A Fondo Domingo, 29 de abril de 2018

¿Cuál de los infinitos peronismos se da aquí?

Divididos por la felicidad. La partición entre el ala oficial y el kirchnerismo estaba cantada, en plena búsqueda de una identidad

Una particularidad argentina, única en el mundo: los peronismos que se multiplican al infinito. Que mutan sin parar.

Tantos peronismos hay como estrellas en el cielo. Señala la eminente científica argentino-colombiana Adriana Ocampo, citando a Carl Sagan, que "el universo está compuesto de miles de millones de miles de millones de galaxias".

Y miles de millones de peronismos.

Lo cual hace que resulte virtualmente imposible terminar de entender, alguna vez, el movimiento fundado por el General hace más de 70 años, en los términos de la política tradicional.

Cualquier formato cabe en él. A la vez, cualquiera puede ser expulsado temporalmente de su seno y vituperado de la peor manera. Eso sí, con carta blanca para volver.

Los ejemplos también se pueden multiplicar ilimitadamente. Baste citar, para ser prácticos, algunas elecciones presidenciales.

En 2003 concurrieron tres peronismos a las urnas: los de Carlos Menem, Néstor Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá. Se le podría agregar, por vía del absurdo, un cuarto representante: Leopoldo Moreau, convertido hoy, con el correr de los años, en kirchnerista tránsfuga.

En 2015, otros tres: los de Daniel Scioli, Sergio Massa y Adolfo Rodríguez Saá. Fue muy parecido el esquema en las legislativas bonaerenses de 2017: Cristina Fernández, Massa y Florencio Randazzo.

Y así siguiendo.

El magma está más fluido que nunca. Y más confuso.

¿Bajo qué esquema ubicamos hoy por hoy los bandos en pugna del peronismo mendocino?

Un enigma digno de la Esfinge de Tebas.

Un divorcio con la sociedad

La división entre las dos grandes facciones del justicialismo local, que se produjo en la semana con epicentro en la Legislatura, es la crónica de una grieta anunciada. Esta misma columna la anticipó el domingo.

No había manera de impedirlo desde el momento en que La Cámpora, comandada por la senadora Anabel Fernández Sagasti, abriera un canal de diálogo con el Gobierno que conduce a reformas en el sistema de Justicia, incluyendo la ampliación de miembros de la Corte.

Para la sociedad, pese a tratarse de un acto de kirchnerismo absolutamente contradictorio, ajeno a su ADN, resultó un capítulo más de las idas y vueltas de la política.

Está acostumbrada la gente.

Para el peronismo tradicional, en cambio, que comanda el partido, el acuerdo fue un escándalo.

"Esta chica (por Fernández Sagasti) afirmó que no le importaba cuántos miembros pueda tener la Corte. Es una irresponsabilidad total. No se juega con algo tan serio. Permitirle a Cornejo la manipulación de la Justicia, afectando la independencia de los poderes, es un hecho de enorme gravedad", se enfurecía, desde Buenos Aires, un encumbrado dirigente del PJ.

Curioso: el peronismo está mucho más escandalizado por sus propias acciones que la ciudadanía.

Pasa algo similar con la intervención partidaria nacional.

Es un divorcio, en cuanto a expectativas y prioridades, que los dirigentes, necesitados de recuperar el afecto y la confianza populares, no deberían echar en saco roto.

Ninguno de estos miniterremotos garantiza un retorno a los primeros planos. Al contrario. No son dolores de parto sino de otros achaques en un cuerpo magullado.

El peronismo federal en acción

De los bandos en pugna, quien tiene un rompecabezas mayor a resolver aquí es el peronismo oficial.

Su adversario kirchnerista no padece ningún conflicto doctrinario o ideológico. Le basta y sobra, hoy, con seguir las órdenes de Cristina Fernández con pertinaz obediencia.

Y en el terreno local, como no tiene ninguna responsabilidad de gobierno, se ve con las manos libres para moverse hacia donde sople el viento.

La facción, mayoritaria, que comanda Omar Félix necesita, en cambio, mostrarse prudente. Debe atender, en primer lugar, las necesidades prácticas de sus intendentes, en una coyuntura económica delicada.

Por otra parte, esta vertiente del partido recién está empezando a consolidar una propuesta que resulte atractiva y competitiva para 2019.

El test de consanguinidad lo lleva hacia el llamado peronismo federal, que viene de reunión en reunión. La última de ellas se realizó con Córdoba, con la presencia, para ellos esencial, del gobernador Juan Schiaretti.

Nadie, en el grupo, se siente con fuerza suficiente como para ubicarse como el líder principal, pese a que ahí revistan casi todos los mandatarios provinciales del PJ.

Es un problema para una fuerza verticalista. Pero también una oportunidad, para que se impongan los aires renovadores.

Encuentro en Mendoza

El peronismo federal tendrá en breve un capítulo mendocino.

El jueves 10 de mayo desembarcará una delegación encabezada Miguel Ángel Pichetto, Marcos Lavagna y Miguel Peirano. Habrá reuniones sectoriales, una conferencia sobre la situación nacional en el hotel Diplomatic y un importante acto en San Martín, con el intendente Jorge Giménez como anfitrión.

Tal vez sea la ocasión para que el grueso del partido, desairado por La Cámpora, se decida a jugar firme dentro del peronismo federal.

Tal vez.

La infinita maleabilidad del peronismo habilita, siempre, cualquier fuga por la tangente.