A Fondo Domingo, 18 de noviembre de 2018

La ausencia de autoridad y de gobierno como meta

Ese es el fin de la cultura anarquista que esta semana copó la agenda política con atentados contra el juez Bonadio y un ex comisario.

La palabra anarquismo ha sobrevolado en el país durante buena parte de la semana a raíz de los atentados contra la tumba del comisario y militar Ramón L. Falcón y contra la casa del juez Bonadio.

En realidad la presencia anarquista venía presentándose desde hace bastante tiempo, sobre todo en las numerosas marchas contra el gobierno de Mauricio Macri.

E incluso en el atentado que hubo contra un cine de Recoleta cuando hace unas semanas se estrenó la película Soledad, dirigida por Agustina Macri, hija del Presidente.

Ese film, que tuvo buenas críticas, pero escaso eco en el público, recrea la historia de María Soledad Rosas una chica del porteño barrio Norte que abrazó la causa anarquista en Italia y terminó suicidándose en prisión para luego convertirse en una especie de adalid de la causa anarquista.

El efecto Maldonado

También se notó la veta anarquista en el episodio de Santiago Maldonado, cuya supuesta desaparición atribuída al Estado, fue música para el oído anarquista.

En Mendoza muchas paredes aparecieron con el logo del anarquismo para rechazar la aprobación del Código de Faltas por parte de la Legislatura.

Ahora se ha sabido -quizás por los operativos de seguridad por la inminencia del G-20 en Buenos Aires- que antes de los atentados a Bonadio y a la tumba de Falcón ya habían habido otros ocho atentados anarquistas con bombas en barrios porteños y del conurbano.

Mi acercamiento

En lo personal, tanta información sobre anarquismo me movilizó porque en algún momento de mi vida universitaria me atrajo estudiar ese fenómeno tan lejano a mis ideas, pero tan lleno de aspectos extraordinarios.

La anarquía sostiene la idea de que el ser humano se puede realizar sin tener que estar sometido a ninguna autoridad o gobierno.

Propugna para ello todo un proceso histórico de destrucción de la idea del Estado y de la autoridad.

La finalidad es llegar a una sociedad ideal de seres libres y responsables, capacitados para dirigir sus vidas sin la tutela de nadie.

Ideales y garrote

Un final similar (con seres libres y responsables en una sociedad ideal) propone el comunismo marxista, pero con la diferencia que antes exige un largo proceso histórico de siglos que incluye una despiadada dictadura del proletariado, la instauración del partido único, la socialización de los medios de producción y la eliminación de la iniciativa privada, es decir una exacerbación siniestra del Estado

Complejidad

La génesis del anarquismo fue tan libertaria e incluso tan romántica que de inmediato la anarquía dio lugar a numerosas vertientes.

Existen anarquistas individualistas y otros comunistas, los hay cooperativistas o mutualistas. Y no faltan los colectivistas o los anarco sindicalistas.

Están los muy violentos y otros que prefieren otras vías.

Exponentes

Algunas líneas predicaron una revolución y un cambio total de la sociedad.

Otras formaron unidades pequeñas y optaron por una sucesión de cambios parciales.

El primer autor en autodenominarse anarquista fue Pierre-Joseph Proudhon que optó por la corriente mutualista.

Piotr Kropotkin fue la figura representativa de la variante comunista de ambas ideologías.

El colectivismo tuvo su vocero intelectual en Mijaíl Bakunin.

Rarezas

En las últimas décadas han aparecido actualizaciones del fenómeno. Algunas son muy singulares.

Hay ahora, por ejemplo, anarquismo ecológico. Otro sector se hace llamar anarquismo post izquierdista. Y sorprende un anarquismo tecnológico.

Incluso existe un anarcocapitalismo, que rescata aspectos del capitalismo aunque rechaza de plano la existencia del Estado para ejercer cualquier regulación.

Otro sector se ha autoimpuesto la siguiente marca: Anarquismo Sin Adjetivos. Propone que todas las variantes del anarquismo convivan simultaneamente.

Alejados del Estado y de sus normas muchos anarquistas han propuesto a lo largo de la historia combatir también "la opresión de la economía", propugnando que los individuos intercambien entre sí el producto de su propio trabajo.

Menjunje

Anahí Salcedo la mujer a la que le explotó la bomba que estaba colocando en la tumba de Ramón L. Falcón, se define a sí misma como "anarquista, punk, vegana y feminista".

Falcón fue un militar devenido comisario que a principios del Siglo Veinte combatió los movimientos anarquistas que se estaban extendiendo en Buenos Aires debido a la llegada masiva de inmigrantes, sobre todo de Europa.

Cuando a Anahí le explotó el artefacto que le hizo volar tres dedos y le produjo serios daños en su cara, se estaba sacando una selfie para inmortalizar el momento del atentado.

Lo profundo

Tanto anarquismo como comunismo son muy interesantes construcciones culturales, de las que se pueden rescatar algunos aspectos, pero que tienen un problema central: pretenden ignorar aristas profundos del ser humano.

El anarquismo pasa por alto la necesidad gregaria de los hombres. Necesidad que conlleva tener que aceptar una organización que los contenga.

Y el comunismo exige eliminar el libre albedrío de mujeres y varones y su inventiva emprendedora, que es como desconocer su esencia.

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