Vendimia 2016 Vendimia 2016
domingo 06 de marzo de 2016

La Vendimia de la Identidad mostró el ADN mendocino

El espectáculo unió emoción y música y tuvo una fuerte carga simbólica al recordar los 200 años de la Independencia y las 8 décadas de la Fiesta.

Música. Y emoción, también. Más o menos así, podría resumirse en un tuit lo que fue Vendimia de la Identidad, cargada de símbolos por los 200 años de la Independencia nacional y los 80 de la fiesta vendimial, el espectáculo escrito y dirigido por Alejandro Grigor.

Mirando al cielo, cada tanto. El temor por la lluvia, que complicó severamente el último ensayo del viernes, fue lo único que puso un poco de tensión a la fiesta. El resto, como ocurre siempre, fue festejo. Cada quien como buen mendocino, hizo después su crítica, pero otra vez se impuso el espíritu de Vendimia en el Frank Romero Day.

Esta vez se perdió en parte la folclórica costumbre de ocupar masivamente los cerros, ya que la organización vedó parcialmente el paso a esos sectores por temor a nuevas lluvias. Esto implicó que el Acto Central fuera visto en vivo por menos gente. Igualmente las zonas más altas fueron ocupadas de a poco por mucha gente sin que la policía pudiese impedirlo.

Incluso se debió trabajar intensamente para dejar los accesos en condiciones y retirar el agua acumulada en los sectores bajos, además de poner nuevamente en orden el sistema de luz y sonido.

Vendimia de la Identidad se dividió en 14 cuadros y con un estilo narrativo, apoyado en los dos aniversarios trascendentales, aprovechando el escenario al extremo y, aún más, casi dispersando un poco la atención del público, que como siempre colmó el Frank Romero Day.

Se quiso mostrar la cadena de ADN del mendocino y su fiesta, entendiendo como eslabones claves a San
Martín y Tomás Godoy Cruz.

Preludio

El espectáculo fue de la tranquilidad al éxtasis. Tuvo una especie de preludio calmado, de mostrando una ciudad silenciosa, parsimoniosa, para que después fueran apareciendo los compases que presagiaban el festejo. Allí, en las pantallas, se reflejaba la imagen de la primera reina de la Vendimia y el origen de todo. Ya en el verdadero inicio, aparecieron algunos acordes mezclados del Himno y un diálogo epistolar entre San Martín y Tomás Godoy Cruz, apoyado en imágenes.

Y luego comenzó a nacer la independencia, con actores en el escenario representando personajes de
época y otros descolgándose desde el aire.

Vendimia de la Identidad, se apoyó mucho en la música y también en los actores, casi más que en los cuadros de baile.

Desde que los directores de Vendimia se animaron definitivamente a la música en vivo, esta se ha convertido en una de las claves de cada fiesta. Esta vez no fue la excepción.

El cuarto cuadro estuvo dedicado a los huarpes. Sus costumbres, el rito del riego...

Claro, después aparecieron los inmigrantes en escena, añadiendo el otro gen del ADN y una secuencia coreográfica de cada país.

Y vino el cuadro de la América unida. En todos los niveles del escenario, aparecieron bailarinas vestidas con colores fuertes, distintos y llamativos, dando el efecto de diversidad.

Después fue el momento de detenerse especialmente en las costumbres mendocinas. Fue allí el momento para la cueca y el gato.

Más tarde aparecieron la zamba y el romanticismo.

Y llegó el turno de la Virgen de la Carrodilla. Como siempre, las velas y la emoción. Esta vez se repasó la devoción en versos, mientras la orquesta acompañaba detrás.

Luego fue el tiempo de representar las cuatro estaciones, apoyado en el trabajo de la tierra y de su fruto, el festejo de la cosecha y del vino nuevo.

Los 200 años de Independencia llegaron después, con un repaso por las danzas regionales. Pero, sin dudas, el pico de ese cuadro y uno de los mejores de la Fiesta, fue el homenaje al rock nacional. Allí, en un espacio distinto y con su propia banda, apareció Nito Mestre, el verdadero y único, que interpretó un popurrì de clásicos y que hizo corear esos temasal público, en forma natural. Mestre podría haber estado allí una hora y nadie se hubiera quejado.

El tango llegó después, con otra excelente interpretación de Tinta roja, pero intentando que esa imagen
sea sangre y vino, también como parte del ADN.

Y luego vino un cuadro para la revolución industrial que, a decir verdad, es más un deseo que una realidad. Pero, para no cuestionar la matriz productiva impuesta, se la vinculó con el vino y el desarrollo de la vitivinicultura en la provincia.

Para cerrar Vendimia de la Identidad, y para no correr el riesgo de que faltara la ovación, apareció el malambo y la multiplicación de bailarines, vinculando la Independencia y la Vendimia.

El tradicional grito de "¡Feliz Vendimia! ¡Salud!", clausuró el festejo.

Luego los 300 actores y los 500 bailarines,sumados a todo el equipo, disfrutaron del aplauso y se confundieron con el público.
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