A Fondo Domingo, 17 de junio de 2018

El gobierno nac y pop nunca se animó a esto

Ha sido un "gobierno de ricos" el que facilitó la discusión para que la sociedad civil dijera lo suyo a favor y en contra del aborto

Es muy bueno que un "gobierno de ricos", como definen los artistas kirchneristas a la administración Macri, sea quien abrió la discusión para que el Congreso tratase de una vez por todas la legalización del aborto en la Argentina.

Si esa ley, que fue avalada el jueves pasado en la Cámara de Diputados de la Nación, logra ahora la aprobación en el Senado, los ricos que nos gobiernan habrán dado un paso fenomenal para evitar que centenares de mujeres pobres mueran por año en la Argentina por abortos clandestinos.Los buenosEl gobierno nacional y popular del matrimonio Kirchner, que se extendió por tres períodos presidenciales, nunca se animó a meterse con el aborto pese a que desde hace décadas éste era -y es- uno de los problemas más candentes de la sociedad civil.

Néstor y Cristina ni siquiera se animaron a plantear este asunto durante todos esos años en que estuvieron peleados a muerte con el cardenal de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, porque éste había tenido el tupé de criticarlos en la homilía de una fecha patria.La exitosaEl "gobierno de los pobres" que administró el país entre 2003 y 2015 estuvo, paradójicamente, conducido por un matrimonio de millonarios.

Unos ricos que nunca han podido explicar el origen de su fortuna ya que la mayor parte de sus vidas Néstor y Cristina fueron funcionarios del Estado, es decir empleados públicos.

Cristina, por ejemplo, se inventó para sí la chapa de que era una "abogada exitosa", algo que todos los biógrafos de la mandataria desconocen.

Cuando Bergoglio pasó a ser el papa Francisco, el kirchnerismo se sintió en la obligación política de deponer el odio hacia el jesuita.

Y el jesuita filoperonista se sintió en idéntica obligación, pero desde una posición de fuerza mucho mayor: su influencia era ahora planetaria y se podía dar el lujo de ser magnánimo.Los otros no tienen razónEl actual "gobierno de ricos" ha propiciado, además, uno de los debates más ricos que se recuerde en las últimas décadas.

Durante dos meses todas las voces, a favor y en contra, tuvieron la oportunidad de expresarse en el Congreso sobre el aborto.

Y lo hicieron con pasión. Con información. Con talento. Con exabruptos. Con criterio. Con fanatismos. Con creatividad. Con dogmas. Pero todos se expresaron. Y en el fondo primó el respeto.

Bancarnos las opiniones ajenas y animarnos a reconocer que también los otros pueden tener un cacho de razón es algo muy difícil de aceptar. Pero ése es uno de los momentos claves por el que debemos pasar si realmente tenemos espíritu democrático.La astilla del mismo paloPor las comisiones de Diputados pasaron expositores de la Iglesia Católica y de otras confesiones. Pasó gente de la cultura y del espectáculo, de la educación, de la investigación médica. Amas de casa y biólogas. Hombres del Opus Dei y trotskistas.

Un desfile de voces diversas como pocas veces se ha visto en el Congreso.

Increíblemente, una de las más enojadas por la aprobación del aborto legal en Diputados ha sido Lilita Carrió, quien suele definirse -con humor- como la madre de la República.

Sabido es que esta diputada es católica militante. Lo cual es muy respetable. Pero también sería respetable si fuera discapacitada, atea, morocha o tuviera cualquier otra posición ideológica o personal.Esta boca es míaEn realidad lo que no ha podido soportar la legisladora chaqueña de Cambiemos es que después de haberse cerrado la lista de oradores en la sesión de Diputados del miércoles/jueves pasados, la presidencia del cuerpo (Emilio Monzó) no le haya permitido hablar.

Ella pretendía quedarse con la última palabra y hacer un show para las radios y los canales cuando ya era de mañana.

Sobre todo -y este no es un dato menor- luego de que otra legisladora del PRO, Silvia Lospennato, diera el discurso a favor del aborto legal que más conmovió a sus pares y al país.

Ahí fue cuando Carrió se paró e hizo su stand up amenazando con "romper" su sociedad con Cambiemos la próxima vez que no la dejaran hablar.No pasarEn medio del vendaval cambiario de la Argentina, que ha devenido en crisis política que ya se llevó puesto al presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, la aprobación del aborto legal por parte de Diputados ha sido un viento fresco que se conjuga con lo que la sociedad civil ya ha dispuesto per se desde hace mucho tiempo.

Que es, ni más ni menos, que el Estado debe meterse lo menos que pueda en sus fueros más íntimos y en decisiones que tengan que ver con su sexualidad o con su programación familiar.

La decisión de no tener hijos, por ejemplo, ya no es algo que se mire feo o raro, ni discriminatorio como era antes quedarse soltera/o.

Ni qué decir con respecto a las religiones. Hacia ellas buena parte de la gente tiene ese mismo sentimiento: el de exigir que los acepten como son.

Así es como hay muchos más católicos de los que uno cree que aceptan que los derechos sexuales y los derechos reproductivos son derechos básicos de las personas.

Es decir que se sienten tan ciudadanos de una democracia como católicos. Y que pueden pensar de esa manera sin necesidad de romper con la Iglesia.

Ante esa realidad tan humana puede entenderse que haya sacerdotes que, presas del miedo, aseguren que el FMI fue quien ordenó al país aprobar el aborto.

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