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domingo 19 de noviembre de 2017

Gran Hermano, el helicóptero y la euforia

Macri sentó a los gobernadores, menos a Alberto Rodríguez Saá, y logró que firmen un Pacto Fiscal tan ambicioso como el de Alfonsín

Mauricio Macri asegura que el fantasma de la Alianza que algunos quisieron azuzar desde el 10 de diciembre de 2015 murió definitivamente esta semana. "Exorcizamos para siempre el temor a delarruizarnos", le dijo a este cronista un ministro de la nación que asegura representar el sentir del Presidente.

El hombre con el máximo cargo público trasladó su triunfo electoral de los comicios intermedios a la gestión ejecutiva.

Con solo exhibir el triunfo impactante en 14 provincias argentinas y, especialmente en la de Buenos Aires, derrotando a Cristina Kirchner y ubicándola para siempre en la historia no protagonista de la política argentina, podría darse por satisfecho. Pero no. Tomó impulso e hizo más.

Sentó a todos los gobernadores de provincia, menos el exótico puntano Alberto Rodríguez Saá, y les cedió su lapicera para que firmen a su gusto un pacto fiscal tan ambicioso como el propuesto por Raúl Alfonsín hace 30 años.

Con la CGT acordó una base de reforma laboral que, mirada en términos de la física, pone plano inclinado a favor del deseo del hombre de Cambiemos. Y, como si se todo esto fuera poco, empezó con la purga en el poder judicial con la separación por jury del camarista federal Eduardo Freiler. "Macri gobierna, impone y negocia. Todo con un tono que algunos creyeron era falta de cintura política. Mirá los resultados", completó el mismo secretario de estado.

Desde el primer día de gestión de Cambiemos, se constituyó el "club del helicóptero".

En sus filas, ficharon algunos kirchneristas que no pudieron digerir la derrota y que se preguntaban con astigmatismo político y sin autocrítica cómo esto había podido pasar, un sector de la izquierda más radicalizado y poco democrático que cree que cuanto peor, mejor, y algún advenedizo sin demasiada preocupación por las ideologías amante del caos.

El sueño del club era favorecer las condiciones análogas al gobierno de Fernando de la Rúa y esperar el fin anticipado del gobierno. Fundamentos históricos tenían porque desde 1928 no hay un solo gobierno no peronista que haya podido concluir su mandato.

Para sorpresa de muchos, Macri sorteó con enorme éxito la elección intermedia. ¿Cómo lo hizo? El propio gurú de los amarillos Jaime Durán Barba se dice impactado por un gobierno que supo comunicar y cautivar al electorado con un slogan fuera de lo común: "Mauricio es un caso único en el mundo. Ganó diciéndole a la gente que no está bien, les habló a los que les aplicó un ajuste grande, y les dijo que debían apoyarlo por un futuro mejor. Eso es prometer algo intangible", le dijo el ecuatoriano a este cronista. "Y funcionó. Hablarle a la gente con el timbreo, Vaya que funcionó", se alegró el analista.

Vale la pena hacer hincapié en este particular. Si se alguien supone que la gobernadora Vidal, Elisa Carrió y sus dirigentes salieron a la calle a tocar timbre al azar para evangelizar a los electores, se equivoca. Y mucho. El sistema de comunicación PRO es bien sofisticado. "Marcos Peña es el Gran Hermano de la Argentina", nos confió en una entrevista la diputada massista Graciela Camaño. "Con la cesión de los datos de la ANSES y otra base de preferencias ciudadanas, Peña tiene en su computadora más de 100 datos personales de cada ciudadanos que le permite construir un perfil preciso de los electores a los que hay que visitar", expresó la ex ministra de trabajo.

Otro dirigente que, en cambio, quiso quedar en el anonimato, confió que con esa "Big data" se construyen, con muchos empleados dedicados a esto, esencialmente tres perfiles de personas: los que nunca votarían al PRO, los que lo harían cueste lo que cueste y los que deben ser convencidos. "A estos últimos les van a tocar el timbre", dijo el hombre. Si esta construcción de datos fuera cierta, caben algunas preguntas: ¿Hay invasión a la privacidad ciudadana? ¿La ley de protección de la intimidad no está violada? Habría que prestarle mucha atención a esta cuestión. Mucha.

El otro factor que pesó de forma indubitable en el resultado por la atomización del peronismo y de la oposición toda y el recuerdo de una gestión que, evidentemente, distó mucho del relato concluido hace dos años.

En esta división debe anotarse la discusión concluida esta semana por la reforma electoral. Para entender lo que ocurrió basta escuchar a uno de los triunviros de la CGT. "La propuesta no beneficia en nada a los trabajadores.

Pero al menos paramos el desastre que se proponía". Si se el aberrante fantasma del club del helicóptero tenía cierto andamiaje en la realidad argentina en 2015, ¿alguien pudo imaginarse a este presidente haciendo firmar a la central de los trabajadores un acuerdo que "no beneficia en nada" a sus representados"? Macri lo hizo.

Es también cierto que todo lo acordado tiene que pasar por el congreso de la nación.

Afortunadamente, para terminar con el otro fantasma del poder todo por todo el tiempo, Cambiemos no tiene mayorías en las cámaras. Es una buena cosa que eso suceda. Los contrapesos deberían ser un buen recaudo para la salud republicana.

Por fin, hace dos días comenzó un proceso de proporciones hasta ahora inimaginables. Con cierto corcoveo en las formas, el consejo de la magistratura removió al camarista federal Eduardo Freiler por inconductas como magistrado.

Las 96 fojas del dictamen, que incluyen la defensa del juez por parte de Diana Conti y sus colegas K agraviados por la falta de respeto a las formas y sin comentarios sobre el fondo del tema, son un rosario de la vergüenza sostenida por años para beneficiar a un juez amable con el gobierno de turno.

Desde compras obscenas de vehículos puestos a nombre de su propio padre, intentos de birlar parte de su patrimonio a su ex cónyuge, hasta sumas y restas elementales que prueban que Freiler se daba el gusto de gastar tres veces más dinero del que le ingresaba como hombre de la justicia, el caso muestra que la mirada sobre los jueces que patearon hacia adelante o hacia la prescripción las causas de corrupción se va a acrecentar.

Es muy bueno que esto ocurra. Ya se ha dicho desde estas crónicas que el poder judicial reclama transparencia, democratización, abandono de privilegios pasados de moda y, sobre todo, discusión pública de ese trabajo de servidores públicos.

Ahora bien: conviene poner atención a que bajo el pretexto de mejorar el servicio de justicia no se acomode el deseo de tener jueces amigos o sólo correr la venda de uno de los ojos de quien juzga.
Eso sería aceptar sin beneficio de inventario la herencia recibida.

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