A Fondo A Fondo
lunes 14 de mayo de 2018

En el fondo seguimos con la intención de naufragar

Es categórico. Las historias inconclusas no existen. Son procesos que pudieron terminar de otra manera, pero en nuestro imaginario. Lo que ocurrió es invariable, aunque casi imposible de determinar con exactitud, y siempre sujeto a la imprecisión que atraviesa a toda opinión.

Nadie podría negar que el revisionismo es una elección cargada de ideología en la historiografía –algo inexorablemente inherente al humano–, de la misma manera que ya no hay quien garantice la exactitud aritmética de las narraciones, porque el recorte y la perspectiva sesgan de modo inevitable el relato, aunque se pretenda ascético y esterilizado.

El mayo argentino, este de 208 años después de aquella revolución emancipadora, no se asemeja en algo al francés del '68, entre otras razones, porque no abunda el reclamo para que la imaginación asuma el poder y tampoco por la rebeldía creativa de quienes se quejan.

Pensar los acontecimientos de hoy compilados en un libro de historia en el año 2226 (o sea, 208 hacia el futuro), podría servirnos para interpretar de modo menos tremebundo el presente, pero también para no aceptarlo con abúlica resignación.

Volvimos al fondo. Deberíamos saber si es porque nos sumergimos irremediablemente en dramáticas crisis, cíclicas y eternas como el oleaje de la mar, o porque seguimos necesitando cada tanto del auxilio exterior,ya que adentro no encontramos cómo navegar sin sobresaltos y tenemos tendencia obsesiva hacia el naufragio nacional.

El dilema persiste. Somos los artífices de nuestro propio destino o hijos obedientes e inertes de aquel que el determinismo nos tiene reservado. O lo fabricamos o llueve, pero la inestabilidad económica, social, emocional, nos destaca desde hace tantas décadas como caben en el calendario de nuestra independencia formal e informal, real o pretendida.

Según la edad que sumemos, el acrónimo FMI nos asusta. Demonizarlo tampoco parece haber sido muy útil. Tampoco conozco a quien pueda darle crédito (permítaseme la paradoja) a la descripción que ese organismo hace de sí mismo. Esta institución creada en 1945 debido a las incertidumbres posguerra sobre las finanzas y economías, principalmente de los Estados intervinientes, tiene como lema ayudar a los países en crisis, promoviendo el empleo intensivo, erradicando la pobreza y colaborando para el crecimiento sustentable de quienes así lo requieran.

Sería peor que ingenuo esperar que no haya distancia entre la expresión de su misión y los logros conseguidos. El FMI está conformado por 184 países miembros, y los resultados conseguidos por aquellos que, asfixiados financieramente acudieron a sus empréstitos, no se condicen demasiado con los propósitos publicados. No tan diferente a la distancia que existe entre las promesas de campaña y las políticas efectivamente aplicadas por todos los gobiernos de todos los Estados, ahora y antes, también.

La singularidad argentina, para ser consecuentes con nuestra siempre mirada umbilical, es que aquí las experiencias han sido para nada elogiables. Y como a todos, nos cuesta distinguir entre la realidad que nos devuelve el espejo hoy y la fotito sepia incrustada en el ángulo superior de la luna, esa que evoca los muchos sufrimientos que devela una nueva arruga del rostro, esa marca que no cede por más cremas reconstituyentes que nos apliquen.

Quizás en otras latitudes los temores sean de menor intensidad, aquí resulta difícil por insistencia simbólica. Basta con rememorar que en varias canciones populares aparece el fondo monetario internacional, y jamás con un sentido adulatorio ni tranquilizador.

La relación de la música y la política es universal. Lo distinto aquí fue que la imagen negativa sobre el fondo monetario no apareció de manera inaugural en una canción de las llamadas de protesta, ni tampoco en las poéticas contestatarias al poder de turno, sino adentro de un disco de la llamada música divertida, a mediados de la década de 1980.

La banda musical denominada Viuda e Hijas de Roque Enroll estaba conformada por cuatro talentosas músicas. Mavi Díaz, Claudia Sinesi, Claudia Rufinotti y María Gabriela Epumer. Este grupo hizo bailar a varias generaciones con sus twist, con su pop potente y con temas como Tocando fondo, que concluía con el insistente estribillo "Fondo Monetario Internacional". Detrás de ese formato rítmico y melódico casi lúdico, camuflaron conceptos de enorme actualidad, tanto que hoy mantiene su vigencia, sobre todo en cuestiones que remiten al feminismo.

Aunque quisiera sería imposible evitar la asociación parental de los acontecimientos y el devenir. Y la historia, desde un perfil menos solemne, vuelve a decir "acá estamos, muchachas y muchachos". La más reconocida de esa banda, María Gabriela Epumer, era bisnieta de un cacique rankulche, traducido al castellano, ranquil. Esto no lo supimos por su testimonio sino por la enorme obra telúrica Una excursión a los indios Ranqueles, escrita por Lucio Victorio Mansilla, sobrino de Rosas y también hijo de Lucio Norberto Mansilla, héroe en la batalla de La Vuelta de Obligado.

Tejer así puede confundir, pero una vez que ubicamos adonde fue a parar la madeja, es más fácil.
María Gabriela Epumer, si la historia y su realidad fuesen permisivas, aún estaría tocando y cantando.
Pues nació el mismo año que Fito Páez (del '63). Sin embargo, la realidad nos asesta con su cachetada soberbia. Esta instrumentista, guitarrista y compositora, quien compuso, tocó y grabó con los más prestigiosos músicos nuestros, quien compartió escenario con el Spinetta en su último Jade; con Charly como niña mimada, sobrina de Celeste Carballo y quien se dio el lujo de tocar e incluir en su disco Perfume a su admirado Robert Fripp, ese mito viviente de King Crimson, murió a los 39 años. La relación –sobre la que aún se estará preguntando– es que murió por la mala praxis e indolencia no de uno, sino de los 4 médicos que la atendieron desde días antes de su deceso en 2003. El diagnóstico apurado y desinteresado, corrupción o mala praxis, la carátula de la causa poco importa, sí en cambio que no era una gripe y que la insistencia de ella y de sus familiares cercanos no impidieron el desenlace menos esperado, como suele engañarnos la historia, o acaso la inventiva de nuestras especulaciones.

Quisiera atribuirlo a la casualidad, pero cuesta pensarlo así. El tema emblemático del rock nacional, podríamos decir el himno de ese género en nuestro idioma, es La balsa. Esa canción también está alcanzada por la polémica de autoría de Nebbia y de Tanguito Iglesias. Superada esa primera discusión, abordar su letra es un buen ejercicio de auscultar los caminos que elegimos. Construir una balsa, desde un principio, no para salvar las especies del planeta y que sobrevivan al diluvio, tampoco para cruzar hasta la orilla, sino con la idea de naufragar, a pesar de la mucha madera.

Hemos vuelto al fondo. Las opciones no se agotan en asustarnos por recordar lo vivido, ni en defender acríticamente las decisiones políticas actuales. Podemos leer que fondo significa tanto la parte inferior de un recipiente, de una cavidad, del río y procurar no ahogarnos, pero también está la acepción como raíz. Como empezar de nuevo. Y así como la historia es inexorable, el presente es algo más dúctil y el futuro sólo una aspiración.

Quienes están convencidos de que el porvenir es plástico, y no tan obstinado, tienen a favor, además de la expectativa y la esperanza, la obligación de contribuir para aproximarse a sus anhelos.
Los que no, ya tienen como respuesta aquel breve y contundente cuento que comparto: Muerte en Teherán.

En cierta ocasión, un persa rico y poderoso paseaba por el jardín con uno de sus criados. Dicho criado estaba compungido, ya que acababa de encontrarse con la Muerte, quien lo había amenazado, y le rogó a su amo que le prestara el caballo más rápido y así poder huir y llegar a Teherán aquella misma tarde.
El amo accedió y el sirviente se alejó al galope.

Cuando el amo regresó a su casa también se encontró con la Muerte y le preguntó:
– ¿Por qué has asustado y aterrorizado a mi criado?
– Yo no lo amenacé. Sólo me sorprendió verlo aquí pues, según mis planes, esperaba encontrarlo esta misma noche en Teherán– contestó la Muerte.

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