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sábado 05 de agosto de 2017

Estrés: cuando la autoexigencia es nuestro peor enemigo

El cuerpo responde con alteraciones del sueño, taquicardias, hiperventilación, sudoración excesiva o temblores.

El estrés anticipado genera tanta frustración y falta de confianza en uno mismo y en aquello a lo que nos enfrentamos que en un extremo puede llegar a incapacitarnos para hacer frente a las demandas del entorno.

Si la procrastinación es la tendencia indómita de aplazar tareas que nos producen pereza, en estos casos en los que nos pueden las prisas por tenerlo todo hecho se habla de precrastinación. "Si no se gestiona bien, esto también va a generar estrés, más bien una anticipación del estrés", explica Rocío Martín Serrano, psicóloga General Sanitaria. "Cuando se realiza dicha anticipación ya existe un estrés previo desadaptativo que impide un desarrollo funcional de la persona en las circunstancias en las que se desenvuelve".

Según la experta, cuando estamos en una situación así 2percibimos los estímulos como una amenaza a nuestros propios recursos personales". ¿Tenemos todo en contra? No: sobredimensionamos el hecho que nos preocupa hasta convertirlo en un gigante que nos produce tanto pavor que acaba por paralizarnos.
Aunque normalmente no le concedemos importancia a esta especie de comportamientos obsesivos lo cierto es que pueden generarnos consecuencias psicológicas relacionadas con el incremento de miedos e inseguridades, bajo estado de ánimo y conductas compulsivas. "Estas consecuencias a corto plazo pueden derivar además en síntomas fisiológicos", explica la psicóloga. 2Alteraciones del sueño, taquicardias, hiperventilación, sudoración excesiva o temblores" son los más comunes.

¿Por qué nos ocurre esto?

Tiene que ver con las expectativas que originamos. De hecho, la principal causa de la anticipación del estrés, según Martín-Serrano, es "que nos marcamos unos objetivos que en muchos casos están fuera de nuestro alcance". Así que nos percibimos –y a veces lo somos– incapaces de controlar las anticipaciones. Nos frustramos. Dejamos de dominar el curso de los hechos. Saber dosificar nuestros esfuerzos es fundamental para controlar el desgaste físico y también emocional.

"La propia autoexigencia es, en la mayoría de ocasiones, sinónimo de anticipación. Detrás de esta no-respuesta a las imposiciones a uno mismo existen sentimientos de frustración, culpa e incluso decepción. La auto-exigencia es buena hasta un punto, pero puede llegar a convertirse en nuestro peor enemigo si no la regulamos".

Cómo dejar de anticipar el estrés

El primer paso para superar esta ansiedad es reconocerla. "Solemos restarle importancia a este trastorno y sólo nos percatamos cuando aparecen síntomas fisiológicos que alertan de un mal funcionamiento psicológico". O sea, que el cuerpo nos previene de que en nuestra cabeza algo no está funcionando como debería. Escúchale, aunque sea tarde.

Cuando ya hemos "cacheado" a nuestro cerebro y encontrado el obstáculo debemos detenernos a analizar la situación. La incertidumbre juega en contra. Martín-Serrano aconseja que si para ello hay que ayudarse de lápiz y papel y hacer una lista con las anticipaciones que nos están generando malestar, hagámoslo.

La tercera y última fase es quizá la más difícil: enfrentar el miedo que nos produce la situación. "Es la única forma de tomar el control y ver con claridad de qué manera podemos afrontarlo". "Es importante transformar la actitud catastrofista en una más objetiva que nos libre del malestar y nos permita flexibilizar la adaptación. Entonces podremos resolverla con éxito", dice la psicóloga.


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