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domingo 04 de febrero de 2018

"En su esencia, la Iglesia Católica no ha cambiado, sigue en la Edad Media"

Juan José Sebreli nació el 3 de noviembre de 1930, es decir en los comienzos de la llamada "década infame" del país y mucho antes de que el peronismo se instalara como "el fenómeno de masas" por excelencia en la realidad política argentina. Su vida es un manual de historia, que arranca en la caída de Hipólito Yrigoyen, los gobiernos conservadores, el surgimiento de las emblemáticas figuras de Perón y Evita, la prohibición de esas ideas políticas, los golpes militares, la vuelta a la democracia y lo que el propio Sebreli denomina "gobiernos populistas". En su último libro, Dios en el Laberinto. Crítica a las religiones, hace foco en la decadencia de las religiones –remarcando especialmente la del catolicismo–, que sólo sobreviven por la afección de la gente a las manifestaciones populares. En esta entrevista, realizada en el programa La conversación, que se emite los sábados por radio Nihuil, Sebreli apunta, entre otros temas, a criticar el fenómeno que genera Jorge Bergoglio, el papa Francisco, y a la necesidad del catolicismo de ganar nuevos adeptos tras esta figura popular.

–En su último libro usted pone los puntos sobre las íes en cuanto a las religiones...
–Las propuestas del catolicismo han quedado en el camino, pensar es renovarse, porque el mundo va cambiando, yo me he transformado con respecto al mundo. La vida es siempre un cambio en continuidad.

–Es lindo cómo usted va contando su evolución, Borges decía algo parecido con respecto al cambio...
–Por supuesto. Le voy a dar un ejemplo: de mi primer libro hay tres ediciones, a lo largo de los años, y cada nueva edición sale con un prólogo donde hago la autocrítica de lo que estaba en la edición anterior. Todo lo que ha cambiado el mundo y, con ello, mi pensamiento. Eso es una cosa que actualmente no es frecuente.

–Hablemos de "Dios ha muerto, o Dios ha vuelto", el segundo capítulo de su último libro.
–Las dos cosas han sucedido. Ha vuelto porque surgen permanentemente ideas religiosas o no sé como llamarlas... corrientes religiosas, pero muy heterodoxas, muy antidogmáticas. Y lo que entró en declinación ha sido la idea tradicionalista. Las religiones tradicionales están en baja, especialmente el catolicismo, a pesar del auge actual del papa Bergoglio. Al respecto voy a citar una frase de un escritor católico que decía: "La Iglesia llena las plazas, pero los templos siguen vacíos". Porque las religiones actuales son muy amantes de los grandes eventos y de los movimientos de masas, sobre todo callejeros. Y la Iglesia ha tenido, en ese sentido, grandes movimientos, como no los tuvo en otras épocas.

–¿Por ejemplo?
–El papa Wojtyła fue muy mediático, fue el primero que apareció en televisión, viajaba, cuando aparecía tenía grandes manifestaciones a su favor, incluso su muerte fue una de las grandes transmisiones mundiales. Pero, al mismo tiempo, el mismo tipo de eventos y multitudes, sin embargo, ocurrieron durante las exequias de lady Di. Entonces, no es una resurrección de la Iglesia, sino que la Iglesia ha entrado en esto de los movimientos callejeros.

–¿Bergoglio está en sintonía con este cambio de la Iglesia Católica?
–Yo creo que con Bergoglio pasa lo mismo. La Iglesia no se ha reformado hasta ahora, no ha cambiado en lo fundamental. Ha hecho concesiones porque no hay más remedio que hacerlas, porque no hay lugar para una Iglesia medieval, pero no se ha reformado en lo fundamental. La verdad es que la corriente de la Iglesia Católica sigue estando en la Edad Media, no hay vuelta de hoja. En materia sexual, de políticas familiares, siguen perteneciendo a ese periodo.

–¿Pero tiene margen la Iglesia para cambiar esto? ¿No estaría negando su propia esencia?
–Ratzinger tenía otra idea: se daba cuenta de que la Iglesia declinaba, de que no había vocaciones sacerdotales, de que la gente que va al templo es cada vez menos, de que la gente que se casa por la Iglesia es cada vez menos. Entonces él decía: "Esto es irremediable, entonces hagamos una Iglesia más pequeña, pero que cumpla con el credo"; Bergoglio, en cambio, quiere volver a una Iglesia popular y eso es muy difícil, porque la modernidad no tiene nada que ver con las ideas de base de la Iglesia.

–Usted menciona que el Papa es un personaje muy político...
–Siempre lo fue. No nos olvidemos de que cuando era joven era asesor espiritual en Guardia de Hierro.

–¿Entonces por qué la progresía lo toma como propio si Bergoglio coincide con un peronismo de derecha, como el de Guardia de Hierro, precisamente?
–Bueno, ese es el error de la progresía actual. Hoy las palabras izquierda y derecha están pasadas de moda. Se pueden utilizar como adjetivación pero no como sustantivo, no hay un partido ni una idea que sea totalmente de izquierda, ni totalmente de derecha. El populismo justamente es esto: una mezcla rara, que por momentos parece ser de izquierda y por momentos, de derecha. Por ejemplo, el peronismo clásico de los años '40 estaba decididamente influido por Benito Mussolini. La izquierda de los años '70 estaba influida por Fidel Castro, al igual que el peronismo de los '70. No hay una corriente ideológica, hay ciertos tipos de sentimientos populistas que se toman de acuerdo con el momento histórico en el fascismo o en el comunismo según sea la circunstancia, pero la corriente es la misma.

–¿Como podría definirse esa corriente?
–La idea no democrática de un gobierno autoritario, con líderes carismáticos, el menosprecio por las libertades formales de la República, como la división de poderes, la alternancia entre los partidos, la idea de que no son un partido sino un movimiento, tomado en el sentido de que son la representación del pueblo en su totalidad. Un partido era mucho más modesto y creía en que la representación de la sociedad era pluralista, que el partido representaba una parte de la sociedad que a veces triunfaba, y a veces, no. Esa idea no cabe dentro del populismo ni del peronismo. Ni siquiera los intelectuales de corte peronista creen en la alternancia, tiene que estar el peronismo gobernando y punto.

–Volviendo al tema religioso, ¿cree que la decadencia de la Iglesia tiene que ver con un descreimiento en cuanto a los principios del catolicismo?
–Sí, hay una gran indiferencia. Los países tradicionalmente católicos, España y Portugal, después de la caída de Franco se volvieron sociedades secularizadas, laicas, indiferentes a las ideas religiosas. En Argentina siempre pasó así. Hasta mediados del siglo XX se cumplían formalmente los requisitos: bautismo, casamiento por iglesia. Pero después no.

–¿Cuáles son los signos más sensibles de que esto ya no ocurre?
–Una de las bases fundamentales a los dogmas católicos es el ataque al control de la natalidad, el control de la natalidad es un pecado. El 80% de la población argentina dice ser católica, y el 90% practica el control de la natalidad. Lo mismo pasa con la indisolubilidad del vínculo matrimonial. El 50% de la población mundial ya no tiene en cuenta esto.

–¿Cómo es que la Iglesia de Ratzinger elige un personaje como Bergoglio?
–Primero que la Iglesia está en una crisis terrible, económica, corrupción económica, corrupción desde el punto de vista sexual (que es todo lo contrario de lo que predica) entonces necesita darse un barniz. Pero hay una grieta en la Iglesia, como hay en la sociedad. Bergoglio tiene una popularidad mediática, de la gente que le gustan los eventos públicos. Es un Papa muy demagógico, por el hecho de ser político y le dice a la gente lo que la gente quiere oír. En el fondo no se cambia. Les dice a los jóvenes en Brasil "hagan lío", cosa que no hace falta decírselo porque hacen lío igual, sin el aval del Papa. Lo que habría que decirles es "usen preservativos" y eso no lo dice.

–La humanidad siempre tiene que creer en algo, sobre todo en este mundo con cada vez menos alma...
–Yo creo en la evolución humana, en la humanidad. En el universo, en el individuo. No creo en las particularidades de raza, pueblo, nación o partidos políticos autoritarios. Es mejor la Unión Europea actual. Aun con sus crisis, y no en los movimientos como el stalinismo, el hitlerismo, el fascismo, que derivaron en una Guerra Mundial. Aun cuando sigan apareciendo el mal y la estupidez, luchar por un mundo mejor. No necesito ningún dios para eso; las religiones y los dioses solo han servido para traer guerras. Como el islamismo. La paz y el amor que predican, ¿donde están? Cuando el catolicismo tenía poder era terrible. La inquisición, las cruzadas y las guerras tenían siempre un fondo religioso.

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