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miércoles 23 de agosto de 2017

Una estupenda forma de meditación es correr

El estilo de vida actual requiere que cuidemos de nuestro cuerpo y nuestra mente por igual. De ahí la importancia del ejercicio físico por una parte y de la meditación por otra.

Entre todos los tipos de entrenamiento físico que hay, correr es uno de los más populares y también uno de los más saludables (siempre que la condición física personal lo permita y se haga con cabeza). Por otro lado y casi de forma paralela, en lo que se refiere al cuidado mental y emocional, la meditación está ganando cada vez más adeptos.

Ciertamente, correr tiene muchas ventajas. Correr es bueno para el corazón y también lo es para la mente. Así, no es extraño que la mente empiece a vagar cuando estás corriendo, independientemente de si los pensamientos están relacionados con el entrenamiento en sí o con algo muy diferente.

En este sentido, un buen entrenamiento se produce cuando la mente y el cuerpo adquieren el mismo ritmo, aunque trabajen en espacios diferentes.

La magia de la meditación

La meditación es una práctica que consiste en enfocar la atención con el fin de despejar la mente y reducir la ansiedad. Aprender a enfocar puede ayudarte a desconectarte de las preocupaciones que de forma insidiosa se cuelan en la corriente de tus pensamientos. En este sentido, correr puede ser una gran actividad para liberar la mente y cambiar los puntos de tensión de nuestro cuerpo, de manera que esa tensión/fuerza se trasforme en movimiento.

La meditación no solo calma, sino que también tiene otros beneficios para quienes la practican. Se ha demostrado que meditar ayuda a reducir el estrés y estimula la producción de hormonas que constituyen nuestro fuerte de resistencia frente a la depresión. La meditación, al estar relacionada con la atención, también puede ayudarnos a lidiar con el dolor e incluso ayudar a mejorar la arquitectura de nuestro cerebro reforzando las conexiones sinápticas que para nosotros son más importantes.

Hay muchas maneras de desarrollar una práctica de meditación y atención plena, y para ello no es necesario poner velas, quemar incienso ni sentarse en cojín especial de una manera específica. De hecho, cuando estás profundamente involucrado en cualquier actividad puedes adoptar una actitud meditativa. Correr es una de estas actividades porque cuando se hace bien nos permite fluir.

Los corredores suelen hablar de que correr es como un bálsamo, una forma de navegar a través de sus problemas, de escapar del pensamiento negativo o de superar demonios personales. Más allá de la necesidad de hacer ejercicio físico, incluso de superarse físicamente (cada vez más tiempo, cada vez más rápido) surge la necesidad de superarse emocionalmente. Si puedo con esto, puedo con todo.

Correr es un movimiento rítmico y natural que permite que la energía fluya por nuestro cuerpo y se trasforme en movimiento. Resulta que, cuando correr estimula la meditación, cuerpo y mente se vuelven más fuertes. En este sentido, un estudio de 2016 publicado en Translational Psychiatry encontró que la combinación de meditación dirigida con correr o caminar redujo los síntomas de la depresión en un 40 por ciento para los participantes que había recibido dicho diagnostico antes de comenzar el estudio.

La clave para todo esto es que correr facilita el enfoque de la atención, especialmente cuando llevamos un tiempo practicando la carrera a pie y nuestros movimientos se automatizan y el grado de sufrimiento se vuelve mucho más controlable. Es en este momento cuando pasamos de "tirar" del cuerpo a acompañar al cuerpo, dando lugar a una especie de hipnosis que nos reconforta por dentro.

Correr hace que nuestra corriente de pensamiento se ralentice. Nos da una nueva perspectiva, un nuevo ánimo.

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