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martes 20 de septiembre de 2016

Proponen llevar a la Luna satélites propulsados por agua

Jóvenes investigadores diseñan un pequeño artefacto del tamaño de una caja de cereales que puede fabricarse con materiales sencillos.

Estudiantes de la Universidad de Cornell en Ithaca, Nueva York, trabajan en un diseño de Cubesat que alcance la órbita lunar propulsado por el recurso natural más abundante de la Tierra: el agua.

El equipo de Cislunar Explorers, dirigido por Mason Peck, un alto exfuncionario de la NASA y profesor asociado de ingeniería mecánica y aeroespacial, prevé que el satélite, del tamaño de una caja de cereales, sea fabricado enteramente de materiales disponibles comercialmente. «Esto tiene un objetivo muy importante, y es demostrar que se puede utilizar agua como propulsor», dice Peck, quien llegó a ser jefe de tecnología de la agencia espacial estadounidense en 2012-13.

Cislunar Explorers -cislunar significa «entre la Tierra y la Luna»- participa en una competición de la NASA llamada Cube Quest Challenge, que ofrece un total de 5,5 millones de dólares a los equipos que cumplan con los objetivos de desafío: el diseño, la construcción y la entrega de pequeños satélites capaces de operaciones avanzadas cerca y más allá de la Luna. Serían enviados en la carga del futuro cohete SLS (Space Launch System o Sistema de lanzamiento espacial).

«Por supuesto, nos gustaría ser el primer CubeSat en orbitar la Luna -reconoce Peck-, pero incluso si no lo hacemos, si podemos demostrar con éxito que el agua es todo lo que se necesita para viajar al espacio, habremos recorrido un largo camino hacia el logro de algunos objetivos importantes».

El satélite está formado por dos mitades en forma de «L», que se van separando gradualmente hasta situarse a kilómetros de distancia entre sí en dirección a la atmósfera lunar. Los satélites gemelos girarán a medida que avanzan produciendo un momento angular que les ayudará a mantenerse en ruta.

Con energía capturada del Sol, el agua almacenada en tanques en la parte inferior de la «L» se electroliza en gases hidrógeno y oxígeno, que se queman en ráfagas cortas, de 30 minutos a una hora de duración, para proporcionar propulsión. El giro también separa el agua líquida de los gases combustibles.

En la órbita lunar

A medida que la nave entre en la atracción gravitacional de la luna, se ralentizará y entrará en una órbita terrestre distante, reconectando eventualmente con la Luna en los días posteriores. Es durante esta segunda cita que Peck y su equipo planean que el satélite estará viajando lo suficientemente lento como para ser absorbido por la órbita lunar, a unos 9.500 kilómetros sobre la superficie de la Luna.

Además de la propulsión a base de agua, otra tecnología que se demostrará será la navegación óptica. Cámaras a bordo de la nave tomarán constantemente imágenes del Sol, la Tierra y la Luna y compararán sus tamaños aparentes y la separación con sus efemérides: dónde deberían estar en el momento en que se tomaron las imágenes.

Está previsto que la competición finalice un año después del lanzamiento del nuevo cohete SLS.

Fuente: abc.es

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