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domingo 01 de abril de 2018

Idiota el que se queja

"Dijimos que éramos distintos y tenemos que actuar en consecuencia. El que se queje de eso es un idiota", dijo el funcionario

En la Casa Rosada hay un clima distendido. Para ingresar, los empleados son menos exigentes que hace un años y hasta el registro con exhibición de documento de identidad suena menos burocrático.
No bien se concede el OK al visitante, una joven baja del despacho adonde uno se dirige y se presenta como prensa del funcionario. Balcarce 50 está plagado de casi adolescentes de entre 20 y 30 años que llegaron con la nueva administración a los que habría que extirparles quirúrgicamente el celular de su mano que consultan cada tres pasos. La juventud PRO llegó a los despachos con el currículum intacto a la hora de haber nacido luego de la recuperación de la democracia como mérito cronológico. ¿Concursos para el mérito? Ni antes ni ahora.

En el patio de las palmeras luce ya el nuevo ejemplar traído (donado, dicen) desde Corrientes para remplazar al ejemplar que había muerto "por exceso de agua" (sic), como explica la misma encargada de prensa. "Bienvenida palmerita", había sido el saludo que desde las redes sociales oficiales se le había dado al árbol.

En el despacho del funcionario (no importa en qué lugar de la Casa de Gobierno: ubicar la planta sería desvelar la charla en estricto off) el paisaje etario de los que van y vienen crece un poco. "Mauricio dice que parte de la revolución de su cambio es integrar a los sub 40 a la función pública", explica el hombre de poder sentado detrás de su escritorio que luce como adquirido en el Mercado de Pulgas de avenida Dorrego en una ganga. Todos los varones, jóvenes y no , uniformados con carencia de corbata, usando camisa celeste y mocasines marrones, negros en su defecto. "Outfit PRO", se ríe el hombre de gobierno.

Sucede nuestra charla, esta vez en un bar extramuros del poder, el mismo día en que el ministro de Energía Juan José Aranguren confesó que mantenía sus ahorros en el exterior y a horas de la polémica por el canje en dinero contante y sonante de los pasajes de avión de diputados encabezados por Elisa Carrió. Esos dos fueron los temas que sirvieron de inicio de la larga charla. En realidad, el tema del encuentro fue siempre el mismo. La honestidad y el deber de transparencia del gobierno de Cambiemos.

"Nadie se le va a animar a Lilita. Ella se rige por otras normas. Las que le dicta personalmente Dios y las que acuerda con Mauricio. Y eso, no esta bien", explicó sin ponerse colorado el funcionario. Elisa Carrió, como los 256 diputados de la nación restantes tienen un ingreso monetario dividido en rubros. A trazos gruesos, perciben mensualmente entre 110 mil y 120 mil pesos de dieta, 20 mil pesos de viáticos, 20 mil pesos de desarraigo si son de fuera de la Capital Federal y 40 mil pesos entre pasajes aéreos y terrestres al portador, utilizables por la persona que indique el legislador. Lo que se supo esta semana pasada es que muchos de ellos canjearon en dinero esos pasajes y sumaron una cifra interesante de ingresos gracias a una norma administrativa de la década de la pizza y el champán de los años '90.
Para algún desprevenido: el monto no sufre descuentos de impuestos ni de la obligación de rendición de cuentas.

Primera en ese largo ranking que incluye a todos los partidos aparece Carrió con 230 mil pesos. Si se quiere buscar algo peor, se encuentra. En el senado. María Laura Leguizamón, Maurice Closs y un grupo de 14 ex senadores hizo el canje luego de terminar el mandato sumando casi un cuarto de millón de pesos por cada uno. No dejar ni un papel, luego de mí.

A muchos legisladores les pidieron explicaciones públicas. A la mendocina Susana Balbo, una indiscutida industrial del vino capaz de disputar en cualquier lugar del mundo su primerísima calidad de enóloga, le enrostraron que supo decir que ella no puede ganar menos que un empleado de su bodega, a Fernando Iglesias le exhibieron su enredo en argumentos inexplicables para renunciar al beneficio y a tantos otros por igual. Carrió se negó a dar explicaciones.

"Lilita cree que tiene una historia de lucha contra la corrupción que la inmuniza contra la exigencia de dar cuenta de lo que hace o dice. Y muchos en el gobierno están de acuerdo con eso", explica el funcionario consultado. "Es como una especie de transparencia selectiva y una especie de justificación de enojo", explica. "Y Mauricio la banca", remata.

Ese ejemplo individual, pequeño si se lo quieren considerar desde lo cuántico (no lo es desde los principios, por las dudas) funciona como una línea de pensamiento del PRO en muchos otros aspectos. Se cuenta esto de forma descriptiva, no valorativa casi como queriendo entender esa lógica. "En el gabinete muchas veces se escucha decir que con todo lo que se afanaron los anteriores ahora la sociedad se pone purista con casos como el de Lilita. Con el desastre al borde de perder la república se fijan si quedó despintado el marco de la puerta de entrada. Hay como un enojo porque no se reconoce lo pasado y el esfuerzo del presente", gráfica el hombre del poder que accedió a esta charla en reserva. "¿Y sabes qué? Es idiota enojarse. Tenemos que mostrar resultados y mostrar que sabemos hacerlo bien", explicó.

Con la misma matriz se reaccionó ante el caso Juan José Aranguren. Primero, con su tenencia de acciones de la empresa que iba a tener que controlar como ministro. A regañadientes, el indiscutido conocedor del tema energético, vendió sus papeles y limitó (parcialmente) su actuación en los casos de intereses en conflicto. Ahora, reconoció sin problemas que no confía aún en la marcha de la economía y sostiene sus ahorros en el exterior. "Seamos sinceros. El vasco no es precisamente el único que tiene la plata afuera", dijo el hombre con despacho en Casa Rosada. "Lo extraño es no entender que nuestra lógica, con la que vivimos antes de llegar al poder, no es la de la función pública. Nos quejamos porque una parte de la sociedad quieren hacer pública todo nuestra vida que se conforma en un 90 por ciento de actividad en lo privado", se defendió el mismo hombre que también ahorra en el exterior. Como con Lilita fuera de la norma común, aquí se punta un concepto de vida más que de actuación política.

Carrió y Aranguren son dos pequeños ejemplos para entender la lógica de pensamiento republicano de este gobierno que no puede juzgárselo, es cierto, sin tener en cuenta la historia de los últimos 12 años. Pero tampoco puede justificárselo en todo por esa misma historia. Porque Cambiemos ya tiene historia. Dos años y medio de historia en donde debe asumir la inflación del 40 y del 25 por ciento, la pobreza de una cuarta parte de la Argentina, la inseguridad callejera creciente y la necesidad de que la transparencia republicana no sea un concepto abstracto que se compensa con la delincuencia pasada. La ilegalidad del oponente político no extingue ni compensa la propia.

Creer que no hay obligación de dar cuenta de la gestión por los pergaminos del pasado o por la opacidad de los anteriores es muy peligroso. Tanto como comerse al caníbal. Tan idiota.
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