Honorable Senado

La sesión que habilitó los allanamientos a Cristina Fernández fue una pintura de la pobreza y la torpeza que caracterizan a ese cuerpo

El Senado argentino resumió en pocas horas la crisis de la política argentina de estas horas. En la sesión en que se permitieron los allanamientos a las propiedades de la ex presidente argentina se verificaron la ignorancia, la desconexión con la realidad, el corporativismo, el narcisismo y el negacionismo de cuestiones esenciales. Las generalizaciones en estos casos, además de injustas, pueden aparecer como descalificatorias de todo el sistema institucional. Ese no es el sentido de esta enumeración. Apenas una interpelación para entender que lo que pasa no es causal y se hace para intentar interpelar lo que se cree mal.

Un primer dato que impacta es la ausencia de Carlos Menem. El ex presidente condenado por la justicia penal tenía el mismo derecho que cualquiera para decidir si una orden judicial debía ser cumplida o entorpecida. Notable. Menem prefirió el faltazo como modo de matizar esa incongruencia.

Sería bueno recordar que la sesión propuesta no tenía demasiado sentido. Los fueros parlamentarios se pensaron como el modo de proteger a un legislador para que no fuese detenido en el ejercicio de su función o se lo coartase en su libertad de expresión. Jamás nadie, desde los romanos para este lado, pensó que era una trinchera arbitraria para constituirlos en ciudadanos de primera que iban a poder escaparse de la justicia. Un senador o diputado puede ser indagado, citado como testigo y, claro, allanado. El resguardo de su cargo, pensado en leyes alambicadas que solo responden al espíritu corporativo de los que la dictaron, son un disparate.

Como los gustos hay que dárselos en vida, valió la pena presenciar todos y cada uno de los discursos. Y de los silencios reiterados. Porque para hacer juego con sus carreras políticas unos cuantos guardaron una vez más un estruendoso silencio en la sesión. Si se tiene una mirada más amplia de las participaciones senatoriales en los debates de leyes, el que lleva el premio del mutismo es el correntino Carlos Camau Espínola que, en 2017 y este año no pronunció una sola palabra. El miércoles, claro, ausente. Le sigue en ese ranking que hace Parlamentario.com Carlos Menem, con dos palabras en el año pasado ("Sí, juro", y no es chiste). En 12 años de sesión, dice esta genial publicación, pronunció 3.309 palabras. En tercer lugar, el santafesino Carlos Reutemann con 36 palabras, todas en el homenaje a los rosarinos muertos en un atentado en Nueva York, también silente en la sesión de los fueros de Cristina.

Otros, sin saberse qué es mejor, hablaron. El ex presidente de la Nación Adolfo Rodríguez Saá se ocupó de hacer historia con los fueros. Claro, pidiendo que sus pares conservaran una especie de estatus distinto al común de los mortales argentinos. ¿La igualdad ante la ley? Bien, gracias. Memorable fue el repaso por la Constitución de 1853, que protegía los papeles y correspondencia de todos, categoría en la que se permitió incluir a los llamados telefónicos. Como se lee. El puntano dudó si en 1853 había teléfono, telediscado y guía de números.

Más ambiciosa fue la senadora santacruceña Ana María Ianni, que invocó el Código de Hammurabi, de casi dos mil años antes de Cristo, explicando que allí mismo ni Cristina ni nada podía ser allanado. Notable.

El representante de la provincia de Buenos Aires, esta vez sí presente luego de su viaje al exterior en la sesión anterior, recurrió el flan de Alfredo Casero. El ex ministro de Educación de la Nación jugó, mientras afuera se reclamaba por la tercera semana de paro de las universidades públicas, con la metáfora del cómico de Cha, Cha, Cha para explicar la falta de fondos saqueados al estado. Sin gracias, por supuesto, y sin letra propia para afrontar la cuestión.

El clímax del corporativismo lo tuvo la senadora María Inés Pilatti Vergara. Sin ponerse colorada dijo, entre otras cosas, "con esto, quedar bien con las señoras gordas que marcharon" en la movilización del 21A este martes frente al Congreso de la Nación. Y más: "Tienen más imaginación que Walt Disney, la Justicia, la política, los medios ¿Creen que esta "cirqueada" no se va a dar vuelta? ¿Que todos a los que son cómplices no les va a tocar? Excavaciones, escaneos de paredes... ¿Sabés qué, Bonadio? Escaneate la cabeza. Capaz en una de esas se ve que todavía te queda una neurona de sensatez republicana". Una estadista.

Así podría seguirse. Con la excepción de razonamientos como el de Miguel Ángel Pichetto, Luis Nadienoff o Pino Solanas que, pueden compartirse o no, se inscriben en un debate de ideas pensadas, el resto fue de pobre a paupérrimo. El turno de la aludida especialmente en esa noche, la ex presidente Kirchner, reflejó una vez más su facilidad de palabra y de hilar conceptos y apuntó a un magistral corrimiento del eje del tema para evitar asumir la pregunta de fondo. Claro que fue estentóreo el cachetazo que le propinó a la conductora de la sesión, la vice Michetti, cuando le recordó la aparición de dinero no justificado en su propia casa sin allanamiento ninguno o el estado de la economía nacional colapsado en un 35 por ciento de inflación esperada, la caída de todos los sectores productivos y el dólar a 31 pesos. Eso no es herencia sino de gestión propia de Cambiemos. El caso es que en el Senado se trataba de saber si se podía cumplir con la orden judicial de allanamiento en una causa que investiga si la aludida Kirchner supo o participó del saqueo del dinero público a través de la obra pública.

Los seguidores de la doctora Fernández y ella misma aducen, ahora, que la denuncia responde a un plan de proporciones internacionales para aniquilar (la metáfora de Cristina haciendo analogía con el Proceso del '76 fue temeraria) todo vestigio de "progresismo" representado por ella misma, Lula o Correa. La pregunta es otra: lo que dicen Centeno, Uberti, José López, Rocca y el resto de los empresarios, ¿es cierto? Los que tejen argumentos de conspiración planetaria, ¿ponen las manos en el fuego por De Vido y sus funcionarios hacia abajo y arriba?

Cuentan los historiadores que los romanos pensaron al Senado como el sitio de la reflexión, la sabiduría y el respeto.

La Argentina pasa por un extraño momento de atención masiva a lo que sucede en el Congreso y sus ocupantes deberían honrar esa curiosidad poniéndose a la altura de lo que sucede. Lo brindado el miércoles pasado está a altura de lo que han hecho, en general, hasta ahora. Luce pobre, torpe y defensivo (para ellos mismos) a cualquier costo. El riesgo de seguir en ese camino es grande.

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