A Fondo Domingo, 3 de junio de 2018

Cornejo, cual Flaubert: "Dalmiro Garay soy yo"

Apuesta. El gobernador ha propuesto a uno de sus hombres clave para la Corte. Toda una demostración de voluntad de cambio hacia la Justicia

Uno diría que fue escrito para nosotros: "Todo parece apuntar a que vivimos en una democracia de los incompetentes".

Y no. No apunta para acá. Alude a la realidad española. Que se encuentra, hoy por hoy, tan embarullada como la italiana.

De ambas dos venimos. ¿Será por eso que estamos donde estamos?

La cita del inicio pertenece a un excelente artículo de Daniel Innerarity, catedrático en la Universidad del País Vasco, que señala, entre otras cuestiones: "La popularización de la política consiste en mover el foco de los contenidos hacia quienes deciden, de los temas a los símbolos y las escenificaciones, una reacción que simplifica y alivia pasajeramente el desconcierto porque es más fácil hacerse un juicio sobre las personas que sobre los asuntos".

La política convertida en espectáculo.

Donde es más fácil, más rendidor en las redes (en los me gusta), ocuparse de los actores que de los temas principales del momento.

Así pues, desatamos ríos de comentarios banales, de memes, de vulgaridades en torno a "la loca" y "el machirulo". A Cristina y Mauricio. En vez de abocarnos a lo que realmente hacen o dejan de hacer una senadora de la Nación y el Presidente de esa misma nación.

"El origen de nuestros problemas políticos reside en el hecho de que la democracia necesita unos actores que ella misma es incapaz de producir", es otro de los conceptos del profesor Innerarity.Un claro mensaje a la sociedadAfortunadamente, Mendoza sigue sin contagiarse de las peores manifestaciones que monta la política nacional.

Los problemas concretos son similares, pero no necesitan resolverse bajo las reglas melodramáticas del vodevil mediático.

El nuevo asunto que tomó cuerpo esta semana apunta a uno de los tres poderes de la democracia provinciana, la Suprema Corte de Justicia. Institución esencial, por si hiciera falta aclararlo, tan distraídos vamos por la vida.

¿Por qué importa cómo se llenará el hueco que produjo la renuncia de Alejandro Pérez Hualde a la Corte?

Porque en la proposición del reemplazante, el Gobierno, arriesgándose a perder una pieza clave, exhibe mucho más que un simple nombre para un casillero vacío. No es tan sencillo como el cambio de Chiquito Romero por Guzmán, que será tercer arquero.

Es, tratándose de un jugador de ajedrez tan preciso, tan detallista en estos menesteres como el gobernador Alfredo Cornejo, una cabal expresión de dogma político.

Un mensaje a la sociedad. Y a la totalidad de la grey política local.Garay es CornejoSi Gustave Flaubert, para explicar su literatura ante los críticos insistente, terminó por decir "Madame Bovary soy yo", al gobernador Cornejo le cabría una fórmula similar.

La elección de su ministro de Gobierno, Trabajo y Justicia, Dalmiro Garay, como aspirante a cubrir la futura vacante en la Corte es la manera más clara que tiene hoy el Ejecutivo de resumir, de simbolizar, en un solo acto, toda una voluntad respecto del accionar del Estado en general y de la Justicia en particular.

Juntamos aquí voluntad y acción, porque Garay, nutriéndose de una sólida formación doctrinal, se ocupó precisamente de poner en marcha los principales lineamientos de la gestión de Cornejo. Hizo que avanzaran. Que no quedaran en la mera teoría o en la vana expresión de deseos.Experto por expertoEl primer punto a favor de la elección del Gobierno radica en que se reemplazará a un experto en derecho administrativo como Pérez Hualde por alguien de la misma especialidad.

"Y no como se hizo ante el retiro de Fernando Romano, que era civilista, y fue suplantado por un penalista como Omar Palermo", apuntan los memoriosos.

Por otra parte, al haberse desempeñado como hombre de confianza de Cornejo y como su gestor político, Garay llegará, en caso de ganarse las bolillas blancas del Senado, con un mensaje claro respecto de qué tipo de Justicia se pretende.

Podríamos resumir dicho misal en cuatro puntos: cercanía a la comunidad, mayor celeridad en la administración, predisposición para trabajar a la tarde y refuncionalización de la Feria Judicial.

Garay ha sido parte inherente de este proceso. Le resultará sencillo trasladarlo al hábitat del tribunal.

Otro punto que destacan los promotores del aspirante: su juventud (45). "Es la energía que hace falta. Por sus ideas, puede contribuir a la modernización de los procesos judiciales. Y por su reciente actuación, seguramente vendrá a promover más transparencia, eficiencia, orden y concursos".

Todo un bagaje para cruzar el desierto de las postulaciones.Objeción política y de géneroEntre las objeciones que se le pueden plantear a la candidatura de Garay, vale destacar dos: una estrictamente política y la otra de género.

A cuanto a la primera, que pone el acento en tratarse de un representante directo y fáctico del poder político, produce una mueca irónica en Mario Adaro, quien llegó a la Corte habiendo sido, como Garay, ministro de Gobierno, en aquel entonces de Celso Jaque.

"Algunos radicales que hoy en la Legislatura apoyarán a Garay, cuando fue mi turno criticaron fuertemente la designación por idéntico motivo", recuerda Adaro. Sin embargo, reconoce que las circunstancias son distintas: su caso se ventiló en pleno proceso electoral, cuando la puja partidaria se desata más.

Adaro, aun siendo de raíz peronista, reconoce que Garay reúne los méritos suficientes para ingresar al máximo tribunal.

Desde el ámbito interno, algunos destacados jurisconsultos expresan un concepto complementario: "Que Garay venga de afuera de la estructura judicial también es muy bueno porque consolida la necesaria mixtura que deber tener la Justicia. Si no fuera así, estaríamos promoviendo la corporación, la tecnoburocracia judicial".

Son varios, por otra parte, los que consideran que la cercanía de Garay a Cornejo aceitará los canales de comunicación. "Siempre debe existir un contacto institucional", es la opinión de Adaro.

Otro magistrado enfatiza que el hecho de provenir de la militancia política permitirá tender un puente con la opinión de amplios sectores de la sociedad, "evitando, de paso, el aislamiento que genera la visión academicista".

En cuanto a la cuestión de género, tan intensa hoy y teniendo en cuenta que la Corte seguirá sin contar con un miembro femenino, se apunta a que la perspectiva de género la puede (y la debe) tener cualquiera dentro del tribunal, sea hombre o mujer.

Y en el Gobierno se cubren destacando que las de 35 ternas propuestas en estos tiempos para llenar vacantes en la Justicia, 28 elecciones recayeron en mujeres, o sea, más del 70%.

¿Llegará, finalmente, Garay a la condición de supremo?

Calma, radicales.

Tato Young, conocedor del paño, advierte en El libro negro de la Justicia -lo presentará este viernes en Mendoza-, que "el poder no es para los ansiosos. El poder es para los que administran la paciencia".

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