A Fondo Domingo, 15 de julio de 2018

Criando hijos libres de frustración

La columna de Bernardo Stamateas

Bernardo Stamateasbernardoresponde@gmail.com

Muchas veces nos preguntamos por qué alguien que ha tenido la posibilidad de estudiar, y disfruta de una familia amorosa y una profesión que eligió y le brinda prosperidad económica, puede sentirse frustrado. Actualmente la frustración es una de las emociones predominantes, incluso en gente que parece tenerlo todo.

¿Qué se esconde detrás de la frustración? En algunos casos, culpa. La persona que se siente culpable, aun cuando no sea consciente de ello, buscará boicotear todo lo que hace porque, en el fondo, no se cree merecedor de sus logros. En otros casos, la persona vive frustrada porque heredó la frustración de su familia de origen. Seguramente en su casa, todos se quejaban de todo y de todos: de la familia, de la economía, del vecino ruidoso, del trabajo, etc. El quejoso vive frustrado y tiene el pensamiento de que todo el mundo está en su contra. Dicha actitud, sobre todo cuando la hemos visto desde chicos, se hereda porque se copia.

Las personas maltratadoras, por lo general, recurren a una gran cantidad de estrategias para evitar la frustración (entre ellas causarle dolor a otros). Las personas compulsivas y las que se mutilan (por ejemplo, cuando se enfurecen, se golpean o se muerden) también buscan huir de la frustración y el sufrimiento que esta les provoca. En el fondo, desearían no comportarse así pero continúan haciéndolo porque no pueden evitarlo.

Por todo lo expuesto, el rol de los padres en la crianza de sus hijos es importantísimo para formar seres humanos que, en el futuro, tengan la capacidad de enfrentar y aceptar la frustración. Todos necesitamos un mínimo de frustración en la vida porque esta nos permite aprender, crecer y superarnos en cada situación que nos toque atravesar. La frustración, en su punto justo, es una fuente de ideas, estrategias y acciones para llegar a la meta propuesta.

Ya sea que nos demos cuenta de ello o no, los hijos suelen reproducir el modelo de sus padres. Si crecen con padres que se sienten frustrados, en general, acabarán por convertirse en adultos frustrados. Te invito a considerar algunas cuestiones prácticas para ayudarlos a manejar la frustración de manera sana:

Evitar la sobreprotecciónLa vida no nos da todo lo que queremos. Las personas que fueron sobreprotegidas en la niñez, que siempre tuvieron todo lo que deseaban, casi siempre son adultos que no toleran la frustración. Nadie puede decirles que no ni hacerlos esperar, porque se vuelven caprichosos y protestan sin fin. Cuando un niño desea algo, aunque grite, llore y patalee, no deberíamos dárselo siempre. Esto lo ayuda a aprender a frustrase y a no creer que merece recibir todo lo que quiere en el momento que lo quiere. Nuestros hijos necesitan aprender a esperar.

Evitar hacer por ellos lo que ellos mismos son capaces de hacerCuando nuestros hijos tengan dificultades, no intervengamos enseguida. Permitamos en lo posible que aprendan a resolver sus propios problemas. Nunca deberíamos privarlos de experimentar emociones como la ansiedad y el enojo.

Ponerles límites claros y razonables Es importante marcarles los límites a nuestros hijos pero estos siempre deben ser claros y razonables. De lo contrario, solo sentirán y acumularán frustración.

Felicitarlos por sus logrosFelicitar verbal y periódicamente a un hijo con palabras de aprobación lo libera de la frustración tóxica. "Qué bien lo hiciste"... "Lo manejaste muy bien, ¡felicitaciones!". Por supuesto, haciendo hincapié en el esfuerzo y no en el resultado.

No les digas a tus hijos que no tienen que vivir frustrados, demostráselo con tus hechos.

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