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domingo 31 de diciembre de 2017

El padre protector de la Argentina guarda cama

Por primera vez en 80 años el peronismo ha dejado de ser la fatalidad política del país. Ya no es "peronismo o diluvio"

A veces nos cuesta poner en palabras los cambios políticos que se están viviendo en Mendoza y en el país.

Por ejemplo: mucha gente de a pie aporta a diario su grano de arena para ese cambio, pero no tiene plena conciencia de estar haciéndolo. No lo milita ni hace aspaviento. Lo vive con naturalidad.

La mayoría presiente que la Argentina se ha encaminado hacia otra cosa política, pero no logra definir cómo terminará siendo "eso".

La clave
Un dato es contundente: el peronismo ha dejado de ser la fatalidad política de la Argentina.

¿Qué quiero decir?

Que por primera vez en casi 80 años el peronismo ha implosionado. Ya no es el salvavidas supuesto o real.

Ya no es sinónimo de "si no estoy yo viene el diluvio". Ya no asusta.

Ya no tiene poder para acogotar a gobiernos de otro signo.

Ya no es el padre protector de la Argentina. Se puede gobernar este país de otra manera. El peronismo ya no es el salvador natural de la patria.

Made in
No estoy minimizando. La marca peronista es, todavía, indeleble en la Argentina.

Ha dejado una cultura peronista. Y la cultura no muta de un día para otro.

Pero buena parte de los argentinos terminó por advertir que el peronismo había devenido enfermedad política.

No existís
Uno de los síntomas terminales de esa patología fue la actitud de Cristina Fernández de Kirchner negándose a entregar los atributos al presidente de otro signo que la había derrotado en las elecciones de 2015.

Fíjense, si no, en lo que pasó durante este diciembre que ya termina con el clásico intento para generar caos y violencia.

El peronismo "institucional" se abrió. Y la parada la copó el kirchnerismo en asocio con el trotskismo y –créase o no– con el massismo.

A diestra y siniestra
En los últimos 27 años el peronismo ha vivido dos etapas en apariencia muy distintas y que sin embargo han terminado en fuertes coincidencias.

Tanto el menemismo, por derecha, como el kirchnerismo, por izquierda, han terminado siendo regímenes que, más allá de algunos logros muy puntuales, han coincidido en un punto fatal.

Ambos fueron profundamente corruptos y no modificaron nada de cuajo.

Hagamos pobres
Dilapidaron. Gobernaron para el "ya", crearon ilusorios paraísos, generaron burbujas, jugaron a "ganar décadas" o a instaurar el "deme dos"; tuvieron escenarios internacionales que los favorecieron y sin embargo no bajaron la pobreza, no cambiaron la matriz productiva, no modernizaron las condiciones industriales y laborales, no nos insertaron en el nuevo mundo global.

Como la Iglesia Católica, el peronismo necesita de la existencia de pobres para mantener su mística.

Y la política, en cambio, está precisamente para que cada vez haya menos pobres.

No te entiendo
Tampoco mejoraron la educación. Gastaron fortunas en ese rubro, es cierto, pero sin criterio porque hoy una gran parte de los alumnos sigue sin entender un texto o tiene problemas para cumplir con las operaciones matemáticas básicas.

Le doy otro ejemplo de peronismo extremo: el subsidio.

El peronismo subsidia todo: la luz, el gas, el transporte. Pero esos servicios alguien los paga. Nada es gratis en el mundo.

Ni en el mundo capitalista ni el mundo comunista.

Los subsidios que nos damos los terminamos pagando nosotros mismos por otras vías.

Y muchas veces son los pobres los que terminan subsidiando a los ricos, como pasó durante el kirchnerismo, en el que la clase media acomodada y los ricos pagaban boletas irrisorias por la luz y el gas.

Por casa
En el caso específico de Mendoza hay un doble cambio.

Los mendocinos han elegido un gobierno que si bien es aliado del de la Nación, no es exactamente lo mismo.

Hasta podría decirse que aquí hemos dado un paso más adelante al llevar al gobierno a una coalición que es más amplia que la que gobierna en la Casa Rosada y que está muy concentrada en la figura del presidente Mauricio Macri y en el ideario del PRO.

En Mendoza Alfredo Cornejo ha revivido al radicalismo pero no ha negado la importancia de estar asociado con el macrismo.

Cornejo necesita a Macri. Y Macri necesita a radicales y peronistas institucionales del interior.

Yo gestiono, tu gestionas
Cornejo tiene muchos piojos. Pero ya ha demostrado que es un gran gestionador.

Tras dos fracasos peronistas llamados Celso Jaque y Paco Pérez, que degradaron la política y nos entregaron atados de pies y manos a la Nación, Cornejo ha dado vuelta el Gobierno como si fuera una media.

Ha ordenado y puesto a funcionar lo que sus impresentables antecesores dejaron hecho un desquicio.
Mendoza ha vuelto a ser un lugar con atisbos de seriedad, con planificación, y, por sobre todas las cosas, a tener una administración que no está sospechada ni denunciada –hasta ahora– de ningún caso de corrupción.

Traigan sombrillas
Cornejo cuenta con el plus de que no hay aquí quién le haga sombra. Ni siquiera en su propio partido. Pero tampoco del lado macrista.

El peronismo mendocino es una lágrima.

La sujeción de los ex gobernadores Jaque y Pérez a Cristina Fernández de Kirchner fue tan escandalosa y vergonzosa, tan escasamente mendocina, tan vulgar y denigrante, que va a pasar mucho tiempo hasta que el peronismo pague aquí ese pecado.

No hay, además, ideas en el peronismo local. Ni debate interno serio y productivo. A ningún dirigente se le cae una frase que nos haga pensar. Sólo lugares comunes.

El todo, las partes
Tanto Macri desde la Rosada como Cornejo desde Mendoza tienen todavía que pasar el síndrome del ganador cómodo en las elecciones de medio término.

Ganar con comodidad una elección suele obnubilar a los líderes.

Acuérdense de que en octubre de 2011 a la recientemente viuda Cristina Kirchner triunfar con el 54% de los votos le hizo decir una de las frases menos democráticas de la historia argentina: "Ahora vamos por todo".

Cornejo, sin posibilidades de reelección porque se lo prohíbe la Constitución provincial, aparece con claras posibilidades de no resbalar hacia esos despropósitos.
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