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miércoles 11 de mayo de 2016

Guía contra los pensamientos tóxicos que pueden arruinar la pareja

A veces lo más simple es encerrarse y lo más difícil es abrirse y esforzarse por la superación.

En una relación de pareja puede haber pensamientos tóxicos, los cuales dificultan el entendimiento y la sana convivencia. Son ideas llenas de negatividad que se cuelan en la mente en los momentos menos esperados. Es esa voz interna que especula, enjuicia al otro y al final concluye que las cosas son tal como las pensamos, sin permitirnos siquiera analizarlas otra vez. Lo malo de esos pensamientos no es su contenido, sino que terminamos creyendo que son verdad y vemos todo lo que nos pasa de ese color.

Los siguientes son unos pasos que pueden servir para encarrilar la relación:

Escribir. Antes de conversar, especialmente sobre temas delicados, identifiquemos lo que nos agobia y escribámoslo. Esto nos ayudará a hacernos conscientes de nuestros pensamientos tóxicos —como creer que tenemos siempre la razón y el otro vive en el error— y determinar si eso es en verdad lo que queremos decirle y en esos términos.

Hacer silencio. Prestar atención a nuestra voz interior nos hace conscientes del "drama" que nos está contando. Las opiniones negativas y los prejuicios se volverán evidentes si reflexionamos en silencio y luego intentamos modificarlos. Ir al punto. Discutir y defendernos a toda costa nos aparta del propósito del diálogo. Es mejor ir al grano y concentrarnos en lo que realmente es importante para la relación.

Ser afectuosos. Cuando estamos frustrados, tendemos a ser fríos con la otra persona y a alejarnos de ella, pero con esa actitud es imposible restablecer el vínculo. Expresemos lo que queremos decirle, pero siempre con cariño y respeto. No esperemos que nuestra pareja lo haga primero; hagámoslo nosotros, y ella nos seguirá.

Estar alerta. Identificar qué actitudes o acciones del otro despiertan nuestros pensamientos tóxicos nos permite atajarlos antes de que contaminen lo que queremos decir.

Hablar de nosotros. Expresemos lo que sentimos y lo que necesitamos. No usemos ese tiempo para decirle al otro lo que debería hacer, sino para invitarlo a reflexionar juntos. No somos sus terapeutas, sino sus compañeros de vida.

Usar las emociones como guía. Los pensamientos tóxicos nos producen emociones tóxicas, y estas son más fáciles de identificar mientras conversamos. Cada vez que surja la ira o la frustración al hablar con nuestra pareja, detengámonos y llevemos el diálogo por el buen camino.
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