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domingo 05 de noviembre de 2017

Jueces muy inquietos al verse controlados

Siguen engordando la industria del juicio laboral, enojados al ver algunos reflectores que se posan sobre los recovecos tribunalicios

Los jueces están inquietos. Es que ellos estaban muy acostumbrados a recostarse en regazos de confort, a hacer los horarios acotados fijados por ellos mismos y, sobre todo, a que nadie les pidiera rendición de cuentas.

Los magistrados de Mendoza (miembros de la Corte, camaristas, jueces, fiscales, relatores y todos esos cargos que tienen rango de "usías" o de "señorías", que así es como les llaman todavía en algunos juzgados), detestan que alguien les ponga la lupa para auditar sus rendimientos.

Retírese, por favor
A buena parte de ellos les parece impropio que aparezcan reflectores sobre los vericuetos más íntimos de la Justicia. Por ejemplo, que se ventilen sus sueldos.

Pero como nunca falta un buey corneta, en estos tiempos les ha tocado en Mendoza un gobernador pelmazo que insiste en buscarles los piojos.

Y aunque suene feo decirlo, el ámbito judicial está lleno de piojos. Eso sí: piojos con pedigrí.

Aclaro con rapidez que todos los ámbitos humanos tienen sus mugres, incluso, claro, el periodístico.
Pero la diferencia es que la Justicia se ha atrincherado desde siempre en un recoletismo extremo, una especie de palacio de cristal para doctos, un espacio que está siempre por encima del resto de la sociedad.

La diferencia con los otros poderes del Estado, y con las otras dirigencias civiles como la empresarial o la sindical o la periodística, es que estas últimas están expuestas, como en una vidriera, y sienten la presión social. Y se la bancan.

Billetera mata galán
Los magistrados de Mendoza están entre los empleados que mejor ganan en la provincia.

Cobran entre $100.000 y $250.000. Y esa plata sale de los contribuyentes para quienes deberían tener un poco más de respeto.

Si a todo ese personal jerárquico se les hiciera una auditoría de horarios trabajados se desataría un escándalo.

Por las tardes, los tribunales de la provincia son un desierto. En cambio en el Ejecutivo, en la Legislatura y en el mundo real de la civilidad se trabaja de tarde.

Si cualquier ONG ciudadana se tomara el trabajo de caer de sorpresa por los juzgados en las mañanas temprano o por las tardes para ver si se encuentra "su señoría" se llevaría feas sorpresas.

Si luego esos necesarios controladores sociales computaran las horas efectivamente trabajadas por los magistrados y las compararan con los apetitosos haberes percibidos, verían con asombro que muchos de estos doctores tienen algunas de las mejores remuneraciones del mundo por hora trabajada.

Y además 45 días de vacaciones y un sistema permisivo de licencias por enfermedades o por viajes especiales que ha dado lugar a ejemplos extremos, como el de la destituida fiscal viajera Anabel Orozco, quien presentaba partes de enferma por lumbalgia y otros dolores intensos para poder irse con sus amigas a viajes de placer en playas paradisíacas.

Excelencia, vade retro
Con esos sueldos y con esas laxas condiciones laborales, cualquier ciudadano honesto podría pensar que, como contraposición, la productividad de nuestra clase judicial roza la excelencia.
No me haga reír que tengo los labios paspados.

Craso error. La productividad de la Justicia de Mendoza es una de las más pobres del país. Lo invito lector, a volver a repasar el informe de las páginas 2 y 3.

La mayoría de las provincias argentinas, incluso algunas con menor potencial que la nuestra, tienen mejor rendimiento judicial, algunas hasta el doble.

Lo que ocurre es que estas cosas no están debidamente difundidas, el ciudadano común no tiene todos los datos que debería poseer para poder catalogar a la Justicia mendocina.

Y para hacerle sentir la presión social que sí tienen los otros poderes del Estado.

¿Fallo o falla?
Hoy la Suprema Corte de Justicia de la Provincia libra una batalla con el Poder Ejecutivo porque se resiste a que la racionalidad de la civilidad ingrese y mejore la lógica judicial improductiva.

Pero en lugar de dar un debate de cara a la sociedad, hay ministros de la Corte que por el hecho de estar enfrentados ideológicamente con Cornejo le devuelven las atenciones en modo de fallos adversos.

¿No debe leerse así el fallo que cuatro de esos supremos (Palermo, Gómez, Pérez Hualde y Adaro) firmaron esta semana para volver a poner en marcha la industria del juicio laboral, aplicándoles a empresarios de pequeñas y medianas empresas unos intereses usurarios que, en caso de perder los juicios, los obligan a tener que bajar las persianas y a despedir personal.

Las dos campanas
Basta leer los argumentos de los tres ministros de la Corte que votaron en contra de este despropósito judicial (Valerio, Nanclares y Llorente) para comprobar cómo ese tipo de tasas exorbitantes para los empresarios pymes, y que doblan a la inflación actual, sólo sirven para echar empleados y para prender la espiral inflacionaria.

Se trata de una decisión judicial que vuelve a poner en marcha una maquinaria que sólo beneficia a abogados litigantes, a peritos judiciales inescrupulosos y a todo ese mundillo improductivo que en lugar de hacer justicia la utiliza en provecho propio.

No es casual que esta movida de un sector de la Corte se dé justo cuando el presidente Macri y el gobernador Cornejo se encuentren librando una batalla contra la industria del juicio laboral.

Otra vez el ideologismo populista que inoculó el kirchnerismo en la Justicia ha vuelto a dar sus frutos. Infectados, claro.

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