A Fondo Domingo, 4 de febrero de 2018

En qué se parecen Gioja y la internet de las cosas

El jefe nacional del peronismo llama a sumarse a la marcha del millonario Hugo Moyano, en un inexplicable regodeo derrotista

José Luis Gioja. 

Leo que ahora hay que prepararse para la "internet de las cosas". Ya viene. Faltan aún inversiones, porque eso tiene que funcionar con soportes como el 5G y otros chiches.¿Con qué corno nos saldrán ahora?, dirá usted, si es que tiene mi edad o similar.Internet de las cosas es la interconexión digital de objetos cotidianos con internet. Internet será mucho más que la vinculación con personas. Internet se mete ahora con las cosas u objetos que nos acompañan a diario en la casa o el trabajo. Y nos las manejará.El sanjuanino styleAl mismo tiempo vemos, por ejemplo, a José Luis Gioja, jefe nacional del peronismo, justificar la marcha de protesta a la que ha llamado el empresario y millonario Hugo Moyano, investigado por la Justicia ante la acusación de lavado de dinero y enriquecimiento ilícito, y no podemos menos que sentir una profunda desazón.Sería muy provechoso poder saber si nosotros amasamos al peronismo o si el peronismo nos moldeó a nosotros. Durante más de 70 años el peronismo envolvió con luces y sombras a nuestro país. Y ahora ha iniciado -acuciado por la realidad- un camino que sólo los peronistas podrán decir si los lleva a la desaparición o a un partido republicano y democrático que acepte como algo normal la alternancia en el poder y que no se empeñe en dificultarles el gobierno a los de otro signo.Una cosa es controlar al gobierno y otra dificultar. No es lo mismo la sana oposición que la teoría constante del helicóptero para quien no es peronista.Lo que natura non daLo concreto es que hace muchos años y con maestría ese magnífico crápula llamado Juan Domingo Perón nos convenció de que ser peronista era algo natural en la Argentina.Se podía ser radical, comunista, liberal, pero en el fondo todos éramos peronistas.De Evita a Borges. Del Indio Solari a Leonardo Favio. De Amalita Fortabat a Alberto Migré. "Bueno, peronistas somos todos", decía el militar más zorro que ha tenido la Argentina. Intentaba convencernos de que él era tan visionario que había generado un movimiento humanista que era como la base a partir de la cual partían todas las cosas en la Argentina.Claro, por eso es que había -y hay- peronismo de derecha, de ultraderecha, de centro, de centroderecha, de izquierda, de centroizquierda y de ultraizquierda. Todos cobijados por ese manto sagrado que nos iba a convertir en un país justo, libre, soberano, un país donde había que combatir el capital de los yanquis y el comunismo de los rusos.El peronismo reinventaba la política. Y daba cátedra ante el mundo.Golpe a golpePerón había sido un oficial golpista en el Ejército de aquellos días terribles de fines de los '30 y comienzos de los '40 cuando el mundo estaba envuelto en una guerra mundial que había colocado a buena parte de la humanidad al borde del precipicio.Los que fuimos jóvenes en los '70 sentimos que debíamos ser parte de esa cosa, ese sentimiento que había estado proscripto tras el derrocamiento de Perón en 1955.Soñábamos con la revolución socialista pero pasada por el tapiz del peronismo.No ser peronista de izquierda era una traición a una supuesta modernidad política. Pero al mismo tiempo la derecha peronista pensaba lo mismo, pero desde las antípodas ideológicas.De ahí a meterse tiros y bombas desde uno y otro lado hubo un solo paso.Todo rojoLa matanza y la sangre pasó a ser algo cotidiano entre peronistas.Y entre peronistas y militares. Y entre parapoliciales y paramilitares contra los peronistas de izquierda. Y viceversa.Mientras tanto hacía eclosión esa Argentina de un Perón moribundo, de una Isabel incapaz de todo, y de un brujo como López Rega, que manejaba el país a su antojo y creaba escuadrones de la muerte como la Triple A.Y que a su vez generaba, como reacción, el montonerismo, un movida terrorista que nunca entendió cuál era el pensamiento profundo de los argentinos ni la necesidad de consolidar una democracia que terminara con las crisis de gobiernos democráticos derribados por golpes militares.No sabe, no entiendeNo quiero aburrirlo con más sangre derramada.Quisiera decir que mientras el mundo cambia de una manera sorprendente, el peronismo, nuestra marca social en el orillo, nuestra forma natural de ser que inventó Perón, está implosionando a una velocidad más importante que la de la internet de las cosas.Es el propio peronismo el que está demostrando que ya contenía el germen de su propia destrucción.Hubo dos momentos claves de esa implosión. Uno, por derecha, el menemismo, Otro, por izquierda, que contiene al kirchnerismo pero, sobre todo, al cristinismo.El cristinismo es la fase final del peronismo que construyó Perón. Y, muy a su pesar, lo bueno del cristinismo es que generó los basamentos para que los argentinos se decidieran a cortar por lo sano.Los argentinos han decidido probar otra cosa. Ya nadie cree que los peronistas sean los únicos con la audacia necesaria para gobernar.El país se cansó de la crispación, del partido único, del encerrarse económica e ideológicamente junto a otros gobiernos del mundo marcados por el autoritarismo y la ineficacia.Radicales, liberales y otras fuerzas políticas progresistas entendieron que debían liderar un proceso en el que el país volviera a producir riqueza, a generar empleos genuinos, a adecentar el Estado, a combatir la corrupción, a sumar la palabra eficiencia al Estado, a dejar de creer que las cosas pueden ser gratis, a no temerle a la palabra ajuste de las cuentas cuando es necesario y no afecte a los que menos tienen.Para sorpresa y desorientación de los kirchneristas, la actual administración "de ricos" no sólo ha mejorado los principales índices de la economía y generado empleo, sino que ha mantenido una red de contención social más eficiente de la que harían muchos iluminados del campo nacional y popular.

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