A Fondo Domingo, 31 de diciembre de 2017

Economía 2018: una agenda con metas difíciles de cumplir

La expectativa que trajo el simple anuncio del cambio de metas de inflación dio la medida del desvío en el que estaba incurriendo el Gobierno. No fue un plan económico ni muchas medidas concretas. Los escenarios que mostró el equipo económico fueron casi un recalculando.Este recalculando muestra a un gobierno que decidió escuchar las alertas de muchos sectores de la sociedad (desde los principales operadores económicos hasta los ciudadanos de a pie) de que fijar en un nivel alto las tasas de interés para vencer la resistencia de la inflación a la baja ya no resultaba efectivo, al menos no en estos niveles.El otro aspecto importante, que el Gobierno se ocupó de remarcar en la propia imagen de la conferencia de prensa en la Casa Rosada, fue la unidad del gabinete, más allá de los debates internos que venían trascendiendo en las últimas semanas.Las metas de inflación fueron una zanahoria inalcanzable durante los dos años que lleva Mauricio Macri en el poder. El Gobierno le erró por 23 puntos.En 2016, la estimación que se había autoimpuesto el Gobierno era cerrar el año con una suba del 25% en los precios. Eso nunca sucedió: la inflación del primer año de mandato cerró en 40,9%, el nivel más alto en 14 años.El INDEC arrancó con la medición en abril, luego de un trabajo de reconstrucción del índice de precios al consumidor luego de la manipulación kirchnerista, con lo cual la estimación anual la hizo al medir el PBI. Esto es una diferencia de 16 puntos entre el cálculo oficial y la realidad, prácticamente el mismo monto de inflación que se espera para 2018.El debate entre los economistas cuando se veía que ya era imposible cumplir el objetivo (en setiembre de este año la inflación ya era de 17,6%), era dilucidar cuál era el mal menor: cambiar las metas y perder credibilidad en los objetivos impuestos o mantenerla y seguir buscando controlar la inflación con tasas cada vez más altas, que limitaban el crecimiento, y engordaban el stock de Lebacs.Brevemente, el presupuesto resulta creíble en términos generales. Las metas fiscales, sin embargo, son engañosas pues el Gobierno insiste en observar el déficit fiscal primario sin atender al déficit fiscal consolidado. Al tener en cuenta el déficit de las provincias y los intereses que se van sumando con la nueva deuda, el déficit fiscal resulta elevado, al punto de poner dudas sobre la sustentabilidad del modelo económico. No sólo eso: además asume que el contexto macroeconómico seguirá ofreciendo crédito externo a tasas bajas, lo que implica asumir riesgos innecesarios.La inflación cae, pero no por la vía del ajuste del sector público que sigue sobredimensionado, sino por remplazar su monetización por endeudamiento.La principal demanda de realismo y fortaleza necesaria hoy es limitar, en tiempo y montos, el vivir de prestado y proponerse, por ejemplo, no llegar al 40% de deuda con privados en relación con el PBI. Así lo dice el Gobierno, en línea con sus metas fiscales, que, como se ve, no serán fáciles de cumplir. Debe tenerse en cuenta que se ha iniciado un ciclo de subas de tasas de interés en los Estados Unidos, por ahora muy gradual. Estas cuestiones también deberían explicarse más y mejor, sin suponer que a "la gente" no le interesa o no lo entiende.En cuanto a la política monetaria, algunos recomiendan, sin más, la devaluación, que, en un régimen de flotación, se realiza mediante una baja de las tasas de interés del Banco Central. Esto es lo que proponen variados economistas, algunos de los cuales recomiendan también que el BCRA suba sus metas de inflación. En criollo, lo que se propone es devaluar y tolerar mayor inflación.El debate así planteado es incompleto porque no incluye respuestas a preguntas tales como: ¿cuánta inflación adicional sería recomendable?, ¿qué metas debería formular el BCRA de allí en más? Tras el cambio, ¿cómo se evitaría que se consolidaran expectativas duraderas de mayor inflación?El Gobierno sumó fortaleza, con su reformismo avanzando a todo vapor. Hay que ver si quiere capitalizar ese andamiaje con una ratificación del rumbo, o se arriesga con algún giro en el timón.Es crucial para el éxito del esquema la formación de expectativas: la reputación del Banco Central, que las metas sean creíbles y que los precios y salarios de la economía tomen como referencia esas pautas de inflación futura.Es un riesgo que Macri acepta correr. Cree que sólo con la economía en crecimiento y achicando gradualmente el déficit fiscal se puede salir de la trampa. Tal vez debería rezar para que en ese largo camino no se corte el financiamiento externo.

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