A Fondo Domingo, 21 de octubre de 2018

El desafío de ser una de las 22 mujeres del país que manejan aviones comerciales

Durante 18 días por mes, Nuria Estévez (35) conduce un avión de Austral, en vuelos regionales y de cabotaje

Es una de las 22 mujeres que pilotan aviones en Argentina. Hace 17 años que se dedica a esta profesión y dice que nunca se imaginó en otra. Durante 18 días por mes, Nuria Estévez (35) conduce un avión de Austral, en vuelos regionales y de cabotaje. Asegura que es difícil ser mujer en una actividad en la que sólo el 0,7% lo es. Para contrarrestar esto, Nuria explica que cuando era alumna en la escuela de vuelo, rindió siempre el 100%, "es que si no lo das todo, dejás un margen para la duda, y yo no me podía permitir eso", argumenta.

Nuria llegó a Mendoza invitada por el Instituto Tecnológico Universitario (ITU) para participar en las jornadas denominadas "Mujeres en la aviación" (ver aparte). Expresa que, siempre que puede, cuenta su experiencia en este tipo de eventos, para que otras mujeres que quieran ser parte del mundo de la aviación se animen. Asegura, además, que es una profesión no excluyente para quienes quieren ser madres. Sólo es cuestión de organizarse y no renunciar a los sueños.

-¿Cómo es ser piloto en un ambiente de varones?

-Sólo somos 22 mujeres en línea aérea en todo el país, de las cuales cuatro somos comandantes. El ambiente sigue siendo muy masculino. Estadísticamente, tenemos una baja de mujeres bastante importante. De cada cuatro chicas que arrancan la carrera, tres abandonan.

-¿Por qué creés que sucede esto?

-En parte porque todavía no encuentran el equilibrio en esto de proyectarse como mujeres madres y un desarrollo personal versus el volar. La carrera es muy demandante. Es un estilo de vida. Esto de volar todo el tiempo, estar yendo y viniendo, sin horarios fijos.

-¿Cómo te organizás vos?

-Yo vuelo entre 15 y 18 días al mes, y, por lo demás, mi vida es como la de cualquier otra persona que trabaja muchas horas y en horarios discontinuos. No siempre vamos y volvemos en un vuelo. Hay veces que dormimos en el lugar de destino. Esto se llama "posta": cuando vos tomás un vuelo, hacés una escala y si el destino final es Mendoza, te quedás a dormir y al otro día recién te volvés.

-¿Creés que una mujer piloto puede tener hijos si lo desea?

-Sí, claro que se puede. La otra comandante que tenemos en Austral es madre de dos chicos. Hay una copiloto de Aerolíneas que ya va a tener su tercer hijo, está por tener ahora su bebé. Lo que hay que entender es que es necesario tener un par que acompañe ese proceso, que una pueda apoyarse en esta relación. Por ejemplo, si tenés que salir a volar a las 3 de la mañana, es importante que tu pareja pueda ser la que te sostenga, que se levante y lleve a los chicos a la escuela.

-Creo que ahora está cambiando esto. ¿Quién se iba a imaginar hace unos años que iba a haber una mujer piloto?

-Por eso es muy importante que se armen estas jornadas, para mostrar que la actividad que elijas no tiene que ver con el género, tiene que ver con tus ganas, con tus prioridades, con tu orden, con que encuentres tu equilibrio como mujer, trabajadora, madre y todo lo que quieras hacer. Yo no digo que sea fácil. La aviación contempla que las trabajadoras puedan ser madres, que incluye que las mujeres que están embarazadas se bajen del avión para no poner en riesgo la gestación, hay una estructura que sostiene que las mujeres volemos y hagamos las vida que decidamos.

-¿Cuándo descubriste tu vocación?

-Yo no vengo de familia aeronáutica: mi mamá es docente y mi papá, gerente de una cadena de supermercados, ahora ya están jubilados los dos. Los fines de semana íbamos a Aeroparque a ver los aviones y a tomar mate. Vi despegar un avión y le dije a mi papá: "Eso quiero hacer" y ese mismo día me llevaron a un aeroclub a que pudiera hacer un vuelo de bautismo. A los poquitos meses estaba arrancando mi carrera y nunca más me bajé. Tenía 17 años.

-¿Qué recordás de tu vida de estudiante?

-En la escuela de vuelo, el 99% eran varones. Es muy difícil. Cuando yo entré a hacer la carrera, era la única mujer. Mis exámenes siempre duraron un poco más. Las exigencias eran mayores. Yo sabía -siempre supe- que tenía que dar el 100%. Primero, porque me educaron así y después porque si yo rendía el 80%, iba a dejar un margen de 20% para la duda. No podía dejar ese espacio.

-¿Los requisitos son iguales para cualquier persona que quiera estudiar?

-Sí, todas las personas tienen que pasar por un examen psicofísico para volar, en donde te evalúan condiciones físicas (vista, oído, huesos) y psicológicas. Algunas enfermedades te limitan la profesión, como los problemas de vista. Pero no hay diferencia de exigencias para ningún género.

-¿Qué es lo más complicado de ser mujer en esta actividad?

-Al haber tantos varones, una está insertada en el grupo, en sus charlas, en sus comentarios, en su camaradería. Te tenés que terminar adaptando a eso. En algún punto, estás todo el tiempo dando examen. Vos por ser mujer tenés que demostrar constantemente que lo podés hacer, que podés volar.

-¿Alguna vez te sentiste discriminada por ser mujer?

-No me pasó nunca, pero tenés que tener un temperamento especial, fuerte. Tenés que ser una persona segura y poner límites. Pero sí me pasó, por ejemplo, que se bajaran dos veces pasajeras porque yo, que comandaba el avión, era mujer.

-Esa es una forma de discriminación.

-Es complicado tener que pararse frente a una mujer y explicarle que vos estás en igualdad de condiciones y de capacitación que un varón para comandar.

-¿A qué se lo atribuís?

-Tenemos que entender que el problema nuestro es cultural, el machismo nuestro, el patriarcado, es cultural. Por eso hoy las mujeres salimos a hablar y mostramos lo que hacemos. Tenemos mucho trabajo detrás de lo que se ve, simplemente. Necesitamos que los varones colaboren con este proceso. No es que nosotras vamos con el estandarte del feminismo y la revolución a todas partes, está muy bien eso. Pero no dejemos de lado que la otra parte se integre a este cambio.

-A tu criterio, ¿qué falta para lograrlo?

-Hay que educar y lleva tiempo. Significa salir y promover que la mujer haga lo que le gusta, que sea libre de elegir, que pueda optar por cómo vivir y ser feliz. Hay un verdadero cambio de paradigma: antes si eras mujer y no te casabas antes de los 30 años, no te casabas más. Ahora, las mujeres tenemos 35, 40 años y recién estamos pensando en ser madres. A mí me encantaría ser madre y tener una familia numerosa, y pienso que lo puedo hacer siendo piloto.

-¿Qué es lo que más te gusta de volar? ¿Cómo vivís tu vocación?

-A mí me emociona sentir el viraje del avión y la fuerza que hace para volar y la potencia que tiene cuando despega. No sé ni cómo explicarlo a veces, porque es una sensación que te llena el alma. Es maravilloso. Vale todo el esfuerzo estar acá y sentir esto. Yo siento que el avión es parte de mi cuerpo. Yo llevo el avión como si me pusiera un uniforme, es parte de mí.

Más noticias