A Fondo Domingo, 3 de junio de 2018

El lado B del candidato sanjuanino a la Corte de Mendoza

A los 12 años ya concurría a las reuniones del comité radical en la vecina provincia. Fue activo militante de la Franja Morada. En Jáchal recibieron con orgullo la noticia de la nominación "del Fabián"

En la lejanísima pero vecina San José de Jáchal, a 323 kilómetros de nuestra ciudad capital, una tradicional familia festeja en la intimidad. Orgullosos, comentan que "el Fabián" va a ser juez de la Corte. La voz se ha corrido por todo el pueblo.

En un quiosco, un vecino le dice entusiasmado a otro que un jachalero va a la Corte de Mendoza. Sorprendido, el interlocutor le pregunta de quién se trata: "El Dalmiro, el hijo del intendente".

Dalmiro Garay es un respetado profesor de Historia de la sanjuanina Jáchal. Radical de familia y alfonsinista a morir, fue intendente del departamento en 1987. Hoy en día, además, sabe marchar contra la minería contaminante en el pueblo que recibe el impacto directo de la mina de Veladero.

Su hijo, el Dalmiro chico, con apenas 12 años, lo sabía acompañar al comité y alguna vez fue a ver con su padre al presidente Raúl Alfonsín.

Cuando el niño se hizo adolescente y llegó a la secundaria logró un hito sin antecedentes en el país. Fue el primer presidente de un centro de estudiantes de Franja Morada en un colegio secundario.

Nunca antes la juventud radical había llegado con su impronta política a la educación media. Su ámbito natural eran las universidades.

El inédito logro ameritó un viaje a Buenos Aires para que conocieran a los chicos.

Por mandato de su padre, se vino a Mendoza para inscribirse en la carrera de Medicina pero al final se metió en Derecho.

Cuando volvió con la novedad a casa no hubo aplausos sino más bien una trifulca con papá.

De vuelta en Mendoza, se instaló en la popular Media Luna de Pedro Molina, donde alquilaba con su hermana y se fue a estudiar de abogado a la flamante Facultad de Derecho estatal, de la UNCuyo, que como no tenía edificio propio funcionaba en el estadio Malvinas Argentinas, allí donde una década antes había pisado el césped del '78 lo que quedaba de la mítica Naranja Mecánica, la selección de Holanda, que por segunda vez se quedaría mirando sin poder tocar la Copa del Mundo.

Cuando empezó a estudiar, rápidamente conjeturó que a futuro tendría dura competencia profesional. Sólo en su curso eran mil estudiantes que se lanzaban para recibirse de abogados.

No tardó en estar mezclado nuevamente con sus ya conocidos locales de la Franja Morada y así llegó a ser primero vicepresidente y luego presidente del centro de estudiantes de la facultad, donde tomaría varias veces la casa de estudios para luchar contra el arancelamiento universitario.

Unos años después integró la mesa regional de Franja Morada y luego la mesa nacional. Y conoció al presidente Raúl Alfonsín, con quien viajó en varias oportunidades al exterior.

Ese joven, que pintaba para la política y ya se había asentado en Buenos Aires, dio de golpe un volantazo. Dejó todo y se vino Mendoza a recibirse finalmente de abogado, donde ejerció tanto en la actividad privada como en organismos del Estado. Se fue a convivir con su novia, Mariela, a quien había conocido por su militancia en la Franja. Ya esperaba a la primera de dos hijas: Guillermina y Josefina.

Tras 15 años, el jachalero, ya tan mendocino como sanjuanino, volvió a la política cuando menos se lo esperaba, como ministro de Gobierno, y tres años después, cuando se iba mayo, fue la gran novedad de la semana.

El Fabián, el Dalmiro chico, el ministro de Gobierno, magister Dalmiro Garay Cueli, fue nominado por el gobernador Alfredo Cornejo para integrar la Suprema Corte de Mendoza.

Algo que nunca se le había pasado por la cabeza en toda su vida. Todavía no es un supremo. Aún debe recorrer la audiencia pública y pasar el lienzo del Senado. Si los votos están -y dicen que están-, Dalmiro Garay será en julio el nuevo ministro de la Corte provincial.Lucha universitariaMientras en los tiempos que corren, donde los piquetes y la protesta callejera son demonizados y tachados de destituyentes por el Gobierno, los años mozos de Garay en la Franja Morada fueron los de la lucha de las universidades que encabezaba la juventud radical contra el arancel que impulsaba el menemismo neoliberal de los '90.

Aquella contienda motivó y mereció la toma de facultades en las que el ahora nominado supo estar a la cabeza.

Sin embargo, él defiende aquellas medidas. Dice que no eran extorsivas y que no tienen nada que ver con lo que se hace ahora: "El gobierno anterior institucionalizó el mecanismo del piquete como un método de extorsión. Cuando yo militaba en la Franja, marchábamos, pero nunca hice un piquete ni le jodí la vida a nadie. Tomamos la facultad, nos quedábamos a dormir, pero era simbólico, dejábamos que dieran clases".

"Es distinto a armar el piquete y vivir de esa manera. Cuando vos vivís de piquetero ya hay un problema. Nosotros en la Franja Morada nacional llenamos tres veces la Plaza de Mayo contra el presidente (Carlos) Menem y llevábamos claras las consignas porque era un reclamo, pero cuando deja de ser un mecanismo de reclamo para ser un mecanismo de extorsión se complica y cuando encima es una forma de vida, peor todavía", añadió el actual ministro de Gobierno, Trabajo y Justicia del gabinete de Alfredo Cornejo.El propio caminoParco, esquivo y de pocas palabras, cuando se encuentra con los medios, es la contracara en la charla abierta y personal.

El candidato a la Corte de la provincia no es sólo un técnico del derecho y de la reforma del Estado, como parece a primera vista. Es un político formado, que viene de una familia con tradición política. Militó activamente desde la adolescencia hasta casi los 28 años en Mendoza y en las grandes ligas porteñas.

Se crió en un comité.

"Los acuerdos son buenos en la política. Las élites gobernantes deben tener consensos".

Conoce los códigos, los modos, el fragor de la gestión y el áspero roce de las internas y las relaciones con otros partidos.

El nominado a la Corte por Alfredo Cornejo es un cuadro político con alto perfil técnico jurídico en el derecho, especialista en derecho administrativo, en empleo público y mercado eléctrico.

Estando en Buenos Aires, trabajando en el Consejo de la Magistratura de la Nación y con gran futuro, se pegó la vuelta: "Volví, porque creía que lo más lógico era autovalerme. Si entrás y vivís de la política hay coyunturas que son muy ingratas. En algún momento tenés que pagar, ir a ocupar cargos que no querés, estar al servicio del partido y de la política. Por eso volví, me recibí de abogado e hice mi camino", señaló a modo de reflexión.

Considera a Veladero como el mal ejemplo de la minería

Minería: "Veladero fue un desastre", dijo con absoluta convicción el futuro miembro de la Corte.

El tema minero es espinoso para todo político. Para Garay un poco más porque él conoce de primera mano la crítica situación en Jáchal. Su padre marcha en la asamblea contra la minería contaminante y aquí en Mendoza, Cornejo brega por relanzarla en algún modo. El nominado a la Corte no le esquiva al tema: "Los extremos son todos malos. Mire, Veladero fue un desastre ambiental donde está enclavado cerca de un glaciar. Veladero es un mal ejemplo de la minería. Pero uno se va a Chile, por ejemplo, y es otra cosa, acá al lado. ¡Siempre hablamos con el gobernador de esto porque no puede ser que no se pueda hacer minería! Si acá en Chile lo han hecho".

"Impacto ambiental tienen todas las actividades. Entonces la clave es ser serios. Chile paró Pascualama, un emprendimiento millonario y lo paró. Les dijeron: ustedes no cumplen y los mandó a su casa. Entiendo el descrédito que tiene la clase política y creo que eso tiene que cambiar porque es complicado el tema. La matriz productiva hay que ampliarla, no la salvamos con lo que tenemos".

"No hay un político hoy que esté a la altura de Alfonsín"

"Era un tipo fantástico, muy directo, siempre aprendías con él. La Franja había sido muy crítica con Alfonsín por el Pacto de Olivos y la Ley de Punto Final. Lo traté mucho en el '98 y '99 porque yo era el que estaba a cargo de las relaciones internacionales de Franja Morada y viajé varias veces con él. En ese tiempo era un Alfonsín más reflexivo. La verdad, escuchábamos sus razones y hablar de política. No creo que tengamos hoy un político que tenga la altura intelectual y moral que él tenía", resumió Dalmiro.

Y agrega: "Nos reuníamos previamente los de la Franja y armábamos todo un plan para ir a hacerle una serie de planteos. Al final llegábamos y el viejo hablaba solo y nos íbamos aplaudiéndolo".

-¿Y hoy que está en la gestión entiende mejor las decisiones de Alfonsín que antes cuestionaba?

-Sí, muchas sí. No sé si es porque uno se hace más grande. Es la experiencia de trabajar en la gestión, ver los actores de poder cómo se mueven, los riesgos que uno tiene, cuáles son las metas más importantes que hay que lograr y las posibilidades reales. No siempre hay chances de conseguir lo que la gente te pide. Con Fernando de la Rúa fue diferente. La Franja Morada no estaba preparada para ser oficialismo. Insistían con el tema arancelario, nos fueron degastando. No tengo buenos recuerdos en esa época porque fue muy duro.

"Cornejo es exigente pero no autoritario" "A Cornejo lo conocí en la gestión. Antes nunca lo había tratado. Nos habíamos cruzado alguna vez y nada más. No recuerdo haber tenido algún tipo de relación con él. Yo no venía de su grupo político. Construimos la relación en la gestión. Antes de la campaña a gobernador me empezó a llamar para asesorarse sobre algunas cosas", contó Garay.

-¿Y cómo vino la propuesta para ser ministro de Gobierno?

-Me llamó Leticia, su secretaria, y me dijo si podía ir al otro día a tomar un café a Palmares con Cornejo. Pregunto quién más iba y me responde que él y yo solos. Lo pensé unas dos semanas. Tenía temor de no estar a la altura del cargo. Si sos sensato siempre te tiene que inquietar la idea de que no te vaya a alcanzar. El otro temor es la familia. Al final acepté.

-¿Es un jefe exigente?

-Sí, lo es. Ahora, mitos sobre Cornejo: no es autoritario, para nada. No grita, y exige trabajo, está sobre los temas, tiene una capacidad admirable de seguir todos los temas de todos los ministerios. Lo otro bueno que tiene es que es una persona que escucha muchísimo, y de hecho yo le he hecho cambiar algunas ideas.