A Fondo - Stamateas Stamateas
domingo 03 de junio de 2018

Entendiendo el perdón

La columna de Stamateas


Bernardo Stamateas
bernardoresponde@gmail.com

Todos los seres humanos en algún momento tenemos que experimentar el perdón porque éste es necesario cuando alguien nos falla, nos lastima o nos agrede. Ante estas cosas, podemos hacer básicamente tres cosas:

1. Negarlo y reprimir la bronca (lo cual deriva, por lo general, en gastritis, úlcera, colon irritable, etcétera).

2. Vengarnos (lo cual no resuelve absolutamente nada porque la venganza brinda alivio temporal).

3. Perdonar.

¿Por qué nos cuesta perdonar? Nos cuesta perdonar por muchos motivos. Uno de ellos es creer que si perdonamos nos vamos a sentir débiles. Asociamos el perdón con un acto de debilidad cuando, en realidad, es todo lo contrario: un acto de fortaleza. Solo la gente con buena estima y fuerza interior puede perdonar.

Otro motivo por el que nos cuesta ofrecer perdón es porque, muchas veces, tenemos miedo de que el daño se repita. "Si perdono a quien me fue infiel, ¿me va a volver a engañar?". O: "Si perdono a quien me pegó, ¿eso quiere decir que le voy a volver a poner la cara para que me pegue otra vez?". Perdonar no implica que el otro cambie sino que es uno mismo el que cambia porque es capaz de soltar la ofensa. ¡El otro tal vez ni siquiera se entere de que fue perdonado!

Algunas personas, aunque pueda parecer extraño, se niegan a perdonar porque les gusta mantenerse en el papel de víctimas: "A mí me lastimaron, yo sufrí mucho en la vida...", le repiten a todo aquel que esté dispuesto a escucharlos. Perdonar, entre otras cosas, significa soltar el derecho de victimizarse eternamente.

Perdonar nunca es minimizar la ofensa (sobre todo, en casos graves como un abuso) y decir: "No fue nada" porque cuando a uno lo lastiman duele y tiene derecho a sentir ese dolor. Tampoco es olvidar o sufrir de amnesia, porque por lo general uno recuerda más lo negativo que lo positivo. Aunque perdonemos la ofensa, seguiremos recordando el hecho. Tampoco es justificar lo que el otro hizo: "Me pegó porque vino cansado del trabajo. Por eso, lo perdono".

¿Qué es perdonar entonces? Algunas ideas...

Perdonar es fundamentalmente cancelar una deuda. Cuando alguien nos causa un mal, está en deuda con nosotros y hay que saldarla. ¿Cómo? A través del perdón.

Perdonar es soltar a un prisionero y descubrir... ¡que ese prisionero soy yo! Porque cuando yo perdono, renuncio al derecho de vengarme.

Perdonar es aterrizar el avión. Al igual que un avión que da vueltas y no aterriza y puede terminar estrellándose (por agotarse el combustible), cuando le damos vueltas en la cabeza a lo que nos hicieron, terminamos "agotados y estrellados".

Perdonar es echar a un intruso de casa. Mi casa es mi mente. Si alguien se mete en mi casa, debo sacar al intruso. Perdonar es echar de la cabeza y del alma al que nos lastimó, para que no nos siga lastimando.

Perdonar es no permitir que lo que nos lastimó en el pasado continúe lastimándonos en el presente.
El perdón posee dos elementos:

a. Una parte decisional (donde yo decido perdonar).
b. Una parte emocional. Si yo decido perdonar, las emociones negativas no necesariamente van a desaparecer. Uno puede seguir sintiendo dolor pero se para en la decisión y ésta lentamente va a ir empujando todo lo negativo que siente.

No es fácil perdonar pero al hacerlo uno siempre está mejor. A veces para perdonar lo que tenemos que hacer es empatizar con el que nos dañó, para entender por qué lo hizo (no para justificarlo). Aquel que perdona gana porque una vez que se desata empieza a caminar con libertad.
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