A Fondo Domingo, 26 de agosto de 2018

La actriz y aquellos que "la levantaban en pala"

Su destino fue la política y ser una abogada exitosa. Pero las tablas siempre la esperan. Su actuación del miércoles pasado fue magistral

En el peronismo dicen: "Hay 2019", como quien dice hay luz al final de este túnel argentino. Y recitan "Volveremos", como informando a la argentinidad que "como ustedes saben, nunca debimos irnos".

También entonan "Macri, basura, vos sos la dictadura", como si el actual oficialismo nacional no hubiera ganado las elecciones en 2015 y en 2017.

Lo que pasa es que la oferta de peronismo sigue siendo un bazar, un lugar donde hay de todo. Y donde ese todo compite entre sí.

El único liderazgo claro que existe hoy en el peronismo es el de Cristina Kirchner, que, vaya paradoja, es al mismo tiempo rechazado por una mayoría de los peronistas.

Para colmo de males los cuadernos de las coimas han venido a activar la memoria emotiva de los argentinos con una representación viva y desgarrante de la corrupción kirchnerista.

Mirada Pol-ka

Quien le haya dedicado tiempo a la reciente sesión del Senado nacional donde se trató la autorización para que el juez Bonadio allanara las propiedades de Cristina habrá visto una de las actuaciones más magistrales de las que se tenga memoria.

Adrián Suar, que algo sabe de actores y de descubrir talentos, solía decir hace unos años que Cristina Kirchner es una actriz soberbia, maravillosa, alguien que si no hubiera dedicado su vida a la política, las tablas hubiesen sido un destino de promisión asegurado para ella.

Y el Chueco Suar aclaraba que al decir esto no estaba haciendo ni un chiste ni una crítica, simplemente estaba dando un dato concreto de la realidad.

¡A escena!

Cristina es, por un lado, lo que antes en teatro se llamaba "una actriz de carácter", una prima donna destinada a plantarse ante todos los textos dramáticos que se le presenten.

Pero su ductilidad es tal que al mismo tiempo te puede hacer una composición "sandrinesca" (por Luis Sandrini, millennials), esto es, hacer reír y llorar con la misma facilidad.

Basta con repasar las caras con las que Cristina reaccionó ante los discursos de sus pares el miércoles pasado en el Senado (gestos de admiración, de reprobación, de sorpresa, de disgusto, de "mirá lo que dice ésta", de canchera, de superada, de figura señera de la patria) para caer rendidos ante tal despliegue de histrionismo.

Y eso sin contar su labia. Porque se podrá tener el peor concepto de la ex presidenta pero hay cosas que son incontrastables.

Made in Ella

Por ejemplo, que fue dos veces presidenta de la Nación elegida por el voto popular (en el segundo caso con el 54% de los votos).

Lo otro es que su espiche es una marca registrada. Con esas entonaciones, esos silencios, ese repetir algunas palabras dos o tres veces para darle énfasis.

Y su voz, ídem. Mezcla de autoridad, de experiencia, con alguna pizca de frescura.

Ella decía "tarasca" en medio de una conferencia con ricachones.

O retaba a los empresarios (fíjese lector en este detalle) diciéndoles como si fuera un búmeran premonitario y autorreferencial: "Ustedes que la levantaron en pala".

Cristina tiene esa cosa de hacerse la que puede hablar en la Universidad de Harvard con la misma facilidad que en el Conurbano bonaerense.

Yo tampoco

Fue en Harvard donde vertió -con elaborada naturalidad- aquella flagrante mentira de que ella había hecho dinero con su carrera de "abogada exitosa".

El convencimiento con que lo expresa es magistral (revisar videos de aquel momento para cerciorarse).

En realidad cualquier argentino sabe que ella es millonaria, pero por otras razones que no tienen que ver con el ejercicio del derecho. Vivir de un sueldo del Estado no hace millonario a nadie.

Durante ocho años nos machacó con su pastiche conceptual en el que se mezclaban el populismo nacional y popular con la reivindicación de los años '70; sus viajes a Nueva York y las Seychelles con la defensa a ultranza de mamarrachos ideológicos como la revolución bolivariana de Chavez y Maduro; su inesperada conversión hacia los derechos humanos con la imposibilidad de bajar la pobreza desde un estructural y remanido 30%.

Cristina pontifica hoy como si le hubiera entregado a Macri un país desarrollado, conectado con el mundo, sin inflación, sin cepos cambiarios y sin pobreza.

En realidad a Macri no le entregó ni siquiera los atributos de mando.

Atributos de mando que en realidad le habían sido conferidos por los votantes, quienes esperaban de ella un poco más de recato republicano.

Digo yo...

¿Es realmente liderazgo lo de Cristina?

¿O es un resabio de poder que, de haber sido tan potente y carismático, resurge con fuerza en un momento de crisis económica como el que vive la Argentina, pero que ahora comienza opacarse por la explosiva revelación de las coimas que se pagaban a empresarios de la construcción durante los 12 años de kirchnerismo?

La verdad es que causa estupor que una expresión política que ha contenido a personajes como Amado Boudou (ya condenado por la Justicia a casi 6 años de prisión por intentar apropiarse de la imprenta donde el Estado emitía el papel moneda) quiera hacer aparecer como que todo eso no existió y que intente echarle toda la culpa a una confabulación de la Justicia y de unos medios de difusión pagados por Macri.

¿Habrá sido sólo una pesadilla argentina esa cleptocracia compuesta por Julio De Vido, Ricardo Jaime, Josecito López, Roberto Baratta y Claudio Uberti, entre muchos otros kirchneristas?

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