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viernes 17 de junio de 2016

Si no me hace sentir bien, ¡que se vaya!

No hay norma de la salud más sencilla. Los amigos están para alegrar y aliviar. El resto es tóxico.

En ocasiones, después de haber pasado tiempo con un amigo, es probable que se haya sentido angustiado, triste o estresado sin saber por qué. Otras veces, esa sensación le habrá sobrevenido en su presencia y habrá comprendido que algo no va bien en la relación. Puede ser que se encuentre ante lo que se denomina últimamente como "persona tóxica". Para el psicólogo Alberto Soler este término no hace referencia a un arquetipo concreto, sino a un conjunto de rasgos personales que resultan nocivos para los acompañantes: "Entre estos perfiles, se encuentran personalidades narcisistas, abusadoras, egocéntricas o manipuladoras".

El desarrollo de la teoría se ha vuelto masivo y, en los últimos tiempos, resulta complicado obviar las cantidades ingentes de manuales relacionados con este mal moderno en cualquier librería. Sus autores advierten sobre los perjuicios que conlleva relacionarse con estos sujetos, y coinciden en que la única opción es cortar los vínculos que nos unen a ellos. Pero, ¿cómo hacerlo?

Según Isabel García, psicóloga y responsable de Positiva Apoyo Psicológico, el primer paso es identificar que nos encontramos en esta situación: "Debe hacerse las siguientes preguntas: ¿Se siente escuchado y comprendido? ¿Lo que usted recibe es equivalente a lo que aporta a la otra persona? Si no es así, probablemente se encuentre en medio de una relación nociva. Una vez tengamos esto claro, debemos poner límites y conseguir que quien nos hace sentir mal no cruce ni un milímetro de la línea marcada".

Si no me tratas bien, fuera

Sin embargo, si se trata de un compañero de trabajo, o existe algún tipo de dependencia emocional, es posible que nos resulte más difícil poner tierra de por medio. "Todo dependerá del nexo que tengamos con este individuo. Su importancia determinará la dificultad a la hora de realizar las maniobras de distanciamiento. Pero si no lo hacemos, puede acabar afectándonos a nivel anímico, generándonos ansiedad y preocupaciones", advierte Soler.

"Mantener la distancia de personas que nos hacen sentir mal es un buen modo de proteger nuestra salud emocional y física" (Alberto Soler, psicólogo)

García explica cómo dar este difícil paso: "Normalmente, las personas tóxicas buscan llamar la atención y establecer vínculos en los que poder manipularnos. La clave está en llevarlos al hastío: si no les permite ser los protagonistas, se aburrirán y le dejarán tranquilo. Básicamente, se trata de respetarnos a nosotros mismos: tenemos que ser capaces de poner límites y de confiar en cómo nos sentimos". Eso sí, si no conseguimos hacerlo solos, el siguiente paso será buscar ayuda profesional, un psicólogo puede servirnos de guía y apoyo en coyunturas difíciles y para identificar casos de abuso que no reconocemos pero que nos causan malestar. "Deberíamos relacionarnos con gente que nos trate bien, y mejor relegar a quien no lo haga al lugar que se merece", aconseja.

Hay algunas situaciones en las que la proximidad afectiva es menor y resultan más sencillas. En estos casos es suficiente con no seguir alimentando la relación. "Si dejamos de mantener una actitud activa podremos quebrar los lazos que nos unen e ir separándonos cada vez más. En otras ocasiones, bastará con hablar con la persona implicada para hacerle sabedor de nuestra decisión de distanciamiento", aconseja el experto.

Por cierto, si tras haber dado el paso de expulsar a ese sujeto de su vida, le asaltan momentos de debilidad, manténgase firme: es una tendencia que tenemos, por educación, a cuidar a los demás y ser comprensivos. "Pero cuando una relación no funciona, hay que mantener la distancia siempre, por su salud física y emocional", concluye Soler.

¿Y si soy yo la persona tóxica?

Antes de nada, es importante que estemos seguros de no ser nosotros mismos el elemento nocivo. ¿Cómo lo averiguamos? "Si pensamos continuamente que los demás nos quieren amargar la vida, que nadie nos comprende o que nos deben algo, probablemente estemos haciendo sentir mal a los demás. Este comportamiento puede deberse a graves problemas de apego, capacidad de comunicación y empatía", explica Isabel García.

"Debemos tener en cuenta el punto de vista de la otra persona. Si pensamos siempre que es culpable de cómo nos sentimos, o que a través de ella (y no de nosotros) podríamos llegar a ser más felices, entonces es que estamos enfocando este problema de manera errónea", concluye.

Fuente: El País
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