A Fondo Domingo, 9 de septiembre de 2018

El ex nene de papá y el tozudo sancarlino

Versión local de esos filmes donde un negro y un blanco se odian para concluir amigos, Macri y Cornejo parecen transitar esa ruta

Una de las situaciones que mejor maneja el cine norteamericano es la de presentar personajes opuestos que terminan complementándose.

Los protagonistas comienzan siendo antagonistas y es la vida misma -las tormentas diarias en el caso que vamos a desarrollar nosotros- la que se encarga de unirlos.

Alfredo Cornejo y Mauricio Macri son dos hombres burilados por realidades muy distintas. La política -la trabajosa y vilipendiada política- los está haciendo macerar en la misma botija argentina.

El sancarlino

Uno, el gobernador, viene de una familia de clase media de pueblo. Con costumbres y roces sociales muy distintos a los que tuvo el Presidente.

Hecho desde abajo, Cornejo es un producto de la educación pública y de aquel viejo orgullo de padres que inculcaban en sus hijos la idea de que sólo se asciende socialmente por la educación.

Deslumbrado desde joven por la política -ciencia en la obtuvo una licenciatura- ha sido sin embargo la calle, la militancia y el debate lo que le han modelado el carácter.

El porteño

El otro siempre fue rico. De niño hasta hoy. Su padre amasó una fortuna, en particular como empresario contratista del Estado. Estudió en un colegio privado bilingüe que forma jóvenes con objetivos de liderazgo.

Una de las más duras batallas ha sido la de diferenciarse de su padre, el férreo Franco Macri. Siguió sus pasos empresariales pero siempre intentó ser diferente.

En esa necesidad de apertura uno de sus primeros logros fue la de haber sido presidente de Boca.

Un ricachón al frente de uno de los dos clubes más populares del país. Una aspiración de inveterados conservadores.

Allí logró un reconocimiento público que le permitió ingresar a la política con un plus. Creó un partido que ha ido mutando desde un conservadurismo elitista a un liberalismo con algunas pizcas de socialdemocracia.

En ese devenir fue dos veces jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, legislador y presidente de la Nación.

Mauricio

El Mauricio de la cuna de oro comenzó en la política desde ese liberalismo apolillado tipo Alsogaray, pero pronto se dio cuenta de que para poder ir contra el peronismo con alguna posibilidad de éxito debía practicar un nuevo liberalismo, adaptado a los tiempos, algo más parecido al de los norteamericanos del Partido Demócrata.

Fue con esa consigna que empezó a probar suerte con el PRO, y tras superar algunos tropiezos, terminó alzándose con la jefatura porteña y reforzando desde allí a la figura nacional que ya era por haber dirigido a Boca.

El Alfredo

Lo del mendocino fue siempre pico y pala. Su campo de batalla inicial fue como dirigente estudiantil en los claustros universitarios de Ciencias Políticas, pero su primera tarea importante en la política fue en el área de Acción Social de Godoy Cruz bajo la intendencia de César Biffi.

Este columnista recuerda haberlo tratado en esos tiempos y comprobado de inmediato que este sancarlino tenía esa pasta natural del político: organizador, discutidor, memorioso, decidido.

Cuando llegó a intendente conocía el paño de Godoy Cruz como pocos: desde las villas del Oeste hasta las zonas paquetas de edificios relucientes.

Fogueados

Si a Macri lo modificó de manera sustancial su manejo de la cosa pública en una metrópolis como Buenos Aires, para Cornejo, a escala, el municipio fue una escuela de vida.

Esas tareas ejecutivas los modificaron a ambos y los hicieron más permeables a las nuevas realidades políticas.

Macri dejó de ser un conservador de clase para pasar a ser un liberal abierto a las nuevas tendencias.

Y Cornejo dejó de ser un radical a la manera clásica, con esos toques de intransigencia demodé, para convertirse en un negociador con una plasticidad impensada en un hijo lejano de Alem.

Definite

Ambos tienen muy desarrollada su inteligencia práctica. Son intuitivos pero no son gente culta en el sentido estricto de tener una instrucción amplia y rigurosa en literatura, ensayo o historia.

Y eso se les nota en su comunicación. Ninguno de los dos es buen comunicador. Y mucho menos son seductores con la labia.

Pero dentro de esa "falencia" son también muy distintos.

Macri tiene tics cosmopolitas y coherentes con su clase. Es clásico para vestirse y sabe que exhibir lujos es una vulgaridad.

Está abierto a influencias tipo escuela zen, sin desconocer que en el conurbano bonaerense eso no corre.

Cornejo es profundamente provinciano y decididamente clase media.

Es pragmático, realista, objetivo. Su ideología política es una melange de radicalismo con golpecitos de peronismo, un trago de buen socialismo, una porción de liberalismo, un chorrito de conservadorismo provinciano, y mucha rosca.

Y los dos son audaces e insistidores ante la adversidad.

¿Qué sería?

Como en las películas norteamericanas donde un negro y un blanco empiezan odiándose y terminan hermanados cuando logran superar los prejuicios, en el caso de esta rara sociedad política de Macri y Cornejo lo que los ha unido no ha sido sólo la superación del prejuicio sino un dato de la realidad llamado kirchnerismo.

¿Qué sería de Cornejo, políticamente hablando, si no existiera el radicalismo en Cambiemos?

¿Y qué sería de Macri si Cambiemos no tuviera ese cable a tierra que para el PRO significa tener a la UCR dentro del Gobierno?

Lo que la izquierda peronista no termina de entender es que estos dos personajes se mantienen en pie porque han aprendido a ser flexibles, sin perder identidad.

Macri y Cornejo han aprendido que en la Argentina es imposible "ir por todo", como quería Cristina, y que el peronismo es un enfermo que aún tiene condiciones para poder salir de terapia intensiva.

Más noticias