa. El hombre ya se cuida hasta de decirte qué linda que estás.

–¿Qué es Censurarte?
–Es una experiencia artística, lo he llevado a varias ramas del arte. A mí me gusta mucho el street art, sigo mucho a artistas plásticos, me gusta mucho el vínculo de la danza con otras disciplinas, como la danza aérea. Entonces, lo llevé a la música, a una performance o algo más masivo. Hice un Censurarte con varias mujeres, cantantes, y fue maravilloso. Yo las pinté a todas e hicimos un lienzo, un círculo que representaba una teta. Lo que quiero es rescatar la consigna de que la teta ya no tiene que estar censurada, sino pasada al plano del amor, no de la sexualidad. Nos falta evolucionar como seres humanos desde el amor.

–De hecho tu vestido en el festival de Cannes era transparente.
–Mi intención era llevar un vestido transparente e ir con las tetas pintadas de negro. Era una de mis ideas. Al final no lo hice, porque llevé diseñadores de acá, me interesaba lucir las creaciones de diseñadores y diseñadoras mendocinas. El vestido que llevé en la gala de la película era de Leo Peralta, un diseñador mendocino que está viviendo en Marsella. Me gusta mucho su vanguardia y su arte. También Agustina Blanco con su marca Lund Kluder. Y Capote, Victoria Cucchi. Ella está muy comprometida con la causa Censurarte. Es muy vanguardista y rompe con lo clásico. Esas tres personas muy valiosas en su arte me las quise llevar.

–¿Vos sentís que en Mendoza es más difícil que en otros lugares mostrar lo que hacés?
–Muchos me decían "Ro, vos te tenés que ir a Barcelona, vos te tenés que ir a Buenos Aires, ¿qué hacés acá?", yo les contesto que tengo mucho que hacer acá y que no me voy a ir.

–¿Considerás que la gente es más cerrada en Mendoza?
El mendocino es muy conservador, clásico, pacato. Tiene sus cosas. Pero por otro lado, creo que tiene muchas ganas de romper con eso. Entonces, creo que la posibilidad está buenísima, que cada uno haga el arte que siente adentro. No está bueno juzgar ni denunciar si algo no te gusta, sino ver otra cosa.

–¿Te pasó que te atacaran por tus expresiones artísticas?
–Con el Censurarte, lo que me pasó es que algunas personas necesitaban que yo dejara de hacerlo.
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