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miércoles 11 de mayo de 2016

"Deliran más algunos teóricos de WhatsApp que los propios usuarios"

Lo dijo el semiólogo José Luis Fernández, investigador y titular de la cátedra Semiótica de las Mediatizaciones de la UBA.

WhatsApp, la aplicación de mensajería multiplataforma que usan cerca de 23 millones de personas en Argentina, es "una mediatización sobre cuyas consecuencias suelen delirar mucho más algunos teóricos profesionales que los propios usuarios", con sus interacciones en grupos o chats con amigos, dijo a Télam el semiólogo José Luis Fernández, investigador y titular de la cátedra Semiótica de las Mediatizaciones de la UBA.

"Antes se decía que si los chicos miraban la serie Superman iban a salir a volar por la ventana, y no fue así", ejemplificó el experto.

Son "casos extremos, como cuando se advierte que Facebook aísla a las personas", agregó. Las interacciones de los usuarios en las redes son "propias de los vínculos de comunicación preexistentes", y así "como hay personas que ocupan un determinado rol en un agrupamiento social también lo hacen en los grupos de WhatsApp", aseguró.

Allí, los comentarios que se hacen "son parte de la reproducción de una forma de comunicación preexistente amplificada por la tecnología", indicó a Télam, por su parte, Pascual Calicchio, docente y asesor de la Comisión de Comunicación e Informática de la Cámara de Diputados.

No obstante, WhatsApp -que este martes lanzó una nueva aplicación de escritorio- brinda facilidades al funcionar como una "red comunitaria", donde se comparte un territorio como el colegio o trabajo, explicó el semiólogo.

En el mundo hay más de mil millones de usuarios de este servicio de mensajería, y Argentina está entre los diez países que más usan la aplicación, según un informe difundido por la revista Forbes en septiembre del 2015.

"En WhatsApp podemos observar la facilitación de grupos según necesidades de corto alcance y la segmentación dentro de ellos", remarcó Fernández. Pero la comodidad de llevarlo "en el bolsillo a través del celular", genera un uso que a veces supera el fin por el cual el grupo fue creado.

En este sentido, la semana pasada el colegio Beth, del barrio porteño de Palermo, tuvo que crear un folleto con consejos sobre los grupos de WhatsApp destinados a padres de los estudiantes. En la publicación, difundida en redes sociales, se recomendaba: "Información sí, chismes no"; "No critiques al docente en el grupo"; o "No exageres con los emoticones".

"No se trata de culpar a WhatsApp sino, como mucho, a la articulación entre la herramienta y el grupo", consideró Fernández.

"El problema no es de la red, sino del vínculo", aclaró el semiólogo y recordó que "cuando se usaban los contestadores telefónicos y uno llamaba a un amigo por un tema que lo había enojado, también le dejaba un mensaje".

Esa voz vuelve a tener lugar hoy en WhatsApp, que trascendió el mensaje escrito y recuperó los sonidos, explicó y consideró que "no se trata de conversaciones telefónicas como las de antes, sino más bien de publicaciones", como una suerte de monólogo.

Ese registro tiene lugar en una oposición que el semiólogo citó como "mediatización grabada-en vivo", donde en el primer caso el contenido "deja rastros", mientras que en el otro "se lo lleva el viento". Así, los rastros que dejan las mediatizaciones grabadas pueden constituirse como evidencias: el mes pasado la justicia encontró un grupo de WhatsApp llamado "Time Warp" en la investigación que lleva adelante por la fiesta electrónica de Costa Salguero, en la que murieron cinco jóvenes.

El debate en torno a WhatsApp también atraviesa el tópico sobre la seguridad nacional de un país, en donde lo que está en juego es la privacidad de los individuos. "Pero esto también puede remontarse a los orígenes -aclaró Fernández- cuando por ejemplo una persona le enviaba una carta a otra con alguna acción que podía genera una infracción social. Entonces el interrogante es hasta dónde llega el control".

Hace unas semanas, Marcel Maia Montalvão, un juez penal de Lagarto -una pequeña localidad de Brasil- decretó el bloqueo de WhatsApp durante 72 horas, a pedido de la Policía Federal. La razón fue porque WhatsApp se negó a romper el secreto de mensajes enviados por supuestos narcotraficantes a través de la aplicación.

Más allá del debate sobre seguridad nacional confrontándose con privacidad individual aún no resuelto, lo que suele suceder cada vez que se bloquea o se cae WhatsApp "es el crecimiento de Telegram", aseguró Pascual Calicchio.

"Si bien puede decirse que Telegram es como una suerte de competencia de WhatsApp, lo cierto es que su enfoque no está puesto en el negocio sino en garantizarle seguridad a sus usuarios", subrayó el docente.

WhatsApp ocupa casi el 93% del mercado, mientras que Telegram el resto, en relación con el porcentaje de usuarios. Telegram ofrece la posibilidad de "eliminar los contenidos que los usuarios intercambian, mientras que en WhatsApp esta opción no existe", amplió Calicchio.

"Esta función contribuye a garantizar la seguridad que Telegram ofrece a sus usuarios, junto a su política de encriptación de mensajes", describió. Encriptación que luego -y algunos sostienen que por presión de esta competencia- WhatsApp también incluyó en una de sus últimas actualizaciones.
Fuente: Télam

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