A Fondo Domingo, 1 de abril de 2018

Debate: ¿está bien o mal la licencia de Palermo?

Qué Justicia queremos. La beca del "supremo" para estudiar en Alemania obliga a plantear cuestiones institucionales de fondo

Hay un problema serio para juzgar con equidad y cierta prescindencia la conducta de los jueces en estos tiempos.Cuando los casos que tienen entre manos son resonantes y, por lo tanto, inevitablemente polémicos, los magistrados quedan en el centro de la escena social. Se vuelven objetos privilegiados de atención mediática.Fue el caso del español Baltasar Garzón o del fiscal italiano del Mani Pulite Antonio Di Pietro. El juez federal Luis Leiva o el fiscal de Estado Aldo Giordano fueron algunas estrellas fugaces en Mendoza.Hoy en día las situaciones se agudizan por el arrollador dominio de las redes sociales, que entronizan o despedazan con pasmosa inmediatez. Irreflexivas. Impiadosas.La vieja "pena de vergüenza pública" renacida y llevada al paroxismo.Las redes convertidas en "tribunal paralelo".Redes sociales que llevan, en germen, una peligrosa carga de autodestrucción cuando se utilizan con impericia. Como le pasó a la fiscal Anabel Orozco, inmolada por su propia mano en Facebook.A esto deben añadirse otros fenómenos novísimos como el streaming y los canales on demand. Así pues, el juez del Lava Jato es uno de los personajes centrales, con nombre cambiado, de la serie brasileña El Mecanismo, que ha suscitado la protesta de Lula y de Dilma Rousseff, con airadas denuncias contra Netflix.En este contexto enrevesado apareció el pedido de licencia del miembro de la Suprema Corte mendocina Omar Palermo, por seis meses, para estudiar en Alemania.La mesa está servida para la polémica. Sin garantías de ecuanimidad.Vasos vacíosDemanda un sobreesfuerzo adicional ver en el "caso Palermo" el vaso medio vacío y el medio lleno sin incurrir en segundas intenciones.Por un lado, un alto miembro de la Justicia local (los testimonios que aquí se reproducen son en estricto off, por obvias razones) admite, sin ser allegado a Palermo, que lo malo de este tema es cómo se ha encarado: "Se lo ha personalizado y es agresivo. Podemos tener diferencias, pero sin desconocer que Palermo no inventó este tipo de licencias. Se inició y consolidó con la Rulo (Aída Kemelmajer), que tenía una concepción academicista de la Justicia".¿Cuál es la objeción a tal postura? La ofrece un par del anterior opinante: es bueno perfeccionarse, pero este tipo de licencias son para los empleados judiciales. Hay un solo antecedente en beneficio de un juez: el propio Palermo, auspiciado por Kemelmajer.Otro dato: en la sentencia del Jury a Orozco se mencionó que no había licencia sin goce para los jueces.De paso, recordemos que asuntos varios de este tenor estaban específicamente abordados en el proyecto de ley que contemplaba la ampliación de miembros de la Corte y que se frenó en Legislatura. Preguntas de fondoSaliendo del caso particular de Palermo, la trama lleva a plantear preguntas de fondo, a partir de qué tipo de Justicia queremos: una más academicista o una más práctica.La cátedra desafía, al respecto: ¿seleccionamos a los futuros jueces como si fueran profesores de facultad o como abogados que deberán resolver causas?¿Cómo deben ser las sentencias: voluminosas, con innumerables citas y lenguaje para iniciados, para lucimiento personal del magistrado; o concretas y relacionadas con los temas sometidos a decisión y en un lenguaje que el ciudadano medio pueda entender?¿Cómo debe ejercer su función el juez: como académico que oficia de director de equipo de investigación con un ejército de relatores, que son los que leen; o debe hacerlo en audiencias orales, tomando contacto con las partes, que le explicarán el caso en forma personal?Presencia o ausencia de los jueces. Oralidad. Etcétera. Gran debate.Palermo, una figura pesadaSi Palermo, dada su solidez profesional, hubiera mantenido el bajo perfil de antaño, la controversia hoy en torno a su persona no habría agitado en grado extremo el avispero.Pero el hecho de que un grupo nutrido de jueces y fiscales se metiera en el barro espeso de la política durante el kirchnerismo abolió la posibilidad de que sean tratados con distanciamiento y objetividad.El presidente Macri refunfuña contra el juez Farah por la causa de Cristóbal López. El gobernador Cornejo hace otro tanto con la Octava Cámara por el proceso de Nelly Rojas.La Justicia argentina con sede en Buenos Aires viene desatando un festival indecoroso de prisiones preventivas y, luego, un correlativo festival de excarcelaciones. El espectáculo es dantesco para el argentino de a pie.Bajo este clima, Palermo aparece como el jefe espiritual de Justicia Legítima en Mendoza. Justicia militante. Él resulta tan urticante para el Gobierno local como era la procurador Gils Carbó para la Presidencia.Por eso, además de criticarle que abandone su cargo, siendo cabeza de poder, con la Justicia penal en estado de colapso, deslizan, con saña: "Esperemos que no vaya a perfeccionar en Alemania sus teorías abolicionistas que tanto daño les han hecho a los argentinos".Sus colegas de Tribunales lo ven desde otro ángulo. El personal: "Palermo va rumbo a la fábula de Narciso. Ese que se enamoró tanto de sí mismo que terminó sucumbiendo".