A Fondo Domingo, 3 de junio de 2018

Hay un tiempo para todo

Debería posponerse el debate sobre la reformulación del sistema de seguridad. No parece el actual, el momento oportuno

Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo:un tiempo para plantar,y un tiempo para cosechar;un tiempo para llorar,y un tiempo para reír;un tiempo para abrazarse,y un tiempo para despedirse;un tiempo para intentar,y un tiempo para desistir;Libro del Eclesiastés. La BibliaQue en una situación compleja, el factor tiempo es el más importante de todos, no puede cabernos, a estas alturas, duda alguna. De hecho, todos los demás, por importantes que fueran, tales como el dinero y hasta la propia salud, pueden llegar a recuperarse. No así el paso del tiempo, en su versión cronológica, o una oportunidad perdida, en su versión kairós podrán, alguna vez, ser recuperados.

Esta breve reflexión le pone marco y límites al tema central que queremos plantear. Cual es las posibilidades ciertas que tiene la actual administración de cambiar su sistema de defensa y de seguridad en medio de la profunda crisis que atraviesa.

En ese sentido, se nos dijo, desde un principio y contra toda evidencia, que todo, no sólo saldría como es debido, se nos apostrofó que sería fácil lograrlo y que todo era cuestión de tener la actitud correcta del optimismo.

Lamentablemente, se puede negar todo, incluida la realidad, pero lo que no se puede es evitar sus consecuencias. Y las deducidas de no haber hecho las reformas necesarias al sistema de seguridad y de defensa ya están entre nosotros.

Con este marco introductorio nos permitimos concluir que si bien no hay nada más potente que una idea a la que le ha llegado su hora, no hay nada más incómodo que dar a conocer una en un momento importuno.

Concretamente, nos referimos a la reformulación del sistema de seguridad a expensas del de defensa para que ambos cumplan misiones y funciones compatibles con las guerras, los conflictos y las crisis que son propias del Siglo XXI.

Hemos particularizado y explicado esa propuesta en nuestro libro: El ABC de la Defensa Nacional en el Siglo XXI y en una innumerable cantidad de artículos periodísticos.

No vamos a aburrir al lector con la reiteración de nuestras ideas y propuestas ya oportunamente efectuadas. Nuestra intención es, hoy, llamar la atención de lo poco oportuno que sería presentar y proponer el debate de tales ideas en el medio de la crisis.

Sucede que la crisis económica ya instalada, muy bien pueda dar paso a otra que ya se está insinuando, cual es el escenario de masivas protestas sociales y políticas contra la implementación del ajuste que propone el Gobierno para conjurar a la primera de esas crisis.

Para decirlo en forma muy directa, nuestra propuesta se orienta a adaptar a nuestras FF.AA .para que puedan enfrentar con éxito, entre otras misiones necesarias, el combate del flagelo del narcotráfico.

Bajo ningún concepto queremos que se confunda esta idea con la remota posibilidad de que esas fuerzas sean empleadas para controlar o reprimir movimientos sociales.

Sabemos que lo ha negado el propio ministro de Defensa y el mismísimo jefe del Estado Mayor del Ejército. Les creemos, pero aquí como en tantas otras cosas de la vida, vale tanto ser como parecer.Por otro lado, hay rumores que nos preocupan. Por ejemplo, que se encuentra en estudio el traspaso de 5.000 suboficiales del Ejército Argentino para reforzar a la Gendarmería Nacional.

No tenemos nada en contra de aumentar los roles y los medios a disposición de esa honorable fuerza de seguridad. Tampoco somos sordos a las exigencias de una sociedad golpeada por la inseguridad.

Pero, así como es necesario contar con una policía de proximidad, en el peldaño más bajo de la seguridad, es necesario, también, contar con los colmillos largos que sólo proporcionan las FF.AA. en el otro extremo de la defensa.

Lamentablemente, el marco legal que regula a las puntas de ambas actividades está desactualizado y se ha olvidado que, en definitiva, el que tiene que sentirse seguro es el ciudadano de a pie. Tal como lo recomiendan las teorías más modernas en la materia.

Pero, como decían nuestras abuelas, no se puede desvestir un santo para vestir a otro. Simplemente, porque ambos serán, en alguna oportunidad, necesarios y complementarios si se adecua, correctamente, el marco legal del que hacíamos referencia.

Pero, creemos que a estas razones del más elemental sentido común se suman otras más específicas, pero que deben ser, igualmente, tenidas en cuenta.

A saber:La primera de ellas es de orden constitucional y se sostiene en el artículo. 99, inciso. 12 y siguientes de nuestra Constitución Nacional. Los más importantes, entre ellos, establecen lo siguiente:

12. Es comandante en jefe de todas las Fuerzas Armadas de la Nación.

14. Dispone de las Fuerzas Armadas, y corre con su organización y distribución según las necesidades de la Nación.

15. Declara la guerra y ordena represalias con autorización y aprobación del Congreso.

16. Declara en Estado de Sitio en uno o varios puntos de la Nación, en caso de ataque exterior y por un término limitado, con acuerdo del Senado. En caso de conmoción interior sólo tiene esta facultad cuando el Congreso está en receso, porque es atribución que corresponde a este cuerpo.

La segunda es de orden histórico, y sostiene que si hace pocos días celebramos y festejamos que el Ejército Argentino había nacido con la Patria el 29 de mayo de 1810, nos parece poco coherente que 208 años después lo desmantelamos privándolo de un recurso tan valioso como 5.000 suboficiales.

La tercera, última y más importante, es que la razón última de todo Estado es ejercer el monopolio de la violencia. Perdido este, simplemente, desaparece el Estado como tal y solo puede reinar la anarquía.

En este sentido y aunque no sea lo más probable, no sería sensato descartar la posibilidad de un ataque exterior que requiera el concurso inmediato de las FF.AA. De hecho, tenemos un territorio que reivindicamos como propio en poder de una potencia ocupante extracontinental.

Igualmente, tal como lo dijimos antes nuestra propuesta es sólo la de posponer el debate por inoportuno para realizarlo en una mejor oportunidad. Por ejemplo, cuando la crisis social y económica haya sido superada.

Consideramos que no proceder de esta manera es cometer dos errores al precio de uno. El primero y más inmediato, no solucionar al problema concreto que tenemos entre manos, el de la seguridad, y ,el segundo, anular la posibilidad de que en un futuro se pueda solucionar el de la defensa.

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