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jueves 01 de diciembre de 2016

¿Pastilla contra el Sida?

Un comprimido que contienen profilaxis de preexposición (PrEP) fue adoptada en Francia por el sistema público de salud y en Estados Unidos a través de aseguradoras privadas.

El preservativo es el único método que protege contra múltiples enfermedades de transmisión sexual (ETS). Sin embargo, existen otras estrategias como la toma de medicamentos para tratar el VIH, pero con el fin de prevenir contraerlo. Se trata de la profilaxis preexposición (PrEP), que fue adoptada en Francia por el sistema público de salud y en Estados Unidos a través de aseguradoras privadas, para poblaciones con comportamientos de alto riesgo, entre ellos hombres que tienen sexo con hombres que no usan condón de manera sistemática y mujeres trans. Aunque su toma diaria demostró una efectividad de más del 90% en estudios, preocupan otros aspectos, como su toxicidad a largo plazo, la medicalización de la salud y los costos para los gobiernos. Por eso un debate que se da en el mundo y que también llegó a nuestro país es: ¿debe el Estado incorporar la PrEP en sus programas?

Según explicó el infectólogo Pedro Cahn, la PrEP es una herramienta más dentro de un paquete de prevención combinada, porque la píldora no va a proteger contra sífils, gonorrea, hepatitis C, herpes y VPH, entre otras ETS, además de embarazos no deseados". De hecho, uno de los temas que preocupa es que su incorporación a los sistemas de sanitarios genere un relajo en el uso de preservativo. La idea, según expresa Cahn, es no es usar esta terapia en lugar de los condones, sino que sean estrategias de prevención combinadas.

"Esta terapia no es para todo el mundo, sino para personas con múltiples parejas sexuales que tienen relaciones sin preservativo. Además, tenemos que asumir que muchos individuos no usan condón siempre, o que por diversas razones no quieren, no pueden o tienen prejuicio. Esa población merece el sistema les ofrezca alternativas para cuidar su salud", agregó.

El debate del buen uso y el estricto control médico

La posible inclusión de la PrEP en los sistemas sanitarios es un debate que se da en todo el mundo y nuestro país no fue la excepción, con sus pros y sus contras. De hecho, fue uno de los temas centrales del Simposio de Sida y Hepatitis de Fundación Huésped, realizado a fines de septiembre. Si se incluyera: ¿se estaría medicalizando la salud cuando se dispone del preservativo?, ¿se debería pensar en una inversión costosa cuando se habían denunciado faltantes de condones en los hospitales por un retraso en la compra?, ¿se ignorarían los efectos secundarios de la toma de un medicamento en el largo plazo?, ¿se correría el riesgo de un mayor relajo en el uso del profiláctico?. Si no se incluyera: ¿no se relegaría a grupos vulnerables como las mujeres trans, si se toma en cuenta que una de cada tres en el país vive con el virus?, ¿no estaría afrontando el sistema de salud costos mayores por las nuevas infecciones y sus tratamientos?

El doctor Daniel Pryluka, quien participó en el debate dentro del simposio, enfatizó en la necesidad de no focalizar los esfuerzos preventivos solamente en medicamentos ya que esto genera complicaciones, como toxicidad. A su vez advirtió sobre la necesidad de adaptar los sistemas de atención así como garantizar cambios regulatorios para evitar un mal uso de la PrEP y sobre sus costos para el sistema sanitario. Por último instó a esforzarse más en prevención y provisión de preservativos.

Es que la PrEP es distinta al tratamiento para las personas que viven con VIH, aunque comparten una pastilla en común. En primer lugar, para la profilaxis preexposición se administra un compuesto que combina las drogas tenofovir y emtricitabina, mientras que para el tratamiento se le adiciona otra tercera droga que puede ser de diferentes familias. Además la diferencia radica en la duración: mientras que la terapia antirretroviral es de por vida, la PrEP es por un tiempo acotado, siempre y cuando la persona está en riesgo alto y constante de contraer VIH.

A su vez, debe administrarse bajo estricto control médico. En primer lugar hay que testear al paciente para comprobar que no viva con VIH, ya que "este no es un tratamiento completo y si se administra a personas con el virus se corre el riesgo de generar resistencia", indicó Cahn.

Además se deben considerar sus efectos colaterales. El doctor Raphael Landovitz, Profesor Asociado de Medicina en la División de Enfermedades Infecciosas en UCLA, EEUU, e invitado internacional al evento indicó que uno de los efectos adversos de la medicación es la irritación en los riñones, por lo que las guías internacionales sugieren evaluar la función renal entre los seis meses y un año, aunque la mayoría de los especialistas prefieren hacerlo cada tres. "Por otra parte están la pérdida de la densidad ósea y un síndrome de malestar estomacal, con náuseas, dolor de cabeza y constipación, que ocurre en el 20% de los usuarios, pero que suele desaparecer entre las dos y cuatro primeras semanas", indicó el profesional.

Fuente: DocSalud
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