A Fondo Domingo, 23 de septiembre de 2018

Julio Cobos, con las defensas políticas bajas

Algunos dicen que el amor nos hace más sabios. Otros señalan que el enamoramiento obnubila. Cobos acaba de dar su versión.

Todas las historias son de amor. Para bien o para mal.

Por causa del amor, Julio Cobos (62) se metió en un berenjenal de tráfico de influencias y de nepotismo que nadie esperaba en una figura como él.

Una figura que hasta ahora había sido reacia a este tipo de situaciones escandalosas.

Las llamas

El incendio que él mismo armó fue para que Natalia Obon, su pareja desde 2016, recién recibida de abogada en una universidad en la que se estudia por internet, entrara por la ventana a un cargo en la Justicia federal de Mendoza.

En ese puesto, Natalia Obon (40) iba a tener un sueldo inicial de $85.000. Y sin rendir ningún tipo de examen. Todo gracias a las conexiones políticas y al amor.

Para que ella tuviera ese cargo rumboso en la Cámara Federal de Apelaciones intervinieron varios personajes importantes.

Desde el presidente de la Corte Suprema de la Nación, Ricardo Lorenzetti, quien autorizó cubrir ese cargo, hasta uno de los integrantes de la Cámara Federal de Apelaciones de Mendoza, Gustavo Castiñeira de Dios, quien había sido subsecretario de Justicia durante la Gobernación de Cobos. Ambos mantienen una amigable relación.

No hay fuerza racional que pueda oponerse al enamoramiento, que a veces obnubila.

Festejos en el Palacio

La difusión de esta noticia, en un país con la epidermis política caldeada, produjo un generalizado y lógico rechazo en la ciudadanía.

En pocas horas la noticia recorrió el país y resquebrajó la carrera política de Cobos.

En la Casa de Gobierno de Mendoza, donde no ven con buenos ojos la intención de Cobos de postularse para gobernador en 2019, ya que Cornejo quiere a un hombre de su riñón para dejarle el Sillón de San Martín, se restregaron las manos.

La ensoñación amorosa de Cobos les sirvió en bandeja a Cornejo y compañía argumentos para horadarlo.

El bronce encoge

Cobos había logrado armarse desde hace años una especie de pedestal, entre otras cosas, por su aporte a la paz social.

Ocurrió cuando fue vicepresidente de la Nación en esa extraña coalición política que hizo con los kirchner y que él mismo voló por los aires cuando -pocos meses después de asumir- se dio cuenta de que era imposible trabajar políticamente con esa gente, sobre todo con Cristina.

En junio de 2008 Cobos desarmó "la guerra del campo" que se libraba entre la presidenta Cristina Kirchner y las agrupaciones agrarias.

Los líderes del campo se oponían a un fuerte aumento a los impuestos que pagaban por vender granos al exterior.

El traidor

Todos esperaban que Cobos renunciara al cargo haciendo una especie de "gran Chacho Álvarez", pero el personaje se negó a incumplir el mandato recibido del pueblo.

"Yo soy tan vicepresidente como Cristina presidenta", argumentó Cobos para quedarse los 4 años como vicepresidente y jefe del Senado de la Nación.

En todo ese lapso soportó la más dura embestida que se recuerde contra un funcionario electo por el voto popular.

Lo denigraron, lo apabullaron con denuncias, con insultos, con amenazas, con una especie de tortura cotidiana para demolerlo emocionalmente.

Pero no se dobló. Poco pudieron hacer los kirchner con esos conocidos "carpetazos" que la SIDE le preparaba a Néstor y Cristina para desprestigiar a los opositores y a los que se negaban a la genuflexión.

En el caso de Cobos esos carpetazos poco pudieron rasguñar en la vida privada de Cobos.

Cobos siguió diciendo que "el pueblo votó una coalición de Gobierno. No votaron sólo a Cristina".

La mano en la trampa

¿Qué le pasó entonces a Cobos para caer ahora en una trampa tan burda de utilizar sus influencias políticas para crearle a su actual pareja un flor de cargo en la Justicia?

Es evidente que le faltó la contención y el recato político de otras épocas.

Muchas horas de reflexión vendrán ahora para Cobos.

La ciudadanía lo ha reprobado por cometer una falta ética muy burda. Estas cosas no se hacen. Por una razón muy simple. Están mal

Habrá que ver si los votantes toman lo que hizo Cobos como un traspié pasajero o si lo castigarán de una manera más contundente y duradera.

Hay quien dice que el amor nos hace más sabios.

Pero otros, más descarnados y crueles, mencionan la fuerza descomunal que la pasión amorosa puede llegar a provocar en quien tiene las defensas políticas bajas.