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domingo 15 de mayo de 2016

"Uncharted 4": ya no podés escapar de tu destino

La cuarta y última entrega de la serie cumple las expectativas logrando mantener el nivel y, pese a no ser totalmente innovador, aporta unos destellos novedosos como un gancho, espacios para el sigilo y conducción de vehículos.

Pocos personajes dentro del mundo de los videojuegos infunden tal carisma como Nathan Drake. Este «indiana jones» de los tiempos modernos es capaz de cualquier cosa con tal de asomarse a una nueva aventura. Lo hace sin miramientos, sin ver el peligro. Lo practica como un arte que domina a la perfección. Es, realmente, la vida que le ha tocado vivir. Y no es nada obsceno, pero se maneja como pez en el agua. Y, aunque se resista, hay una especie de «maldición» que reclama su presencia en este tipo de situaciones. «Uncharted 4: El desenlace del ladrón», cuarta y última entrega de la popular serie, llega a la consola PlayStation 4 saboreando el éxito y regodeándose de practicar un deporte, el de la emotividad, que mantiene al jugador en constante tensión.

Atesora este videojuego unos valores primordiales dentro de la narrativa audiovisual. No se desvanece. Al contrario, va creciendo constantemente. De una forma sutil, sin que uno se dé verdaderamente cuenta. Marcando su territorio aprovechándose de las estructuras cinematográficas, esta entrega cuenta con multitud de secuencias cargadas de intriga y de diálogos exuberantes. Muchos son esos periodos donde se la historia principal se abre paso. Pero es necesario, y con ello consigue que el jugador sienta más ganas de avanzar y calzarse un arma.

Difusa es la línea de las transiciones que separan las cinemáticas del contenido jugable. Unos cambios que se comportan de forma reluciente para poder adentrarse en la zona interactiva en la que se exprime la misma fórmula habitual de la serie: momentos de absoluta verticalidad en la que el jugador debe buscar los recursos para superar los obstáculos, minutos de tensión y disparos y una carga mental para resolver los elaborados rompecabezas, aunque a grandes rasgos, estos puzles parecen menos complejos que en anteriores entregas. Tal vez es porque el jugador conoce perfectamente la mecánica e intuye dónde está el truco. Una combinación, eso sí, que mantiene la calidad de la serie y, a su vez, llevándola a un nuevo nivel.

Porque «Uncharted 4» se mete de lleno en una cierta libertad de decisión. La narrativa sigue siendo cerrada y se mantiene fiel al resto de la saga, recabando además elementos pasados y haciendo constantemente referencias sobre los anteriores capítulos. De hecho, es habitual los recordatorios y guiños al pasado que le llevan al jugador a sentir que, efectivamente, está ante un inconmensurable final, que sorprenderá.

Todas las situaciones son capaces de cohesionar y dar sentido a los primeros tres capítulos. Presentado brillantemente por unas cinemáticas trabajadas, se producen giros constantes. El aventurero vive ahora en una zona de confort junto con su mujer, Elena Fisher. Sus periplos como cazatesoros es antaño. Pero se resiste más bien poco en sumarse a la causa cuando aparece, por sorpresa, su hermano Sam, convertido aquí en ayudante y compañero de fatigas en la búsqueda del tesoro de un pirata llamado Henry Avery.

A diferencia de los anteriores capítulos, «Uncharted 4» trata de buscar su propio camino. Abrir un espacio que le faltaba. Aunque avanzar sobre la historia continúa siendo muy lineal, el juego se bifurca en dos direcciones. Al menos, da la opción que completar los enfrentamientos se pueden realizar de manera directa o, por el contrario, resolverlo desde el silencio. A la espera, con perspectiva globa. Ese comportamiento más sigiloso que no se encontraba en anteriores entregas (en la tercera parte, eso sí, hay pequeños escarceos con el sigilo) consigue establecer nuevos lazos de unión con la aventura, logrando así que el jugador apele a la santa paciencia para intentar eliminar a cada uno de sus rivales sin llamar la atención. Puede aprovechar, además de las coberturas, la vegetación existente, como si se tratase de la serie «Assasins Creed». No obstante, y como sucede en otros títulos del género,

los soldados enemigos, cuyo comportamiento parece más natural e inteligente, pueden alterarse cuando están escudriñando el terreno y observan algún movimiento fuera de lo común. Por ende, el jugador es advertido con una serie de luces sobre sus cabezas. Panamá es escenario del desencuentro con la realidad, beneficiado asombrosamente por un motor gráfico que luce en pantalla a golpe de emoción.

El ritmo nunca cesa y la historia tiene giros inesperados, que posteriormente le llevan a otros entornos como Madagascar, en donde el jugador se pone las botas mientras conduce vehículos, una de las novedades: la conducción resulta interesante y lo suficientemente divertida como para desear ponerse al volante una y otra vez. Con ayuda de un cabestrante, los avezados cazatesoros (porque sí, los hermanos Drake tiene la compañía del siempre acertado Victor Sullivan) logran superar algunos obstáculos o descubrir distintos objetos.

Texturas brillantes, entornos realistas, efectos de iluminación trabajados que permiten, por ejemplo, percibir las motas de polvo que pululan en el aire y un evolucionado sistema de destrucción le otorga al juego un aire de grandeza absoluta. Las coberturas, por ende, se han mejorado notablemente, consiguiendo que el cambio de las mismas sea más rápido y natural, lo que en cierto sentido ayuda a trazar la estrategia.

El juego guarda varias sorpresas. El estudio creador, Naughty Dog, no podía abandonar a su suerte a su gran personaje como algo pasajero. No podemos olvidarnos de nuevas habilidades presentadas por Drake en su nueva aventura; una cuerda con gancho le ayuda a superar ciertos obstáculos, aunque se utilizan en momentos en los que lo reclama la situación. Pero en muchas ocasiones, durante el combate, puede hacer uso para abalanzarse sobre los rivales. No es un arma libre que actúa por su cuenta y riesgo. Pero, claro, no hablamos de Batman, sino de un hombre más normal, pero que es capaz de subir a la azotea o una torre con el apoyo de sus propias manos, curtidas en mil batallas. Sí este objeto parece haberse tomado prestado de la versión actual de «Tomb Raider».

Agotando por repetición ese sistema «parkour», el ejercicio de innovación está matizado y aprueba con sobresaliente sin sacrificar, por ello, su esencia. Con su planteamiento conservador, este broche final está a la altura y, aunque no sorprenderá a muchos de sus seguidores, cumple a la perfección y le sitúa, posiblemente, como el mejor juego de esta generación de consolas. Con ocho mapas y tres modo de juego, el modo multijugador, por cierto, pisa el acelerador por combates frenéticos y muy cooperativos en muchos casos.

Fuente: abc.es

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