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jueves 20 de abril de 2017

La hipertensión afecta a uno de cada cuatro mendocinos

Es uno de los factores del 80% de los casos de muerte por dolencias cardiovasculares y, además, es la principal causa de ACV (accidente cerebrovascular).

La hipertensión arterial, llamada también la enfermedad silenciosa, afecta a uno de cada 4 mendocinos. Es uno de los factores del 80% de los casos de muerte por dolencias cardiovasculares y, además, es la principal causa de ACV (accidente cerebrovascular).

Otro dato alarmante es que 4 de cada 10 argentinos no saben que son hipertensos, es decir que no conocen su presión arterial y, por lo tanto, no cuentan con ningún tratamiento.

Un reciente estudio realizado por la Sociedad Argentina de Cardiología y la Federación de Cardiología indica que el 36% de la población argentina padece hipertensión, sobre todo a partir de los 43 años.

"La falta de adhesión a lo farmacológico y a los hábitos saludables, por ejemplo, bajar el consumo de sal y hacer ejercicios es el gran problemas de esta enfermedad", explicó el doctor Gustavo Cerezo, jefe de Prevención del Instituto Cardiovascular Argentino, quien será uno de los disertantes del XXIV Congreso Argentino de Hipertensión Arterial, que se realiza en el hotel Intercontinental, desde este jueves hasta el sábado.

El especialista aconsejó realizar controles en niños a partir de los 5 años y tener en cuenta las primeras tomas de presión para, de esa manera, detectar posibles problemas futuros.

Cambios necesarios
La modificación de los hábitos de vida a largo plazo es más importante para disminuir el riesgo cardiovascular que las dietas con restricción de calorías o de sal como única medida.

Los cambios en el estilo de vida relacionados con el descenso de peso y la incorporación de actividad física tienen, según se ha demostrado en muchos estudios científicos, alrededor de 20 efectos beneficiosos comprobados, con la ventaja de que no tienen efectos adversos.

Bajo esta premisa, el congreso tiene como lema "Nutrición, actividad física y cambio de hábitos".

"Lo ideal es lograr una educación nutricional con criterio. Indagar sobre la actividad del paciente, de qué se ocupa y cuáles son sus horarios, para poder evaluar conjuntamente qué cambios beneficiosos posibles puede implementar en su alimentación. No es lo mismo un paciente que trabaja todo el día y tiene sus cuatro comidas fuera de casa, que quien tiene hábitos diferentes y puede prepararse su propia comida", opina Mario Groberman, quien presidirá un simposio sobre nutrición e hipertensión en el congreso del que participarán profesionales vinculados al tratamiento de la hipertensión arterial y el riesgo cardiovascular .

"¿En qué medida será necesario forzar esos márgenes para el cambio que son propios de cada paciente?", se pregunta el especialista. "Eso dependerá de su estado de salud y de los objetivos terapéuticos que proponga el médico. La persona que es obesa e hipertensa va a tener necesidades diferentes a las de una persona delgada y con presión normal".

"Lo importante –dijo– es que, junto con los datos clínicos y el control periódico de la presión arterial, médico y paciente tengan en claro la necesidad de poner la mayor cantidad de cartas sobre la mesa –incluyendo los hábitos, las preferencias, los gustos, el tiempo libre y los niveles de estrés cotidianos– para tener una visión integral de la forma en que la persona podrá lograr más exitosamente la meta, que incluye siempre un envejecimiento saludable y con mejor calidad de vida.

Enemigo silencioso
Así como se sabe que una persona que sufre un infarto o un ACV cerca de los 60 años es seguro que venía arrastrando un daño desde mucho antes –a causa de factores de riesgo como la hipertensión arterial, glucosa o colesterol elevados, sedentarismo, obesidad o tabaquismo–, con las capacidades cognitivas pasa lo mismo.

"El cerebro es uno de los grandes blancos de la hipertensión arterial" explica el doctor Fernando Filippini, presidente de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA).

"Es cierto que el peligro más conocido y temido es el ACV, que en el 85% de los casos se debe a la obstrucción de una arteria en el cerebro y en el resto, a una hemorragia. Y un ACV puede ser fatal o causar discapacidades severas de todo tipo. Pero también es cierto que la hipertensión no controlada va produciendo lesiones menores progresivas en arterias cerebrales de pequeño y mediano calibre que dan lugar, entre otras, a los llamados infartos lacunares, que afectan progresivamente diversas capacidades cognitivas", señaló el especialista.

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